COMPRENDIENDO LA EDIFICACIÓN
Muchos cristianos son bastante correctos en cuanto a la conducta y parecen ser muy espirituales, pero lamentablemente son sólo piedras aisladas. Pueden incluso ser piedras preciosas, pero si están aisladas, no serán de mucha utilidad para el propósito eterno de Dios. Las piedras del edificio de Dios no se destinan a la alabanza de los hombres. Pero, lamentablemente, algunos líderes imaginan que la casa de Dios es algún tipo de colección de piedras. A ellos les gusta apreciar y mostrar las muchas piedras amontonadas los domingos. Sin embargo, un montón de piedras no es un edificio y no puede ser una vivienda para la gloria de Dios.
El Señor desea una casa, y no una infinidad de piedras preciosas aisladas, destinadas a componer una exposición. Nuestra gran necesidad hoy es ser edificados juntos en la vida de la célula. Si ganamos muchas personas, pero no las edificamos como parte del edificio de Dios, nuestro trabajo puede ser en vano. Cuando aprendemos a ser edificados, tenemos victoria, santificación, poder, plenitud de Dios y riqueza espiritual. Todo depende de ser encajados y edificados en el edificio de Dios. No es suficiente recoger piedras y traerlas a la célula, hay que edificar esas piedras, colocándoles en el edificio de la casa de Dios.
La realidad en la mayoría de las iglesias hoy es que las personas buscan poder espiritual individualmente, buscan una vida de santidad ignorando a los demás miembros del cuerpo. El hecho es que, cuanto más buscan, más pobres se vuelven. Todos necesitamos abandonar nuestro individualismo y abrirnos para ser edificados junto con otros hermanos en la vida de la célula. Todos nuestros problemas son consecuencia de una sola cosa: somos muy individualistas e independientes, estamos desvinculados unos de otros. Es por eso que somos acosados por fracasos y debilidades. ¿Tienes algún pecado que te presione, el cual no puedas vencer? Cuando se disponga a ser vinculado y edificado con otros hermanos, usted descubrirá cómo su pecado puede ser superado.
Al comienzo de mi vida cristiana, yo no conocía ese principio, pero como era miembro de una pequeña iglesia cuyos miembros eran muy vinculados, pude percibir el poder de estar edificado espiritualmente con los hermanos. Con el paso de los años, aprendí que sólo necesitaba habitar en el cuerpo, pues cuando estamos ligados a los hermanos de forma práctica, la vida del cuerpo tiene el poder de limpiarnos y hasta de darnos fuerza. Mientras un miembro está conectado al cuerpo, todo estará bien con él. Por más que tenga dificultades, el cuerpo lo suplirá y lo guardará. Supongamos que su mano está separada de su cuerpo, pero continúa esforzándose para funcionar y ser sana. Su objetivo es ser útil, pero todo lo que conseguirá será pasar una imagen de algo aterrorizante y feo. Somos miembros del cuerpo de Cristo y necesitamos estar encajados en él de forma práctica. Sólo tenemos utilidad dentro del cuerpo. Sólo encontramos realización cuando somos una piedra viva del templo.
Como cristiano, usted es capaz de apuntar a otros miembros específicos del cuerpo de Cristo con quien se relaciona de manera práctica? Este asunto no es una cuestión de doctrina o de espiritualidad etérea, sino de realidad práctica. El único camino para ser un creyente victorioso es estar vinculado.
Es lamentable que no se oiga casi nada en el medio evangélico acerca del edificio de Dios, de su morada eterna, de la verdadera relación del cuerpo de Cristo en esta tierra. La intención del Señor es que cada célula sea una expresión de la iglesia. Cada célula necesita ser como un cuerpo con muchos miembros bien encajados y edificados en comunión y unidad. Necesitamos entonces comprender de manera práctica cómo podemos construir el cuerpo de Cristo, la casa de Dios. Los apóstoles usaban la parábola de la casa de piedra para explicar esta verdad. El pastor Eddy Leo, en una de sus ministraciones en Goiânia, nos dio una clara comprensión de esa ilustración. Para construir un edificio, necesitamos cinco elementos fundamentales y no podemos prescindir de ninguno de ellos. Estos cinco elementos relacionados con los cinco ministerios citados en Efesios 4:11 y que deben ser observados en la vida normal de la célula, pues tales ministerios se constituyeron para la formación de los santos a fin de que éstos desempeñan el servicio de edificación de la casa de Dios:
«Y él mismo concedió unos para apóstoles, otros para profetas, otros para evangelistas y otros para pastores y maestros, con vistas al perfeccionamiento de los santos para el desempeño de su servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo.» (Ef. 4:11-12)
El servicio de los santos es la edificación del cuerpo de Cristo. Este es nuestro trabajo. Cualquier propósito diferente de éste está fuera del propósito eterno de Dios. Todos los santos deben ser entrenados para hacer la obra de construcción, y ninguno de nosotros puede quedarse fuera del trabajo de edificación de la casa de Dios.
1. LA PLANTA DE LA EDIFICACIÓN
El primer elemento necesario para construir una casa es el proyecto, