Cuarto dia – DIOS NO ESTÁ ENOJADO CON USTED

La segunda llave espiritual de oración que prevalece es la revelación de que Dios nos ama y Él no está enojado con nosotros. Cuando confiamos en el amor de Dios, es cuando tenemos los cielos abiertos para nuestras oraciones.

En el día de su bautismo en el Río Jordán, el Señor Jesús escuchó de Dios Padre dos declaraciones: “este es mi hijo amado en el que tengo mucho placer!” (Mt. 3:17). Esa declaración fue registrada en el evangelio por causa de nosotros. Nosotros somos amados por el padre de la misma manera que el Señor Jesús. Usted es hijo de Dios regenerado por el Espíritu Santo así como el Señor Jesús. Él es el Primogénito, más nosotros somos sus hijos también. El Señor Jesús oró para que tuviésemos revelación que somos amados por el Padre del mismo modo que él es amado.

yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amados a ellos como también a mí me has amado” 17:23

Nosotros fuimos aceptados por el amado. Dios padre está feliz y satisfecho con usted porque usted está en Cristo. USTED FUE ESCOGIDO POR DIOS antes de la fundación del mundo. Todos los días cuando me levanto por la mañana gustoso de declarar orando para los cielos que El me ama. Yo soy amado de Dios. Cada día Dios tiene preparadas cosas maravillosas para mí. 

Cuando usted sabe que es amado por Dios, no importa lo que el diablo puede decir, usted siempre irá a prevalecer sobre El. Pero si entra alguna duda sobre eso, no tendremos osadía y ninguna firmeza en nuestra fe.

Sé que pocos se atreven a aceptar que eventualmente se sienten como si Dios no los amase, pero la verdad es que muchos de los hijos de Dios viven de esta manera.

Los niños que no se sienten amados se entregan a todo tipo de pecado, drogas y destrucción, pero el niño que se siente profundamente amado consigue superar todas estas tentaciones. La misma verdad se aplica a los hijos de Dios, cuando más sabemos que somos amados, más queremos agradar al Padre.

Después de que el Señor Jesús oyó al Padre decir que él era su hijo amado, él fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo. La primera cosa que el diablo le dijo fue: “SI TU ERES EL HIJO DE DIOS… le dijo algo así… “Parece que oí decir que tú eres el hijo de Dios, aunque no te pareces nada, al contrario pareces un hijo común”

Observe que toda tentación del enemigo es colocar duda sobre aquello que Dios dice.

Después de eso dijo: “si sos el Hijo de Dios dile a esas piedras que se conviertan en pan”. No existe nada de malo en transformar las piedras en panes, el problema es cuando hacemos algo para tener una prueba de la palabra de Dios.

El Señor respondió: “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.” Que quiso decir el Señor Jesús con eso? Cuando el Señor mencionó la palabra que sale de la boca de Dios, se estaba refiriendo al rhema de Dios, su palabra viva e inmediata. ¿Qué palabra fue esa? “¡Este es mi hijo amado en quien tengo todo mi placer!” Esta es la palabra que el Padre había dicho. Esa es la palabra que también debería ser nuestra comida hoy.

Dios te ve en Cristo. Has sido vestido con Cristo. Si volvemos a la biblia, en el Edén, Dios hizo una prenda para el hombre después de que pecó. Creo que era un atuendo de lana de cordero. Cuando Dios nos mira, ve a Cristo. Él nos ama como ama a Cristo. No es posible ser más amado por Dios de lo que eres amado.

« para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,…” Ef 1.6.

Dios no esta enojado con usted

La ira de Dios está reservada para sus enemigos, y no para sus Hijos! Nosotros somos su familia “amada”.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira...” Rom 5:9.

Cuando yo era adolescente me convencieron que Dios estaba enojado conmigo cada vez que yo pecaba.

Así que me encerraba en mi habitación cada vez que pecaba porque estaba seguro de que si salía de casa un rayo de Dios me destruiría y no quería que inocentes murieran conmigo. Mi conocimiento de Dios era muy pequeño, pero lo peor era que me sentía constantemente en falta.

No conseguía confiar en la bondad de Dios. Pensaba que no debía orar mucho, pues si oraba mucho el me llamaría para el ministerio y luego me enviaría a una aldea indígena en el interior del Amazonas, y no quería eso. Incluso pensé que si oraba mucho, él podría enviarme a casarme con una chica que no me gustaría solo para quebrantarme y formarme.

No consigo entender como llegue a eso. Un pastor amigo mío me confidenció que él no se permitía ser muy feliz porque si el lograse ser muy feliz eso sería soberbia y Dios luego vendría a tratar con Él. Cuanta estupidez!

Tenga cuidado con las enseñanzas al respecto de Dios. En el pasado hemos escuchado que cuando más conocimiento de Dios más severo será nuestro castigo si pecamos. La conclusión inmediata es que no vale la pena conocer a Dios, es mejor ser ignorante y no recibir un castigo mayor.

También oímos decir que cuando más intimidad tenga alguno con Dios, más pruebas y tribulaciones va a pasar. No necesitamos decir hasta qué punto esa enseñanza aleja a las personas de tener intimidad con Dios

Necesitamos entender que la intimidad con Dios es la mayor gloria en esta tierra y cuando mas cerca estamos de El mas bendecidos seremos y no lo contrario.

ES CLARO QUE AQUEL QUE TIENE MAYOR LUZ TENDRÁ MAYOR RESPONSABILIDAD, del mismo modo como un adulto debe tener mayor responsabilidad que la de un niño, pero no debemos pensar que es mejor ser un niño toda la vida.

El Señor dice que si conocemos la verdad, la verdad nos hará libres. El Señor mismo es la verdad, y cuanto más lo conocemos, más libres estamos del pecado y de todos los lazos del maligno.

El pensamiento de que Dios a veces está enojado y a veces feliz contigo de acuerdo con tu desempeño te hará un creyente enfermo. Todos estos conceptos erróneos se apoderan de nuestras mentes debido a la enseñanza de que Dios está enojado o enojado con su pueblo. Pero eso no es cierto.

En una ocasión, el Señor fue a predicar en una ciudad, pero los habitantes no lo aceptaron. Enojado con la incredulidad de esa gente, Santiago y Juan le preguntaron a Jesús si quería que enviaran fuego del cielo para destruirlos. La respuesta del Señor debe ser una revelación para nosotros.

Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;  porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. Lc. 9:54-56

El Espíritu de Jesús es el espíritu de la nueva alianza, es el espíritu de la Gracia. El Señor quiere que usted tenga la certeza hoy que El no vino para destruirlo ni mucho menos condenarlo. El diablo es el que vino para robar, matar y destruir, mas el Señor vino para que tengamos vida, y vida en abundancia.

Me gusta recordar lo que el ángel le dijo a Lot cuando estaba a punto de destruir a Sodoma y Gomorra: “Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar.” (Gn. 19:22).

Verá, el ángel tuvo que esperar a que Lot se fuera, mientras no se fuera, no podía hacer nada. La presencia de Lot impidió que el juicio viniera sobre Sodoma y Gomorra. Solo llovió azufre sobre la ciudad después de que Lot entró en otra ciudad y se refugió allí.

¿Eso no llena tu corazón de alegría? La ira de Dios vendrá sobre este mundo, pero no sobre aquellos que son justos, justificados por la sangre de Jesús. Somos los que evitamos que el juicio de Dios venga sobre este mundo.

Dios es por nosotros

Todos pasamos por situaciones adversas en este mundo. Esto es parte de nuestra condición humana en este mundo caído. Sé que hay muchas situaciones que no podemos explicar adecuadamente. No tenemos todas las respuestas, pero podemos estar seguros de que muchas cosas que experimentamos no son obra de Dios para nosotros, ni son disciplinas por nuestros pecados.

Cuando creemos que Dios es por nosotros y no contra nosotros, podemos estar seguros de que escuchará nuestras oraciones.

Dios tiene pensamientos de bien a nuestro respecto. Cuando pasamos por el valle de aflicción necesitamos tener la convicción de que Dios es por nosotros.

El lucha a nuestro favor, tus pecados ya fueron resueltos en la Cruz del calvario. DIOS ESTÁ DE SU LADO.

Esta debería ser nuestra posición cuando nos acercamos a Dios para orar. No obtendrá nada del Señor a menos que crea que ya no está bajo su ira. Esta es la base de nuestra oración, el hecho de que nos amó hasta el punto de convertirnos en sus hijos.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 1 Juan 3:1

Venza toda acusación

Estoy convencido de que el mayor problema que enfrentamos en nuestras oraciones es el enjuiciamiento o acusación. Cuando nos arrodillamos para orar bajo acusación y condenación, no tenemos fe en que obtendremos del Señor lo que buscamos.

Todo aquel que se dispone a ser instrumento útil en las manos del Señor, invariablemente va a orar.

Pero muchos se resisten a la idea de orar y buscar a Dios por un milagro en particular. Se sienten incapaces y descalificados y asumen que este sentimiento es una señal de Dios de que no han recibido el don de la oración. Pero este es un gran error. Este sentimiento de descalificación no es de Dios.

Apocalipsis 12:11 dice:

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Todos estos sentimientos que nos bloquean y nos paralizan son ataques del maligno. El texto de Apocalipsis nos dice que hemos vencido al maligno debido a tres cosas:

Por causa de la Sangre del Cordero

Por causa de la palabra de testimonio

Porque, incluso frente a la muerte, no amamos mas a nuestra propia vida.

Primero, ganaron por la sangre del Cordero. Toda nuestra victoria en el mundo espiritual se basa en la sangre del Cordero. La sangre no es solo para perdón y salvación, sino que es la base sobre la cual vencemos a satanás.

Satanás es tentador, asesino y mentiroso, pero su mayor actividad contra los cristianos es la acusación. Satanás nos acusa día y noche no solo ante Dios, sino también en nuestra conciencia.

El objetivo de la acusación es hacernos débiles y completamente impotentes. El Nos acusa hasta el punto de que nos consideramos inútiles y, por lo tanto, perdemos el terreno para prevalecer contra él en la oración.

No digo que no debamos ser sensibles al pecado, lo que digo es que no debemos aceptar las acusaciones del maligno.

¿Cómo está la persona bajo condenación y acusación? Todo el tiempo siente que está equivocado. Cuando se arrodilla para orar, piensa que está equivocado y que Dios no escuchará sus oraciones. Todo el tiempo reflexiona sobre lo malo e indigno que es. Vive consumido por el sentimiento de incapacidad. No hay un momento en que no recuerdes tu indignidad.

Todo esto es la acusación de Satanás. Quien está en esta situación es impotente ante el maligno. Nadie que acepte acusaciones puede permanecer en la posición de vencedor. Nadie puede tener una vida de oración en esta situación. Si queremos orar y obtener una respuesta, debemos acercarnos a Dios libres de toda acusación.

El diablo busca disfrazar la acusación con el sentimiento de humildad cristiana y muchos viven impotentes bajo la acusación.

Bajarse y decir lo miserable que eres no es humildad sino un espíritu de condena. La humildad es reconocer que nuestra justicia viene del Señor. Es saber que en nosotros no hay mérito, pero nos acercamos a Dios confiando en la sangre de Jesús.

Es cierto que a menudo pecamos. Pero a pesar de que hemos pecado, no podemos aceptar las acusaciones del maligno, porque la sangre ya nos ha limpiado. Si ya confesamos, debemos olvidar y estar en paz.

El que vive en pecado es inútil para Dios, pero el que vive bajo acusación tampoco disfruta lo mejor de Dios. Si les preguntamos qué pecado han cometido, no pueden decirlo, pero insisten en que se sienten mal. Ninguno puede tener fe debajo de acusación.

Pero tenemos un arma para vencer las acusaciones de Satanás: la sangre de Jesús. El ya fue vencido por causa de la sangre del Cordero. La sangre es la base de nuestra victoria. Pero eso no significa que tenemos que derramar la sangre sobre satanás como algunos lo hacen místicamente. Sino que significa que cuando el enemigo nos viene a acusar precisamos declarar que sobre nosotros no hay culpa de condenación por causa de la sangre de Jesús.

Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 1 Juan 1:7

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

No hay pecado tan grande y tan sucio que la sangre no pueda limpiar y perdonar. Cuando el enemigo nos acusa, solo necesitamos ponernos bajo la acción de la sangre del Cordero.

Usted Debe rechazar las acusaciones infundadas y las que tienen una causa. Si cometiste un error, solo necesitas la sangre de Jesús y no acusaciones.

Algunos suponen que si se preguntan cuán pecaminosos son, serán más santos. Esto no es más que carne e incredulidad disfrazadas de celo y humildad.

Juan dice que la sangre nos limpia de todo pecado. No importa cuán grande o cuántas veces lo hice. No importa si se recuerda o se olvida el pecado. No importa si es un pecado que creemos que no puede ser perdonado. Juan dice que la sangre nos lava de «todo» pecado.

No creas las acusaciones más de lo que crees en la sangre. Cuando pecamos deshonramos a Dios, pero cuando aceptamos acusaciones deshonramos mucho más. Es vergonzoso pecar, pero no creer en la sangre es aún más vergonzoso.

La preciosa sangre de Jesús es la base de nuestra oración. Si no conocemos el valor de la sangre, no podemos orar porque no tendremos fe en que seremos escuchados.

No podemos vencer si estamos llenos de culpa.

Cuando aceptas las acusaciones de satanás estas negando el poder de la Sangre del Cordero.

Nosotros no vencemos por causa de nuestro propio mérito y ni porque tenemos muchas experiencias; sino que usted se convirtió en vencedor por causa de la sangre de Cristo. Una vez que usted acepta la sangre de Cristo en su vida, el poder de satanás queda anulado.

El segundo punto importante en Apocalipsis 12:11 es que nosotros vencemos al maligno por causa del testimonio. El significado del testimonio aquí es dar testimonio a los demás y no a ti mismo. Cuando tenemos la base de la sangre, podemos testificar valientemente ante Dios y ante los hombres. Testificar es decirles a los demás lo que hay en Cristo. Es proclamar en voz alta la victoria de Cristo.

Satanás teme cuando confesamos la verdad de la palabra en voz bien alta. Confiese Valientemente que está amarrado a Cristo y que Cristo es Señor y Rey para siempre. Confiese la victoria de la Cruz.

Confiesa que Cristo vino y destruyó las obras de Satanás. No intentes argumentar solo confiesa proclamando la verdad de la palabra de Dios. Habla para que el infierno escuche.

Antes de orar, debes aprender a confesar la palabra de Dios. En Marcos 11:23 el Señor dijo:

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

El Señor nos dice aquí que si una persona ora, esto acontecerá, pero él dice que si lo decimos acontecerá.

Solo cuando hablamos por fe se puede cumplir algo. Y podemos tener fe solo si rechazamos toda acusación del diablo.

Tu fuerza para orar depende de la certeza de que el Señor no está enojado contigo, que ya no estás bajo condenación. El Señor nos dio la sangre para vencer a Satanás, pero también nos dio la Palabra de testimonio a través de la cual manifestamos la victoria del Señor.

Finalmente vencemos al acusador cuando, ante la muerte, no amamos la vida misma. No amar la vida es no valorar la capacidad o la fuerza de uno. Es NO confiar en ti mismo.

Es darse cuenta de que somos frágiles e impotentes en nosotros mismos. No es confiar en nuestra justicia propia. Cuando dependemos completamente de la justicia de Cristo que nos es dada libremente, rechazamos todo esfuerzo nuestro para tratar de agradar a Dios.

La base de nuestra victoria es la sangre de Jesús y la Palabra de nuestro testimonio. Y la actitud que debemos tener al usar estas dos armas es confiar completamente en el poder de Dios y no en nosotros mismos.

Tercer día – Dios solo escucha a los justos

Una vez que entendemos que la oración es la forma en que crecemos en nuestro conocimiento del Señor, podemos avanzar y comprender qué claves espirituales están desbloqueando la gloria de la oración respondida. La primera clave fundamental es entender que fuimos justificados en Cristo Jesús. 

¿Cómo podemos estar seguros de que nuestras oraciones siempre serán escuchadas y respondidas por Dios? 

Es posible que ya haya escuchado que Dios solo escucha las oraciones de los justos. Las personas siempre está buscando a alguien que esté más cerca de Dios para que ore por ellos. Y las personas creen intuitivamente que no están completamente correctas. Pero lo que no saben es que en Cristo somos declarados justos y, debido a la sangre de Jesús, estamos lo más cerca posible del Padre.

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” Romanos 10:4

Si las mentiras del diablo te convencen de que no eres lo suficientemente bueno para recibir una respuesta de Dios a tu oración, o de que no mereces una respuesta, él ya te ha derrotado. Si nos presentamos ante Dios con este sentimiento de condena y acusación, nunca podremos tener fe para presentar nuestra petición ante Dios. Entonces no podemos orar adecuadamente si no entendemos que hemos sido justificados por la obra del Señor Jesús en la Cruz.

 

¿Qué es la justificación?

En Romanos 3:24, Pablo dice que fuimos «justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús». Esto significa que usted fue declarado justo por causa del sacrificio de Jesús en la cruz.

La Palabra de Dios dice que todo hombre es pecador, pero la humanidad no lo sabía. Entonces Dios envió su plomada a la tierra. La plomada de Dios es la ley. Por ley, aprendemos que estamos fuera del estándar de justicia de Dios.

Pero no era la intención de Dios justificar al hombre por ley, sino que por ley solo viene el pleno conocimiento del pecado. Y es Así que vino Cristo Jesús, murió y resucitó para ser nuestra justicia.

De esta manera podemos comprender la justificación: la justificación es el acto de Dios de aprobar a las personas de acuerdo con su estándar de justicia. Aunque pensamos que somos justos, nuestra justicia no es nada cuando se coloca en la línea de la justicia de Dios. Dios mismo es el estándar.

Como Dios es el estándar, su demanda de justicia es absurdamente alta. Por lo tanto, ningún hombre podría justificarse ante Dios, el estándar es inalcanzablemente alto. Necesitamos justificación por fe y no por obras de la ley.

Muchos dicen que la justificación se puede definir en términos de «como si nunca hubieras pecado». Esta definición, sin embargo, es incompleta. Si nunca hubiéramos pecado, nos haría neutrales, pero no justos. Ser justificado significa que Dios tomó mis pecados y los colocó en Cristo y tomó la justicia de Cristo y me la colocó a mí.

Dios tomó la ley y la sustituyó por la fe. Creer es la única ley que Dios exige del hombre pecador. Si un hombre cree en Cristo, esta fe le es imputada por justicia. No es que el hombre pueda creer por sí mismo, su fe es solo un eco de la voz de Cristo que lo llama. Cristo es el autor de mi fe y mi propia justicia.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 2 CORINTIOS 5:21

En Cristo Jesús fuimos hechos justicia de Dios. Usted No solo fue perdonado, sino que fue declarado justo. Ser justificado es mucho más que ser perdonado. Ser perdonado significa que el pecador puede ser liberado de tener que pagar la pena que se merece. Pero ser justificado significa que puedo entrar en comunión con Dios porque soy justo, nunca he cometido pecado.

El perdón es negativo, es la cancelación de una deuda, mientras que la justificación es positiva, es recibir un nuevo estatus de justo ante Dios. Este es el caso de un asesino. Un asesino perdonado sigue siendo un asesino, aun siendo un asesino perdonado. Pero si de una manera milagrosa pudiera nacer de nuevo, podría ser declarado justo en su nueva vida. Esto es justificación. Cuando Cristo murió, yo morí con él y cuando resucitó, renací a una nueva vida. Todo esto se torna realidad en el momento en que confieso a Jesús como mi salvador.

El fundamento del evangelio es que la salvación comienza y termina con Dios. En la salvación no hay lugar para obra humana alguna. Solo la gracia de Dios es la fuente de nuestra salvación.

La justificación es solo por fe. Hoy somos declarados justos cuando creemos en la redención de Cristo, en su obra consumada en la cruz.

 

Debes orar como justo

Cuando eres perdonado de tus pecados, tienes tanto derecho a recibir una respuesta a la oración como lo hizo Jesús. ¿usted Cree que si muriera hoy entraría al cielo? Por la misma razón que te garantiza entrar al cielo, también te garantiza que el cielo puede venir a ti.

La justicia que recibiste es la misma justicia de Cristo. Esto significa que cuando usted llega delante de Dios, él no puede rechazarte porque tienes la justicia de Cristo.

Santiago 5:16 dice que « La oración eficaz del justo puede mucho«. Sin embargo, siempre pensamos que los justos son aquellos que poseen un comportamiento más santo que los demás, y por causa de eso están más cerca de Dios. Pero ese no es el concepto de justicia en el Nuevo Pacto. Justo es el que tiene todos sus pecados perdonados por la sangre de Jesús y recibió la justicia de Cristo por la fe; es una nueva criatura y esta nueva criatura no tiene pasado. Es justo.

Usted No puedes ser justo por su esfuerzo. Nunca podrá ser justo por sus buenas obras. La justicia es un regalo, un DON de Dios.

 

El don de la justicia

Nuestra justicia es un regalo de Dios. Fuiste hecho tan justo como Jesús, no por tu comportamiento, sino por la fe en él y su obra terminada en la cruz.

Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17

Pero la verdad es que el diablo te recuerda constantemente lo pecaminoso que eres. Usted Debe rechazar toda acusación maligna.  No hay nada que tú puedas hacer para que Dios te ame más, y no hay nada que puedas hacer para que Dios te ame menos.

Su derecho a ser justo fue comprado por la sangre de Jesús. Pero muchos creyentes aún viven bajo condenación y acusación. Nunca podremos tener una vida de oración prevaleciente bajo el sentimiento de culpa. Simplemente no tenemos fe cuando estamos bajo condenación.

La razón por la que muchos creyentes viven una vida de derrota es porque creen en la mentira de satanás de que Dios está enojado con ellos. Siempre sienten esa sensación que no han hecho lo suficiente y que siempre fallas a Dios. Debido a esto, viven una vida cristiana dividida y enfermiza. En un momento predican que Dios sana, pero en otro declaran que Dios les ha enviado una enfermedad para enseñarles una lección. Un momento Dios los hace prosperar y al siguiente les da pobreza para aprender humildad. Un momento perdona sus pecados, pero luego se siente condenado e indigno por todos ellos. La verdad es que a veces creen que Él los ama, pero a menudo se sienten que Dios está enojado con ellos. ¿Cómo podemos orar si siempre asumimos que Dios está insatisfecho y enojado con nosotros? Siempre tenemos la sensación de que está enojado debido a nuestra inconstancia. Simplemente no puedes orar y ver los milagros de Dios con pensamientos divididos sobre el Señor.

Necesitamos saber que Debido a la obra consumada de Jesús, la ira de Dios ya no puede estar sobre nosotros. Toda la ira de Dios sobre el pecado cayó sobre el Señor Jesús en la cruz. Si toda la ira ya ha caído sobre Jesús, entonces Él no puede estar enojado con nosotros. Ya no estamos más debajo de la vieja alianza donde Dios a veces estaba feliz contigo y a veces enojado. Hoy Dios tiene total placer en vos por causa de Jesús.

Sé que, en la intención de ser celoso de Dios, usted está siempre mirándose a si mismo buscando alguna cosa errada. 

Debemos saber que Existe un gran peligro en la introspección. Analizarse y buscar en si mismo en todo el tiempo para ver si algo está mal te llevará al abismo. Puede parecer celo y santidad, pero en realidad es la carne tratando de justificarse ante Dios sin depender de la sangre de Jesús.

Reconozca que usted ya has sido justificado. Hoy somos justos por por causa de la obra consumada en la cruz. No necesitamos analizarnos a nosotros mismos porque esta es la función del Espíritu. Si hay algo malo en usted, el Espíritu traerá luz y podrá arrepentirse y cambiar su conducta. Ya hemos sido perdonados de todo pecado e iniquidad.

Muchos confunden la introspección como el convencimiento del Espíritu con respecto al pecado. Hoy ya no necesitamos ser convencidos del pecado, porque ya hemos sido convencidos del pecado cuando nos convertimos. Hoy la obra del Espíritu Santo es convencernos de la justicia ( Juan 16: 8). Usted Necesita recibir la revelación de que ya es justo en Cristo Jesús. Arrodíllate ahora y ore pidiendo luz sobre esta verdad. Sin este conocimiento, tu vida de oración siempre estará bloqueada.

El problema es que muchos viven bajo la acusación y condena del diablo, pero piensan que es la convicción del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu obra, nos convence de que incluso cuando fallamos, somos justicia de Dios en Cristo. Él Nos convence de que ya hemos sido perdonados.

El pensamiento de que Dios a veces está enojado y a veces feliz contigo de acuerdo con tu desempeño te hará un creyente enfermo. Este pensamiento no es bíblico. Ya eres justo por causa de Cristo Jesús. Cuando más revelación tenga de la gracia y el perdón de Dios, más audaz será para orar y pedirle al Padre grandes cosas.

Pero el diablo ha metido acusaciones en las cabezas de los creyentes para que ellos se sientan condenados y culpables todo el tiempo. El diablo es el maestro del legalismo que trata de recordarte todo el tiempo lo indigno que eres. Es el acusador de los hermanos. Seguramente has tenido pensamientos de este tipo:

«¿Cómo puedes llamarte a ti mismo cristiano con lo que haces o eres?»

«Eres un hipócrita!»

¡Deja de orar! ¡Dios nunca escuchará tu oración!

Mira tu vida. ¿Todavía te atreves a liderar en la iglesia?

Mi hermano, eso es toda una mentira del diablo. Él está usando la ley para acusarlo a usted y hacerle saber de toda su inferioridad. Pero la verdad es que usted estás en Cristo y debido a su sangre ya no hay condenación sobre ti. A través del sacrificio de Jesús fuiste hecho justo sin que tus buenas obras contacen para eso. Usted fue hecho justicia de Dios en Cristo Jesús. ¡Vamos! ¡Levanta la cabeza! Has sido llamado a reinar en vida. Audazmente repita esta verdad: “¡Soy la justicia de Dios por medio de Cristo Jesús! ¡Estoy destinado a reinar en la vida! Hoy recibo la abundancia de gracia y el don de la justicia, y determino que reinaré sobre las circunstancias de mi vida.

 

La respuesta es por gracia.

Dios solo puede responder tu oración por causa de su gracia. El Nunca te escuchará porque te lo mereces. Si esperas merecer algo y recién ahí pedirle a Dios, morirás sin recibir nada del Señor, por la sencilla razón de que ningún hombre es lo suficiente justo como para merecer la bendición de Dios.

Dios te bendice no porque eres bueno, sino porque Él es bueno. La gracia se basa en la bondad de Dios hacia nosotros y no en nuestro propio desempeño. La gracia es el favor inmerecido de Dios. Ella no es un premio por lo fiel que eres. Si la gracia fuera un premio, sería un favor merecido.

Esto, de hecho, es la gran diferencia entre el antiguo y el nuevo pacto. El antiguo pacto se basa en la ley. La ley es favor merecido: cuando obedeces perfectamente los mandamientos, entonces eres bendecido. Pero la gracia es un favor inmerecido: el Señor Jesús obedeció perfectamente, por lo que eres bendecido cuando crees en él. 

En Deuteronomio 28, el Señor dijo: “Si escuchas atentamente la voz de Jehová tu Dios, teniendo cuidado de guardar todos los mandamientos que yo te mando hoy … si obedeces la voz del Señor tu Dios, todas estas bendiciones te alcanzarán ”( Deut . 28: 1-2). Vean bien, que solamente serían bendecidos y tendrían el favor de Dios si obedecían primero. Es decir El favor era merecido. Si obedecían, tendrían el favor. Este era el estándar del Antiguo Pacto.

Pero en el Nuevo Pacto, el patrón es la gracia de Dios, el favor inmerecido.

Para quienes trabajan el salario es un favor merecido. Pero para aquellos que no han trabajado y que aún se les paga, esto es gracia, un favor que no merece.

Ahora, para quién trabaja, el salario no se considera como un favor, sino como una deuda. Pero al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al impío (Jesucristo), su fe se le atribuye como justicia. Rm . 4: 4-5

Nosotros Seriamos los que vinieron a recibir sin trabajar. Cristo Jesús trabajó, hizo todo el trabajo y nosotros vinimos y participamos en su salario. Esta es la base de nuestra oración. Sólo podemos orar por la gracia de Dios y la justicia de Cristo que se nos fue atribuida.

¿usted bajo qué pacto está? ¿El antiguo pacto del favor merecido o el nuevo pacto del favor inmerecido? ¿Un favor merecido o inmerecido? Si crees que tu bendición depende del cumplimiento de las condiciones de la ley, entonces todavía estás bajo el antiguo pacto y las buenas nuevas del evangelio aún no te han llegado.

Cada vez que hablo sobre el perdón de los pecados, la gente dice que es un mensaje muy simple. Pero esto es un error porque si las personas creyeran que es simple entendieran que sus pecados han sido perdonados y, por lo tanto, ya no necesitan vivir bajo la culpa y la condenación.

Mientras más revelación tenga de la obra consumada de Jesús, más fe recibirá para orar cada día. Solo tiene fe para orar aquel que sabe que su oración no puede ser rechazada. Nosotros Sabemos que somos aceptados por Dios porque hemos sido justificados por la fe en su maravillosa gracia.

No intente orar en su propia justicia. El esfuerzo propio te robará la bendición de reinar en vida a través de la gracia de Dios. El milagro más grande que recibimos fue el perdón de los pecados. Si nos ha dado este milagro por gracia, entonces podemos estar seguros de que por su gracia también nos dará todos los milagros menores, como la sanidad, la prosperidad, los matrimonios restaurados y más.

 

Segundo día – Usted Necesita Orar

La oración es una disciplina espiritual. Cuando hablamos de disciplina espiritual, corremos el riesgo de ser mal interpretados. Antes que nada, necesitamos decir que la disciplina espiritual de la oración no es una ley, ni es una especie de legalismo místico. La oración es, de hecho, un gran privilegio espiritual. Es la oportunidad dada por la gracia de Dios para sumergirnos en su santa presencia. Es poder comer del maná escondido del destructor y disfrutar del río que fluye del trono de Dios.   

Somos exhortados a orar sin cesar, pero si no tenemos éxito en la oración con respecto a nuestro pedido, no se quede pensando que Dios está enojado con usted ahora. Debes saber que tu NO añades nada a Dios cuando oras, pero ciertamente pierdes mucho cuando dejas de orar. No convierta la oración en otra carga que necesita llevar. Véalo como el más sabroso privilegio del universo.

Muchos creyentes viven angustiados porque piensan erróneamente que precisan hacer buenas obras para agradar a Dios y para aplacar su ira para cuando no hacen lo que deberían hacer. Pero la verdad es que no necesitamos hacer cosa alguna para agradar a Dios. Él ya está feliz con nosotros. Agradamos al Señor no por lo que hacemos por Él, sino por lo que Jesús ya hizo en la cruz por nosotros. Fuimos reconciliados con el Padre, ahora Él nos mira con ojos de amor. 

 

La oración produce la Unción

La oración es uno de los fundamentos de la vida cristiana, pues sin oración no hay crecimiento espiritual. El crecimiento espiritual se manifiesta de muchas formas, pero las más importantes son la fe y la unción. Para crecer en la fe, el creyente necesita sumergirse en la Palabra de Dios, porque la fe viene al escuchar la palabra de verdad. 

En Segundo lugar, el creyente necesita crecer en la unción. Es la unción del Espíritu que nos capacita y nos da poder para hacer la voluntad de Dios. La unción fluye a través de la fe, pero crece a través de la oración. 

Es la unción que hace que todas las cosas sucedan en nuestras vidas. Necesitamos tener unción para hacer todo para Dios. 

Si todo lo que tenemos en la iglesia es solo una buena organización, entonces no tenemos nada diferente de lo que el mundo también tiene. Si todo lo que tenemos es solo ingenio humano, entonces no hay valor espiritual en nuestra obra.

Una vez un niño le preguntó a un hombre de Dios: 

– ¿Qué es la unción? 

El hombre de Dios llamó la atención del niño hacia un buey que estaba pastando y preguntó: 

«¿Ves ese buey pastando?» 

– si 

– bueno Eso no es unción. 

Luego miró a un pájaro, que cantaba alegremente en la rama de un árbol y dijo: 

«¿Escuchas el canto de ese pajarito?» 

– si 

– Eso tampoco es la unción. 

El niño entonces insistió con el anciano: 

– Dime entonces; ¿Qué es la unción? 

Después de una breve pausa, el hombre se volvió hacia el niño y concluyó diciendo: 

Cuando ves un buey en la rama de un árbol, cantando como un pájaro, eso es unción. 

La unción es lo que no es natural. 

Si todo lo que tenemos es un buey pastando y un pájaro cantando en el techo, entonces no tenemos nada que el mundo no tenga. ¡La diferencia entre nosotros, la Iglesia, y el mundo es el buey cantando en el techo, hermanos!

La unción es para la iglesia como el combustible para el automóvil. Puede ser un automóvil nuevo, importado y muy bien equipado, pero si el tanque está vacío, no irá a ninguna parte. 

El creyente es como este auto. Puede estar limpio, lavado por la sangre de Jesús, con todo en su debido lugar, pero si no tienes la unción, no cumplirás el propósito de Dios. Pero si está lleno de unción, entonces Dios puede dirigirlo. Pero la unción viene solo cuando hay oración. 

Aunque la vida cristiana es espontánea, necesitamos hacer nuestra parte con Dios para que allá crecimiento. De hecho, nadie cambia nada por sí mismo. Es Dios quien te cambia. Y el cambio real es uno que pasa desapercibido para usted. El verdadero crecimiento espiritual es aquel en el cual ni siquiera eres consciente. Lo mismo sucedió con tu crecimiento físico: creciste pero no lo sentiste. Fueron las otras personas las que notaron y siguieron su crecimiento. Usted copero con este crecimiento. ¿Pero Como? Alimentándose, durmiendo, descansando y haciendo ejercicio. Espiritualmente, es exactamente lo mismo. No producimos crecimiento en nosotros mismos, pero cooperamos para que esto suceda. 

Vea a un niño,  usted no puedes forzarlo a crecer. Incluso puede exhortarlo diciéndole: «¡ tienes que crecer!»; sabe eso no sirve de nada. Sin embargo, puedo cooperar para que el crezca dándole comida. 

 

Cuando oramos, la imagen de Dios se forma en nosotros. 

La obra del Espíritu Santo en nosotros hoy es llevarnos a la estatura de Cristo, transformarnos para ser semejante a Él. Esta obra de transformación depende de la Palabra de Dios y la oración. En Primer lugar, nuestro cambio depende de la renovación de nuestra mente a través de Su Palabra. En Romanos 12: 1-2 Pablo dijo:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:1-2

La palabra clave en este versículo es: transfórmense.

– ¿Y cómo nos transformamos?

– Por la renovación de nuestra mente. 

– ¿Y cómo se renueva nuestra mente?

– A través de la Palabra. 

«Entonces las disciplinas espirituales están ligadas a la Palabra», formando un hermano más experimentado. 

– ¿Por qué tenemos que practicarlos?  Vuelve a preguntar El nuevo hermano convertido. 

– para Cooperar con Dios en la renovación de la mente y así ser transformado en el alma. 

La mente humana se renovada a través de la Palabra de Dios. A medida que renovamos nuestra mente con la Palabra de Dios, se produce una transformación metabólica en nosotros.

Pero hay otro aspecto de nuestra transformación del alma que depende de una vida de oración.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 corintios 3:18

Pablo dice que debemos ser como espejos contemplando y reflejando la gloria del Señor. Un espejo refleja todo lo que contempla. Cuando contemplamos al Señor, Nosotros lo reflejamos. 

El verso podría parafrasearse de la siguiente manera: “Todos nosotros con la cara descubierta somos un espejo que refleja la gloria del Señor, y cuanto más lo reflejamos, más nos transformamos en su propia imagen reflejada en nosotros. «

¿Por qué dice Pablo que necesitamos tener nuestras caras descubiertas? Si se coloca un velo sobre el espejo, nada puede reflejarse. Pablo dice que debemos contemplar al Señor con la cara descubierta. ¿Qué es este velo al que se refiere Pablo? Hebreos 10 habla de un velo, pero hay un velo dentro del tabernáculo ( Hebreos 9: 3), mientras que el velo de II Corintios 3 es el velo colocado sobre el rostro de Moisés, como se menciona en el versículo 13.

El velo aquí representa las tradiciones humanas. El velo que cubría los corazones de los hijos de Israel era la antigua religión tradicional. Si la tradición está cubriendo nuestros corazones, no podemos reflejar la gloria del Señor y ser transformados por Él de gloria en gloria.

Además de estar destapado, sin velo, el espejo también debe estar posicionado correctamente. El versículo 16 nos dice que cuando el corazón «se vuelve hacia el Señor, el velo es quitado». Nuestros corazones necesita estar vuelto hacia el Señor para que podamos verlo con la cara descubierta. 

Un espejo debe estar frente a su rostro para que pueda ser reflejo de esa persona. El mismo principio se aplica al Señor, podemos tener el velo quitado, pero no servirá de nada si el espejo se enfoca en otra dirección.

Contemplar al Señor es pasar tiempo con todo tipo de oración: petición, súplica, alabanza, adoración, consagración, rendición, intercesión, meditación, contemplación y todo lo demás. 

Esto es lo mismo que direccionar adecuadamente el espejo de nuestra alma.

Nuestra vida de oración es un proceso gradual de transformación de gloria en gloria. Cuanto más tiempo contemplamos al Señor, más se refleja su imagen en nosotros. Y cuando esta imagen se refleja durante mucho tiempo, esta queda impresa en el espejo.

Pablo vivió casi dos mil años antes de la invención de la fotografía, pero el proceso que describe aquí es el mismo que el de la cámara. La ilustración de un espejo que se transforma en la imagen que esta reflejando, es lo mismo que una fotografía. 

En el proceso de tomar una foto se requieren cuatro elementos: luz, lente, diafragma y película. La luz es el medio por el cual el paisaje se introduce en la cámara. En el ámbito espiritual, la luz es el desenvolvimiento del Espíritu Santo explotando dentro de nosotros. La cámara fotográfica solo toma una foto si hay suficiente luz para formarse y fijarse en la película. En otras palabras, sin luz no puedes tomar una foto. Del mismo modo, usted debe estar bajo el foco de la luz de Dios. Es ella lo que te permite reflejar y fijar la imagen de Dios en tu alma. Cuando la luz de Dios está sobre nosotros, el Espíritu viene sobre nuestra alma para formar y fijar la imagen de Cristo en nosotros. 

Una vez que tenemos luz, necesitamos la lente. La lente apunta a nuestra mente. Si nuestra mente no entiende y está bien enfocada, nada puede entrar dentro de nosotros. 

Para que la imagen no se grabe con distorsiones, la cámara cuenta con un conjunto de lentes, cuya función es formar una imagen clara y real. Una imagen borrosa o desenfocada produce una foto distorsionada. La lente nos habla de nuestra mente. Esta, Enfoca, comprende, traduce y aclara la imagen que pasa a travez de ella. 

Además de la lente, todavía necesitamos el diafragma. Es lo que abre y cierra haciendo clic. El diafragma apunta a nuestro corazón. Si el corazón no se abre a la luz de Dios, no entra, aunque la lente de nuestra mente pueda entender. El corazón es la entrada y salida a nuestro ser. Todo lo que entra y sale tiene que pasar por él.   

El Antiguo Testamento relata las circunstancias en las cuales David fue escogido rey de Israel. Dios le había ordenado a Samuel que ungiera a uno de los hijos de Isaí como rey. Samuel, sin embargo, actuó por la óptica natural pues los ojos del profeta buscaban detalles como fuerza, belleza, estatura, postura… Cuando entró Eliab el primogénito, Samuel se dijo a sí mismo: «Seguramente este es el ungido delante del Señor». Pero Dios profetizo una palabra que, para nosotros, también debe ser una marca en nuestros corazones: «No presten atención a su apariencia, ni a su altura, [ …] el Señor no ve cómo ve al hombre. El hombre ve el exterior, pero el Señor el corazón”. 

Para Dios, no importa como es usted por fuera. Lo que realmente importa es aqui dentro: el corazón. Un corazón que tiene hambre y sed de justicia divina, un corazón quebrantado y contrito delante el Espíritu, un corazón lleno de temor y obediencia a la Palabra nunca será despreciado por Dios. Este es el corazón que Dios busca, ya que cuando se abre, como un diafragma, permitirá el paso de la luz divina, y entonces se reflejará en el alma hasta que sea formada la imagen de Cristo. 

Mi hermano, tu alma es una película de cámara de foto que necesita ser sensibilizada y grabada con la imagen de Dios. Esto es lo que el apóstol Pablo quiso decir en 1 Corintios 3:18. Somos un espejo, y cada vez que apuntamos ese espejo a Dios, su imagen se refleja en nosotros hasta que «seamos transformados a su propia imagen, como por el Señor el Espíritu». 

Finalmente tenemos la película que es nuestra alma. Es en nuestras almas que la imagen de Dios está impresa.

Día y noche necesitamos contemplar al Señor, y entonces Cristo, que es la imagen celestial se imprimirá en nosotros repetidamente.

Todo esto solo sucede cuando hay oración, el cual es el acto de contemplar al Señor. Sin oración simplemente no hay transformación. Nuestro espíritu fue creado para contener a Dios, pero nuestra alma fue creada para reflejarlo.

 

El propósito de Dios en la creación del hombre. 

Dios creó al hombre para ser su imagen y semejanza. Pero el pecado ha distorsionado esta imagen. Hoy Cristo está restaurando la imagen de Dios en nuestras vidas. Por lo tanto, para que esta imagen se haga realidad, debemos contemplar al Señor. 

Contemplar al Señor es orar, interceder, alabar, adorar, escuchar y estudiar la Palabra para buscar y recibir la unción y ser llenos del Espíritu. Cuando esto sucede, te transformas y te vuelves similar a la persona que amas. Es por eso que Dios aborrece las imágenes de idolatría: toman el lugar de Dios, y las personas que los adoran se vuelven abominables y semejante a ellas. David dijo de los adoradores de ídolos: «Que los que los hacen y los que confían en ellos se vuelvan como ellos» ( Salmo 115: 8).

Cuando adoramos a Dios, algo de Dios es impreso en nosotros. Pero a diferencia de la fotografía, cuya imagen se graba de inmediato, la imagen de Dios se graba en nosotros de poco a poco. Lo mismo sucedió con la pantalla del monitor de las computadoras viejas. Las pantallas de estos monitores eran muy sensibles. Y cuando una imagen es expuesta durante mucho tiempo en una pantalla, esa imagen se graba en ella. Debido a esto, los fabricantes han creado el protector de pantalla, lo que evita que ocurra este problema. Pero si encuentra videos de computadoras viejas, notará que las pantallas están marcadas. Estas marcas no surgieron de la noche a la mañana. Fue después de un período de tiempo (meses y años) y una repetición y exposición continua que la imagen se grabó definitivamente. 

Así es con nosotros: todos los días un poco mas, de gloria en gloria, hasta que la imagen nos llene por completo. Por supuesto que esto lleva tiempo; No sucede en dos días. Esta es la obra de Dios, pero requiere nuestra cooperación. 

La cooperación es una palabra clave y, por lo tanto, no se puede olvidar en este proceso de transformación del alma y renovación mental. 

Necesitamos cooperar con Dios si realmente queremos que este cambio ACONTEZCA EN NOSOTROS. Esta cooperación no es otra cosa que la disciplina de la oración. 

Para comprender mejor esta cuestión, necesitamos saber que la Palabra apunta a la comida, y el espíritu apunta a la bebida. Por cierto, es así en la Biblia, ¿lo sabías? El Espíritu casi siempre se ilustra como algo para beber: es el agua que brota desde adentro nuestro. La palabra generalmente se ilustra como comida o pan. Dicen Los nutricionistas que somos lo que comemos. Cualquier cambio en nuestro cuerpo físico tiende a pasar primeramente a través de los alimentos a través de una dieta. Si usted come la comida del cielo, ¿en que te convertirás? En Celestial 

En la Biblia, comer y beber es mucho más que ingerir un alimento; sino es poner adentro, es introyectar. La palabra comer se mencionó por primera vez en Génesis, cuando el hombre comió del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero allí, además del árbol, también estaba el río de la vida. El hombre pecó porque comió la comida errada, pero hoy es salvo si come la verdadera comida: Jesucristo, el pan de vida. 

En Éxodo vemos que el cordero debía de ser comido. Luego, en el capítulo 16.4, Dios envió el maná, que cayó del cielo, para que el hombre entendiera que vive no solo del pan terrenal, sino también del pan que sale de la boca de Dios, es decir, la Palabra de Dios. En el capítulo 17: 6 Moisés golpeó la roca y se derramó agua para suplir la sed al pueblo de Israel. Esta roca es el Señor Jesús, pero el agua que fluyó de Él vino del río de agua viva, el Espíritu de Dios. En el Nuevo Testamento, Jesús se identificó a sí mismo como el verdadero maná, el pan de vida que descendió del cielo, y luego se identificó a sí mismo como la fuente de agua viva cuando dijo: “Si alguien tiene sed, ven a mí y beba, Cualquiera que crea en mí, como dice la Escritura, de él fluirán ríos de agua viva ”( Juan 7 : 37-28). Y en Apocalipsis 22: 1-2 se muestra el río del agua de la vida, que fluye del trono de Dios, y el árbol de la vida que crece en sus dos orillas y produce 12 tipos de frutos. Por la eternidad el Señor será nuestro alimento. 

Dios entonces espera que cooperes con él en este proceso de cambio y transformación. 

Usted no serás transformado obligatoriamente. Dios jamás te obligará a hacer cualquier. mas lo que Él espera de ti es apenas solo tu cooperación. Y usted se pregunta, ¿cómo? Y El te responde: «Comer la comida de verdad». 

La cuestión es que no se trata de utilizar la ley y determinar: «Está prohibido comer la comida equivocada». No se trata de si algo está prohibido o no. El punto es cooperar con Dios y comer los alimentos que nos dan un crecimiento saludable. Desafortunadamente, muchos han comido solo la comida de Egipto, mientras que podrían alimentarse del maná celestial.

Volvamos a las viejas preguntas: 

– Pastor, ¿escuchar la radio FM es un pecado? 

– ¿Quién te dijo que escuchar música es pecado? Puedes escuchar lo que quieras. ¡Usted es libre! 

– Pastor, ¿es pecado mirar televisión? 

– ¡Claro que no! 

«¿Ir al cine también es un pecado?» 

– Mucho menos. 

La pregunta no es si lo que hago o dejo de hacer es pecado o no. La verdadera pregunta es esta:

¿Es un «alimento» adecuado? ¿Comiendo este tipo de comida estaré cooperando con Dios? Después de ver un programa de televisión todo el día, ¿seguiré orando, ayunando y leyendo la Biblia? 

En cuanto a mí, quiero cooperar con el Señor, porque quiero ser cambiado todos los días. ¿Sabes por qué dejo de hacer ciertas cosas? No es porque alguien me prohibió hacerlas. Es porque he entiendo que ciertas cosas en lugar de ayudarme a cooperar con Dios, estos tipos de «alimentos» dañan o perjudican mi relación con Él. De hecho, como dicen los nutricionistas, somos lo que comemos. Así como nuestro cuerpo absorbe los nutrientes de los alimentos que comemos, nuestra alma absorbe toda la impureza, la lujuria y la maldad de lo que vemos y oímos.

 Lo importante es saber: ¿dónde usted está buscando los valores que componen su carácter? 

Una de las cosas buenas de la vida es comer. Si no hay placer en comer un manjar particular, esta luego es dejado de lado. Cualquiera que sea la comida, solo nos sentamos gustosos frente a ella si nos causa placer. 

Imagínese ahora asando una carne en la parrilla de su casa.  Huélala Hmm ! Piense en una picanha muy jugosa o una cabrito a la llama… ¿ Se te hizo agua la boca? 

Sepa que todo lo que ve en la televisión es asimilado por usted. Si el programa no le gusta, inmediatamente cambia de canal. Es raro que la gente ve un programa por casualidad o que no le cause ningún tipo de placer. Si no hay placer, no es divertido: te aseguro que cambias de canal o apagas el televisor. Solo gastamos nuestro tiempo en lo que es placentero y nos gusta. ¿Y sabes que? aquello se convierte en alimento para nosotros y cambia nuestros valores

Observe la trama de una novela. Siempre es lo mismo: mujeres engañando a sus esposos, mujeres solteras que se enamoran de hombres casados ​​o mayores que ellas, esposos que mantienen relaciones extramatrimoniales, triángulos amorosos, relaciones incestuosas, bebidas y drogas, traiciones de todo tipo. Esto y muchas cosas peores. Y tú allí, frente a la pequeña pantalla, esperas que el esposo del chico no descubra su traición, o que la otra heroína conquiste su pasión ilícita. 

Y ahí piensas: «Toda persona tiene derecho a ser feliz a su manera»: piense inteligentemente, se esta convirtiendo en defensor de la permisividad. 

Es como si la felicidad dependiera de satisfacer impulsos carnales.

Tiene que saber que Somos felices cuando practicamos la Palabra de Dios. Somos felices cuando la imagen de Dios cubre la imagen del pecado y nos transformamos en la imagen misma del Señor. 

Recuerde, que todo lo que Dios hace; Lo hace por la Palabra y el Espíritu. Todo su crecimiento y transformación depende de su disposición de contemplar al Señor a través de la oración. Es más, Me atrevo a decir que no hay transformación sin oración. El creyente que no ora simplemente no tiene la imagen de Dios formándose en su vida. 

 

Primer día – Tratar con Dios y ser tratado por Él

En este primer día de nuestro ayuno necesitamos entender cómo la oración es importante para nuestro crecimiento espiritual. La oración es un medio fundamental a través del cual tratamos y somos tratados por Dios. El conocimiento de las Escrituras es fundamental, pero solamente conocer la Biblia no significa tener conocimiento de Dios. Por supuesto, conocemos a Dios a través de Su Palabra, pero este conocimiento solo está impreso en nuestro espíritu cuando tenemos una experiencia personal con el Señor. El mero conocimiento intelectual es insuficiente. Necesitamos conocer a Dios y la forma en que tenemos esta experiencia es a través de la ORACIÓN. 

Es posible conocer la Biblia y, sin embargo, no conocer a Dios. En Mateo capítulo 2, los magos llegaron a Jerusalén preguntando a los escribas dónde iba a nacer el Mesías. Estos escribas tenían el conocimiento correcto de la Biblia, señalaron a Belén como el lugar de nacimiento e incluso mencionaron el texto bíblico como prueba, sin embargo, ninguno de ellos fue a Belén con los magos para ver si realmente había nacido el Mesías. Conocían la Biblia, pero no conocían a Dios.  

¿Cómo podemos conocer a Dios? 

El salmista presenta dos formas básicas de conocerlo: conocer sus caminos y sus obras:

Sus caminos notificó a Moisés,
Y a los hijos de Israel sus obras.”

Salmos 103:7

El Señor Jesús mostró esta misma verdad cuando respondió a los fariseos diciendo:

Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.”

Mateo 22:29

Conocer las Escrituras es lo mismo que conocer los caminos de Dios. Los caminos nos hablan acerca de los principios. Estos principios no son más que el propósito, los hechos, la voluntad de Dios registrada en su Palabra. Los hechos son la expresión del poder de Dios. Por lo tanto, nuestro conocimiento de Dios es proporcional con nuestro conocimiento de los principios revelados en la Palabra y de experimentar su poder en nuestra experiencia personal. Si no te has dado cuenta de la acción de Dios en tu vida, probablemente no estés creciendo espiritualmente.

Es posible conocer los caminos o principios de Dios y, sin embargo, tener muy poca experiencia de su poder en nuestras vidas. Algunos hermanos quieren conocer solamente las Escrituras; otros, solo el poder de Dios. En la práctica, aquellos que se limitan al conocimiento de las Escrituras solamente se vuelven fríos y teóricos, mientras que aquellos que buscan exclusivamente el poder se vuelven completamente místicos. 

Necesitamos un equilibrio, Necesitamos conocer tanto los caminos de Dios como su poder, es decir, las Escrituras y su poder. 

¿Y cómo conocemos los hechos o el poder de Dios? 

Solo a través de la oración. Conocemos a Dios en la medida en que tratamos y somos tratados por Él. Sucede a través de la oración. 

¿Cómo ocurre este proceso? Supongamos que el hermano Ricardo necesita mucho un automóvil para trabajar. Entonces el comienza a orar por un auto y no desiste sino que insiste. Muchos, Desafortunadamente, no conocen el poder de Dios porque dejan de orar; interpretar el retraso como una respuesta negativa. Pero el hermano Ricardo persevera en oración, porque quiere la respuesta. El no se desanima, porque quiere ver el poder de Dios en su vida. 

Los días se convierten en semanas y las semanas en meses. Y el hermano Ricardo sigue orando por el auto. 

– Señor, ¿qué está pasando? ¿Qué impide la respuesta a mi oración? 

«¡Hay heridas en tu corazón, hijo!» Primero, resuelve esta sitiacion, después usted tendrá lo que pide”

El hermano Ricardo entra en contrición y quebrantamiento ante Dios. Por un momento incluso se olvida del auto. La prioridad ahora es resolver el problema del dolor. Después de que decide perdonar, el Señor le concede el automóvil que pidió.

¿Cuál es la circunstancia más importante de este proceso? ¿La bendición material o la revelación sobre el carácter de Dios? Obviamente, al ganar el auto, el hermano Ricardo creció un poco más en el conocimiento de Dios. Ahora él sabe cómo es Dios que escucha y responde a la oración, como es el Dios que es el proveedor, el que bendice, el que recompensa. 

Sin embargo, necesitaba conocer a Dios en el área más íntima e importante: en el carácter. ¿Y cómo profundizó su conocimiento del carácter de Dios? Al lidiar con sus sentimientos oscuros: dolor, resentimiento, falta de perdón, hostilidad y amargura. 

El hermano Ricardo finalmente entendió que Dios no acepta ni vive con estas actitudes malvadas. El comprendio que al resolverlos y eliminarlos de sí mismo, sus oraciones se alinearon con la voluntad de Dios. Y esto significa que de ahora en adelante, cada vez que el Hermano Ricardo le presente a Dios alguna súplica, antes que nada, evaluará su propio corazón para aquellos sentimientos cuya presencia bloquea el movimiento de Dios en su vida. Y cuando los días vuelvan a pasar como antes, ya no insistirá en su terquedad. Por el contrario, se postrará ante el trono. 

En otra ocasión, el hermano Ricardo comienza a rezar nuevamente por alguna otra necesidad específica. Necesita un trabajo con una mejor paga. Dios lo ha tratado ahora en el área del resentimiento y no le permite crecer en su corazón.

El Ora con insistencia, pero el Señor no parece escuchar su oración. Luego le pregunta al Señor:

– ¿Qué pasa en mi vida? ¿Qué impide que el Señor me responda?

– Hijo, presta más atención a tu relación matrimonial. Cuando hay problemas entre usted y su esposa, su oración se obstruye, ni siquiera antes que yo. 

Entonces corre hacia su esposa; Él se arrodilla a su lado, asume su propio pecado y le pide perdón. 

– Cariño, perdóname en el nombre de Jesús. Estas palabras sanan cualquier dolor en el corazón de la esposa y desbloquean las oraciones del esposo. Después de eso, es promovido rápidamente en su trabajo.

Dios ciertamente desea escuchar nuestras oraciones, pero quiere mucho más que crezcamos en Su conocimiento. El hermano Ricardo ha aprendido una lección muy importante: si está mal con su esposa, también estará mal con Dios. La respuesta de la oración fortaleció su fe, pero él mismo fue transformado, porque fue tratado por Dios. Todo este crecimiento no habría sucedido si el hermano Ricardo no hubiera estado orando.

El ejemplo anterior fue alguien que estaba orando por algo que quería en su corazón, pero seguramente todos debemos orar por los problemas y las luchas que enfrentamos. La mayoría de los creyentes dejan que las dificultades o problemas pasen por sus vidas sin el tratamiento adecuado de Dios. No saben por qué están pasando por eso. Ignoran el propósito de Dios. Esto se debe a que no oran.

Imagine que un hermano que está luchando contra cierto pecado, Él no ignora el asunto del pecado displicentemente, sino que va en busca de Dios para ser liberado. Al hacerlo esto, el acumula conocimiento de Dios. En su tiempo de llanto y clamor, el Espíritu Santo abre los ojos y el descubre Romanos 6:14 donde lee que el pecado no tendrá dominio sobre él porque ahora está bajo la gracia de Dios y no bajo la ley.

Esa revelación explota en su corazón y el experimenta liberación. Sin embargo, después de algún tiempo, para su asombro, vuelve a caer en ese pecado. Ora para recibir la luz del Señor, quien le muestra que esa caída fue para que aprenda que en su carne no mora bien alguno, y que debe aprender a depender de Dios y no confiar en sí mismo.  

Si usted quiere crecer necesita conocimiento de la Palabra, pero eso solo no será suficiente, también necesitas conocer a Dios. La oración es la clave para aprender a relacionarse con Dios y conocerlo. 

Desafortunadamente, la vida de oración de muchos no involucra tal relación porque no tratan con Dios y no son tratados por El. Simplemente no oran hasta el final, hasta que obtienen una respuesta del Señor. Cuando la respuesta no llega, suponen que no fue la voluntad de Dios y simplemente se olvidan de ella.

¿Por qué muchos no crecen en su relación con Dios a través de la oración?

 

1. Porque no conocen la voluntad de Dios

Una de las condiciones más importantes para la oración es una clara convicción de que es la voluntad de Dios escuchar nuestra oración. De hecho, muchos dudan que la voluntad de Dios sea buena y agradable. 

El Otro día estaba viendo una película sobre el accidente de un avión. A lo largo de toda la película, la gente dijo que este desastre había sido la voluntad de Dios. Pero la voluntad de Dios es que cada avión despegue y llegue a su aeropuerto de destino de manera segura. Si dudamos de que esta sea la voluntad de Dios, ¿cómo podemos orar para que el Señor nos guarde en nuestro viaje? Imagina a alguien orando dentro de un avión diciendo: «¡Señor, haz tu voluntad en este vuelo !» Todos van a estar muy asustados.

Jesús nos enseñó a orar en Mateo 6, diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. venga tu reino; Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo … ”( Mateo 6: 9-10).

Si el Señor nos ha ordenado orar para que se haga su voluntad en la tierra, es porque no todo lo que sucede en la tierra es la voluntad de Dios. Necesitamos creer que la voluntad de Dios es buena, perfecta y agradable para nosotros y nuestros hijos. Si dudamos de esto, nunca oraremos, «¡Hágase tu voluntad!»

Muchos no son sanados porque tienen el pensamiento de que la enfermedad es la voluntad de Dios para ellos. Otros viven conformados en una vida de derrota y miseria porque creen que Dios quiere que así sea.

Si nosotros, que somos malvados, sabemos cómo dar cosas buenas a nuestros hijos, ¿cuánto más dará nuestro Padre celestial toda clase de bendiciones a los que se hicieron hijos de Dios en Cristo Jesús?

Solamente Podemos ejercitar la fe cuando conocemos la voluntad de Dios. Toda duda se basa en el hecho de que no sabemos si es la voluntad de Dios darnos lo que estamos pidiendo. 

Debido a esto, debemos orar de acuerdo con la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es la revelación de su voluntad para con nosotros.

Antes de orar, necesitamos saber si el motivo por el que oramos está de acuerdo con revelación a la Palabra. Nunca debemos desear algo que la Biblia nos prohíbe. Pero si tenemos una promesa bíblica donde basarnos, podemos orar con fe y osadía. Porque Es la voluntad de Dios que sus hijos disfruten de todas sus promesas en el Nuevo Pacto.

 

2. Porque dudamos de la bondad de Dios

Si alguien va al médico y le dice: «¡Ahora solo Dios puede actuar!». Esa persona piensa que debería comprar el ataúd. Después de todo, ahora depende exclusivamente de Dios y ese es un gran problema.

Si escuchamos a un misionero de un país muy pobre y distante decir que vive allí solo por fe, entonces imaginamos que vive en completa miseria. Y diríamos “¿Por qué dejan que este hombre hiciera esta locura? ¿Qué iglesia realiza misiones al permitir que lo misioneros vivan por fe?

La expresión“por fe ” se ha convertido en nuestras mentes un sinónimo de necesidad y privación.

Pero si vemos a alguien que viene en el estacionamiento de la iglesia con un Mercedes cero kilómetro, con un traje muy elegante, que también dice que es misionero y que también vive por la fe nos echamos a reír. “¡Por ​​fe, no lo creo más bien vive con mi salario o diezmo! Mira si Dios le va a dar un Mercedes a alguien”.

 

3. No oramos hasta el final

Orar hasta el final significa orar hasta que la respuesta de Dios llegue. Si queremos conocer a Dios a través de la oración, debemos orar por completo.

En Mateo 26 leemos que tres veces el Señor oró al Padre.

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?  Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.  Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Mateo 26:39-44

El Señor no oró tres veces porque era algún tipo de fórmula, oró tres veces simplemente porque el Padre no había respondido la primera o la segunda vez. Él oró hasta que supo la respuesta de Dios el Padre.

El mismo principio se puede observar en la vida de Pablo. Tres veces oró para que el Padre le quitara la espina en su carne.

Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

2 Corintios 12:7-9

Pablo oró hasta que el Señor le respondió. Desafortunadamente, muchos oran, pero nunca se preocupen si su oración es respondida o no. Si oramos pero no vemos la respuesta, no creceremos en el Señor porque no seremos tratados por Él a través de la demanda de nuestra oración. Debemos ir hasta el final con el Señor.

 

4. Porque no conocemos la gracia de Dios

Muchos no oran porque creen que no son lo suficientemente buenos como para recibir algo de parte de Dios. Esta es la acusación constante que el diablo que hace en las mentes de los hijos de Dios. Pero el Señor no nos escucha porque nosotros somos buenos, sino porque Él es bueno.

Si cree que usted necesita ser justo para ser escuchado por el Padre, usted esta completamente cierto, Dios solo puede escuchar a los justos. Pero la buena noticia es que el Señor Jesús se ha convertido en nuestra justicia. Hoy, cuando venimos ante Dios, lo hacemos por la justicia que recibimos por fe en la sangre de Jesús. Usted Tampoco serás más justo en el cielo de lo que eres hoy, porque tu justicia es para Cristo y de Cristo.

Muchos viven debajo de la acusación y condenación, y por lo tanto, no se sienten dignos de recibir una respuesta a sus oraciones de parte de Dios. Viviendo así, no tienen fe para recibir nada de Dios.

Muchos viven bajo la mentira de que Dios está enojado con ellos. Debido a esto, viven una vida cristiana dividida y enfermiza. En un momento predican que Dios sana, pero en otro declaran que Dios les ha enviado una enfermedad para enseñarles una lección. En un momento Dios los hace prosperar y al siguiente les da pobreza para aprender humildad. La verdad es que a veces creen que los ama, pero casi siempre sienten que Dios está enojado con ellos. Simplemente no podemos orar y obtener respuestas a nuestra oración con pensamientos divididos sobre el Señor.

Necesitamos saber que por causa a la obra consumada de Jesús, la ira de Dios ya no puede estar sobre nosotros. Toda la ira de Dios sobre el pecado cayó sobre el Señor Jesús en la cruz. Si toda la ira ya ha caído sobre Jesús, entonces él no puede estar enojado con nosotros. Ya no estamos bajo el antiguo pacto en la cual Dios a veces estaba feliz con el pueblo y a veces se enojaba. Hoy tiene un placer total en ti por causa de Jesús.

 

 

La nueva alianza

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PAUTAS DE LA NUEVA ALIANZA
– En el antiguo testamento, había un cielo de bronce sobre la cabeza de los hombres
porque ninguno de ellos podían cumplir con los requisitos de la Ley. Mas AHORA el cielo
está abierto. Por qué está abierto el cielo? Porque usted está en Cristo. Allí en el calvario
tuvo el gran intercambio.
Cristo se convirtió en lo que yo era, para que yo fuese lo que Él es. Vos te uniste a Él y Su
posición es tuya.
El principio de representante
Dios se relaciona con nosotros en base al representante (CRISTO). Ninguno puede llegar
delante de Dios directamente, precisamos de un representante. Es por eso que Jesús
dice que nadie va al Padre si no es por medio de Él.
Él es nuestro representante. Cuando Adán peco, por ejemplo, nosotros pecamos con él;
él era nuestro representante. Más hoy el Señor Jesús es el segundo Adán, la cabeza de
una nueva raza.
Cuando nosotros creemos en Cristo, nosotros somos colocados en El para que El se
convierta en nuestro representante.
En cruz el Señor Jesús se convirtió en lo que nosotros éramos, para que podamos
nosotros llegar a ser lo que El es.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él. II Cor. 5:21
Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
Rm. 5:19
 ¿Cómo el Señor Jesús que nunca cometió pecado se convirtió pecador?
El recibió nuestro pecado.
 ¿Cómo nosotros que nunca practicamos la justicia nos tornamos justos?
Nosotros recebemos la justica de El. Ese es el gran intercambio en el Calvario.
David y Goliat ilustran el principio de representante. Cuando David lo venció, no fue solo
la victoria de El sino de todo Israel. David y Goliat eran representantes.
Ese mismo principio se aplica al sumo sacerdote. El representaba al pueblo ante Dios.
Lo que estaba diciendo Dios es que si tu sumo sacerdote es bueno, usted estará bien.
Pero los buenos sumos sacerdotes envejecen y mueren. Mas ahora nosotros tenemos un
Sumo Sacerdote que vive para siempre.
La base de la redención es la Justicia
Dios no tiene otra alternativa que perdonarte. Dios es bueno, pero no te perdona a vos por
tus bondades. Dios es misericordioso, pero la base del perdón no es la misericordia. Dios
te perdona en base a tu fidelidad y justicia.
Dios podría relacionarse con usted en base a la misericordia. El problema es que Él no
está obligado moralmente a tener misericordia de alguien para siempre (Rm. 9:15).
Entonces para que tuviésemos seguridad de su perdón El firmo un documento, El hizo
una alianza. Dios puede escoger tener misericordia de quien él quiera y por el tiempo que
quiera, pero no puede elegir ser justo o no. Sabes, es posible tener una misericordia
injusta.
Como juez Dios no puede simplemente olvidar nuestros pecados. El crimen necesita ser
castigado. El problema es que Dios nos ama y no quiere condenarnos, pero su justicia
exige condenación. Entonces… ¿Cómo conciliar el amor con la justicia?

21 días de ayuno – día 21

MUJERES QUE DISCIPULAN

MUJERES QUE PASTOREAN NIÑOS

Nuestra visión es que cada miembro sea un discípulo y ejerza su sacerdocio como miembro del cuerpo. En nuestra iglesia, es función de las mujeres discipular a otras mujeres y pastorear a los niños para que todos puedan ser insertados en la vida de la iglesia. Es sobre estos dos aspectos que vamos a hablar en este capítulo.

I. EL DISCIPULADO DE MUJERES
Creemos que las mujeres están también insertadas en el llamado de Dios para generar hijos espirituales, y el medio bíblico de hacerlo es a través del discipulado de otras mujeres. Este discipulado ocurre plenamente en la red de niños, donde las mujeres discipulan a las mujeres y pastorean a los niños.

A. DISCIPULADO ES DIFERENTE DE ACOMPAÑAMIENTO
Muchas personas confunden discipulado con acompañamiento pero son dos cosas diferentes. El acompañamiento es algo esporádico y sin compromiso. Discipulado es una relación de vida que busca llevar al discípulo a la madurez espiritual.

Muchas veces, el acompañamiento implica un estudio de un libro o algo temporal, pero que no traduce el propósito de la iglesia que es generar hijos a Dios. El problema en los grupos de seguimiento es que las personas se centran en sí mismas, no en los frutos. No quieren asumir la responsabilidad de cuidar de otros lo que hace la relación superficial.

Es necesario entender que nuestro objetivo como iglesia no es sólo bendecir a los miembros, sino formar discípulos. Esto traduce el tipo de personas que están en la iglesia, personas comprometidas con el reino de Dios, que están dispuestas a dar, y no sólo recibir.

B. COMO ACONTECE EL DISCIPULADO CON MUJERES
La estructura de la iglesia es la misma para todo el rebaño, esto incluye a adultos, jóvenes y niños. Cada grupo de edad tiene un pastor de red y, junto con ese pastor, están los discipuladores y líderes de células.
La esposa del pastor de la iglesia local es la pastora responsable de la red de niños y ella encabeza el discipulado de mujeres en esa red. Así, las esposas de pastores discipulan a las esposas de los discipuladores y éstas discipulan a las esposas de los líderes de células. Las esposas de los líderes son estimuladas a liderar las células de niños, que, en su mayoría, son paralelas a las células de adultos. De esta forma, todos los miembros son apasionados en las células, desde el más pequeño hasta el más grande.

Las reuniones de discipulado con las mujeres ocurren por separado de las reuniones de sus maridos. Los hombres lideran y responden por las células de adultos, mientras que las mujeres lideran y responden por las células de niños y jóvenes. Al reunirse por separado, ellos pueden conocer mejor la realidad de las células, resolver los problemas de cada una, establecer blancos y ministrar en la vida de cada discípulo con más libertad.

Por tratarse de un discipulado separado, la red de niños tiene sus propios manuales para entrenar a su liderazgo: Manual de la Líder, Manual del Discipulador y Manual del Encuentro. Estos manuales traen en su contenido instrucciones de cómo empezar una célula de niños, cómo levantar y entrenar a los líderes de los niños y la función del líder y del discipulador.

C. EL DISCIPULADO LOS CONECTA AL CUERPO
Ser iglesia significa ser conectado entre sí como miembros de un mismo cuerpo. Por eso, el objetivo del discipulado es conectarnos al cuerpo, pues estamos todos bajo una misma palabra de Jesús: hacer discípulos.
Por esta razón, tenemos que tener cuidado de no permitir que el estilo de vida moderno afecte nuestro concepto de iglesia.

Antiguamente las personas vivían más en comunidad y se habían comprometido unos con otros. Era común que las mujeres realizaran sus tareas domésticas junto a otras, como ir al mercado, lavar ropa en lugares públicos y criar a sus hijos. La vida era más compartida, lo que facilitaba el aprendizaje mutuo y en grupo.

Hoy vivimos aislados. Cada uno tiene su lavadora en casa, las compras de supermercado pueden ser hechas por internet, tenemos servicio de entrega en domicilio. La mujer moderna no necesita relacionarse para suplir sus necesidades básicas. Sin embargo, en la vida de la iglesia, no puede ser así. Necesitamos conectarnos unos a otros, porque sólo hay vida cuando ella circula por el cuerpo. Es el discipulado que hace ese tipo de relación posible. Por eso, el primer propósito del discipulado es conectarnos.

La iglesia es la unidad de los miembros, no miembros aislados. Sucede más o menos así: cuando el oído oye, el cuerpo entero oye. Lo que un miembro recibe todos los demás comparten. Cada miembro es un canal. Así, toda la iglesia se edifica cuando los miembros se conectan entre sí.

Es necesario tener cuidado con lo que algunos llaman trabajo con mujeres en la iglesia, que gira en torno a una agenda paralela a la de la iglesia, llena de eventos, seminarios, retiros, reuniones variadas pero después cada una vuelta a casa y continúa desconectada. Al mirar al modelo de discipulado de Jesús, vemos que Él llamó a Sus discípulos para una relación cercana y con propósito, y no ocasional.

Algo sobrenatural ocurre cuando estamos conectados. Podemos expresar a Dios como cuerpo, pues Dios sólo puede ser expresado plenamente a través de su iglesia, y no de miembros individuales. Es esta conexión que nos da una identidad como iglesia. Así como la identidad se forma en el ambiente familiar, el discipulado forma la identidad espiritual en cada miembro, cuyo objetivo final es una iglesia que expresa a Cristo.

Hoy muchas personas frecuentan iglesias y reuniones, pero no están vinculadas a nadie, por lo que no tienen una identidad. Esta falta de identidad perjudica la expresión del cuerpo, porque nuestra identidad es colectiva, no individual.

¿De qué sirve vivir en un mundo en línea, pero estar desconectados de los hermanos? Aprenda a valorar el discipulado en la iglesia, pues sólo seremos expresión de Cristo a través de una iglesia de discípulos.

D. EL DISCIPULADO LLEVA CADA UNO A EJERCER SU FUNCIÓN EN EL CUERPO
Dios creó al hombre y a la mujer para un mismo propósito, pero con funciones diferentes. Antes de crear a la mujer, Dios ya había designado su función como auxiliar diciendo: «Le haré una ayudante que le sea idónea» (Gn 2,18)

Por lo tanto, es importante que la mujer casada entienda que ella debe auxiliar, y no hacer la obra de Dios en lugar de su marido. Aunque algunas esposas disfrutan más de liderar que auxiliar, eso no concuerda con las enseñanzas bíblicas. Al designar a la esposa como ayudante, el objetivo de Dios es que uno completase al otro y juntos ellos cumplieran el propósito de Dios. La función de la esposa como auxiliar se refiere a dos aspectos específicos:

• Discípulo a las esposas de los discípulos del marido
La esposa auxilia al marido en la obra de Dios cuando se dispone a discípular a las esposas de sus discípulos. Cuando esto sucede, el desempeño de ellos como pareja es mucho mejor, pues cada uno aprende a liderar en su función y ambos desarrollan el encargo por la obra de Dios.

En el caso del discipulado de las esposas, la prioridad no es la multiplicación, sino la edificación de la familia del líder, del discipulador o del pastor. Cuando este discipulado funciona, el matrimonio mejora y muchos conflictos son evitados, lo que afecta directamente a la dirección de su marido. Con certeza, esa inversión en la vida de la pareja va a reflejarse en el crecimiento y la multiplicación de esos líderes.

Pero el discipulado de las mujeres implica también enseñar a hacer la obra de Dios. Por lo tanto, la esposa del líder, del discipulador o del pastor jamás debería excluir a la esposa de un discípulo de él porque ella no sabe liderar. Al contrario, corresponde a ella la responsabilidad de enseñar a estas hermanas e invertir en el potencial de ellas.

• Formar discípulos desde la infancia
Una pregunta muy recurrente es: ¿por qué la esposa del líder debe liderar la célula de niños? Porque los niños forman parte del rebaño del líder. La red de adultos es una red de familias. Por lo tanto, el líder de adultos lidera a las familias, no a los adultos.

Así como el pastor de la iglesia es pastor de adultos y niños, el líder de célula de adultos también lo es. Cuando separamos a los niños de los adultos tanto en la célula como en el culto, es sólo para enseñarles la Palabra en un lenguaje que ellas entiendan y puedan vivir lo que la Biblia enseña, pero el rebaño es el mismo.

Esta inversión en la vida de los niños se basa en el hecho de que Jesús murió por ellas de la misma manera que murió por los adultos. Y cuando Él nos mandó hacer discípulos de todas las naciones, incluyó a los niños.

Por eso, entendemos que el papel de la esposa del líder de adultos es auxiliarle en el pastoreo de su rebaño cuidando a los niños, mientras que el papel del líder en entrenamiento es auxiliar al líder cuidando a los miembros adultos de la célula. Así, todos se convertirán a su tiempo discípulos de Jesús.

E. EL PAPEL DEL LÍDER EN ENTRENAMIENTO COMO AUXILIAR DEL LÍDER DE ADULTOS
Tanto la esposa del pastor como la del discipulador y del líder tienen la misma función, ayudar a los maridos. Pero el marido no debe confundir la función de la esposa con la de sus discípulos, pues ellos ejercen papeles distintos en la obra de Dios.

Así, el marido no debe delegar a la esposa lo que es función de los discípulos, para no perjudicar el crecimiento de la iglesia y la multiplicación del liderazgo. Aunque las esposas puedan liderar, predicar, dar clases, visitar, aconsejar y desempeñar todas las funciones al lado de sus maridos, lo mejor es que los maridos dividan su función con sus discípulos, colocándolos al frente en vez de confiar esa responsabilidad a la esposa. Al actuar así, ellos van a garantizar la formación de nuevos líderes, discipuladores y también pastores.

En el caso del pastor, por ejemplo, lo ideal es que designe a un pastor de su equipo para estar con él al frente del culto. Así, cada pastor desarrollará su ministerio y posteriormente asumirá una iglesia local.

En la célula, debe suceder lo mismo, el líder de célula debe dividir el cuidado de los miembros de la célula con sus líderes en entrenamiento, y no sólo con su esposa, para la formación de líderes y la multiplicación de la célula. Es necesario entender que, cuando la célula se multiplique, la esposa del líder no irá con la célula multiplicada, pero el líder en entrenamiento sí.

Entiende que el objetivo es entrenar discípulos, pues siempre que suceda una multiplicación, sea en la célula o en la iglesia, la esposa quedará al lado del marido y sus discípulos irán y asumir una nueva célula o una nueva iglesia.

Percibimos que algunos líderes demoran a formar otros líderes porque invierten más en el potencial de sus esposas que de sus discípulos. Pero la cuestión aquí no es quien hace mejor, sino invertir en la persona de acuerdo con su función. La función de la esposa es ayudar al marido en el discipulado de las mujeres y el apasionamiento de los niños, pero la multiplicación de la célula dependerá de la formación de un nuevo líder.
Necesitamos entender que la expansión del reino depende de levantar líderes, multiplicar las células, formar pastores y abrir nuevas iglesias. Para ello, hay que invertir en la formación de discípulos. Al final, todos están invirtiendo en la formación de líderes: el líder de célula, en la formación de nuevos líderes de adultos, y la esposa del líder, en la formación de nuevos líderes de niños. Cada uno en su papel y todos en la edificación de la iglesia.

2. EL PASTOREO DE LOS NIÑOS

El Ministerio Radical Kids nació a causa de la visión de hacer de cada creyente un ministro. Entendemos que un ministro es alguien que ejerce su sacerdocio en el cuerpo. Creemos que esta visión debe ser enseñada desde la infancia para que los niños crezcan conociendo el propósito de Dios para ellas como hijos de Dios.

Al asumir ese ministerio, las mujeres están asumiendo el apasionamiento de ese rebaño, así como la preparación de una nueva generación de líderes. Para que puedan asumir ese ministerio de forma consciente, es importante que entiendan la ordenación de Dios para el hombre y para la mujer.

A. COMPRENDIENDO LA ORDENACIÓN DE DIOS PARA EL HOMBRE Y PARA LA MUJER
Aunque, ya mencionamos anteriormente al principio del libro, queremos reafirmar ese valor, pues, se refiere a la función del hombre y de la mujer en el cuerpo de Cristo. Es necesario comprender que para seguir el mover de Dios necesitamos respetar la ordenación que él estableció: Dios -Padre, Dios-Hijo, Dios-Espíritu Santo, el hombre y la mujer.

«Quisiera, sin embargo, que sepáis ser Cristo la cabeza de todo hombre, y el hombre, la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo». (1 Co 1.3)
Creemos que la mujer es tan capaz como el hombre y ha recibido los mismos dones de la gracia que los hombres recibieron, pero, por una cuestión de ordenación, los hombres deben encabezar el gobierno de la iglesia.

Las mujeres, se permite hacer todo lo necesario para el ministerio, pero los hombres tienen el encargo del gobierno tanto en la iglesia y en la familia. Respetamos ese principio, por eso las células de adultos son lideradas por parejas donde el hombre es la cabeza.

• Todo hombre recibió la habilidad para liderar
Es inadmisible que exista un hombre incapaz de liderar, pues los hombres fueron creados para dominar y sujetar toda la creación, cumpliendo así el propósito de Dios.

Cuando el marido asume el liderazgo de la célula o de la iglesia, no es porque él sea mejor que la mujer, sino por una designación divina. A la mujer, a su vez, se le da la posición de auxiliar, lo que la coloca al lado del marido para auxiliar su liderazgo.

• Toda mujer recibió la habilidad de madre
«Sin embargo, será preservada a través de su misión de madre, si ella permanece en fe, y amor, y santificación, con buen sentido». (1 Tm 2.12-15)

Así como el hombre recibió la habilidad para encabezar y liderar, la mujer también recibió la habilidad para ser madre. En el aspecto físico, Dios dejó claro que ésta era la función de la mujer al darle un útero, cuyo objetivo es generar.
Si ser madre es una misión, ser madre espiritual es un propósito de vida. Después de que los hijos ya están creados y caminando en los caminos del Señor, su misión como madre se cumple, pero el propósito de vida no, porque el propósito es mayor, involucra toda su vida, ese propósito busca generar hijos para Dios.

Por eso, las mujeres deben ver su llamado a generar hijos a través del ministerio con mujeres y niños. Para ampliar esta visión, vamos a comentar las tres razones bíblicas por las que debemos invertir en los niños.

B. TRES RAZONES POR LO CUAL DEBEMOS INVESTIR EN LOS NIÑOS                                     

1- Porque Dios trabaja de generación en generación
Es así como Dios trabaja, y nosotros, Su iglesia, debemos trabajar también: «El Señor reina para siempre, tu Dios, reina de generación en generación» (SI 146.10).
Vamos a usar la modalidad de atletismo de cuatro por cien para ilustrar lo que estamos hablando. En esta modalidad, cuatro atletas deben correr 100 metros cada uno, pasando un bastón. El criterio para ser vencedor no es sólo la velocidad, sino llegar con el bastón, lo que hace que el paso del bastón crucial en la carrera.
A medida que corren, todos los atletas deben concentrarse en el paso del bastón, porque la victoria depende de ese momento.

Así, para asegurar que el pasaje pase con seguridad, los atletas deben llegar lo más cerca posible del atleta frente a él. Una vez que todos completen el recorrido más rápido y lleguen con el bastón, el podio está garantizado. Sin embargo, el podio no es sólo del último que llegó con el bastón, pero de todos los que corrieron.

Esta es nuestra historia. Cada generación es como uno de esos atletas, que tiene la responsabilidad de cumplir su carrera y pasar el bastón a la siguiente generación. El bastón representa nuestra fe en Cristo. Pero para poder pasarlo con seguridad, necesitamos estar cerca de la próxima generación. No adelantará correr sólo nuestros 100 metros, tenemos que pensar en la carrera.

El gran desafío está en el paso del bastón, pues aquí es donde muchos negocian al involucrarse con otras cosas y olvidarse de la generación que está delante de nosotros. Moisés es un ejemplo de líder que entendió ese principio. Cuando Faraón intentó negociar con él la vida de los niños para dejarlos en Egipto, él se posicionó, pues sabía que la salvación incluía también a los niños:
«Le replicó Faraón: Sea el SEÑOR con vosotros, si os dejo ir y los niños. Ved, pues tenéis con nosotros malas intenciones. Respondió Moisés: […] ni una uña quedará! «(Ex 10.10.26)
Hoy negociar significa lo mismo que caer el bastón, como sucede en algunas carreras. Pero cuando negociamos? Negociamos cuando creemos que trabajar con niños en la iglesia es sólo entretenimiento. Esto es lo mismo que el Faraón propuso: «Dejad que los niños se distraigan mientras vayan a adorar a su Dios».

Negociamos cuando dejamos de predicar la Palabra de Dios a los niños y preferimos quedarnos sentados cada domingo encantándonos con las palabras minadas y olvidamos que muchos niños sufren de inanición espiritual. ¿Qué madre se alimenta y da lo que sobra a los hijos? Negociamos cuando dejamos a nuestros hijos en casa, durmiendo, viendo televisión, jugando y vamos a la célula o al culto sin ellas. Negociamos porque creemos que ellas dan mucho trabajo, pero olvidamos que también dan frutos. ¿Necesitamos definir: somos o no una generación de padres y líderes que han negociado a los niños con Faraón?
En el caso de Moisés, algo inesperado sucedió. A lo largo de los años, la generación que entró en la tierra de Canaán fue aquella generación niños que salió con Moisés de Egipto. Dios lo sabía, por eso no permitió que Moisés negociara sus vidas:
«Pero vuestros hijos, de los que decís; por presa serán, haré entrar en ella; y ellos conocerán la tierra que despreciaste. (Nm 14.31)

2- Porque el niño es miembro del cuerpo
La segunda razón por la que debemos invertir en los niños es porque el niño es miembro del cuerpo. Ciertamente, lo que hace A alguien miembro del cuerpo de Cristo no es una ficha de miembro, ni siquiera su edad. El único requisito que encontramos en la Biblia que hace que alguien miembro del cuerpo es el nuevo nacimiento.
La Biblia afirma que todos aquellos que creen y reciben a Jesucristo son salvos: «Pero a todos los que le recibieron, les dio el poder de ser hechos hijos de Dios, a saber, a los que creen en su nombre» (Jo. I.I2).
Los niños están entre los que creen. Sólo necesitamos reconocerlo y tratarlos adecuadamente como Jesús nos enseñó: «Y quien reciba a un niño, tal como éste, en mi nombre, a mí me recibe» (Mt 18.5).
Tenemos que recibirlas. Para ello, hay que cambiar de actitud hacia ellas, empezando por los pastores y sus esposas, viéndolas como su rebaño e invirtiendo en su pastoreo. En cuanto a los líderes y sus esposas, deben pasar a recibir a los niños en las células, y no sólo a los padres. Cuando Jesús dijo para recibir a los niños, Él no estaba sugiriendo algo, pero colocó un patrón. Es como si Él nos dijera: «Si ustedes quisieran mi presencia, reciban a los niños como si fuera a mí, así ustedes me recibirán a mí».
Nosotros pastores, líderes y padres necesitamos entender que los niños no tienen iniciativa propia para buscar una célula, como los adolescentes y los jóvenes tienen. Ellas dependen de nosotros para ser conducidas a Jesús. Por eso, lo ideal es que haya una célula de niños paralela a la célula de adultos, ya que los niños forman parte de las familias que están allí.
Una prueba de que los niños forman parte del cuerpo es el potencial de ellos para ganar familias. Muchas veces, el niño es el primer miembro de la familia que va a una célula y, a través de ella, toda la familia se convierte. Los líderes de adultos que no invierten en las células de los niños pierden una gran oportunidad de crecer, pues muchos padres no van a una reunión de célula por la invitación de un pariente o amigo, pero muchos van a causa de la insistencia de los hijos.
Los acontecimientos evangelísticos que ocurren en las células de los niños están llenos de padres que se convierten. Por eso, cuando la esposa del líder lidera la célula de niños, es más fácil conducir a esos padres a la célula de adultos y consolidarlos allí.
El hecho es que los niños se han mostrado excelentes sembradores si queremos tener una gran cosecha, necesitamos invertir en todos los sembradores y segadores que Dios nos ha dado, eso incluye a los niños.

3- Estamos formando una generación de vencedores.
Como generación, somos padres de la generación siguiente, y tenemos que entrenarlos para ser también vencedores. Nuestra responsabilidad es formar en ellos una mentalidad de vencedor desde la infancia.
Una de las razones por las que la generación de padres que salió de Egipto con Moisés no entró en la tierra de Canaán es que, aunque eran libres, tenían una mentalidad de esclavo. Por eso, varias veces ellos hicieron mención de volver a Egipto, porque ellos pensaban como esclavos y actuaban como esclavos. Dios quería hacer de ellos un pueblo vencedor, pero ellos se veían como langostas. Sin embargo, algo diferente sucedió con la generación de niños, ellas crecieron como libres y por eso conquistaron la tierra.

Hoy nuestra visión como iglesia es edificar una iglesia de vencedores. Estamos proclamando esto para la próxima generación, pero son ellos quienes vivirán plenamente esa visión, porque esa verdad ya forma parte de su mentalidad. Cuando esto sucede desde la infancia, la semilla tiene el poder de producir el ciento por ciento. Este es nuestro legado a la próxima generación, y no podemos renunciar a él.

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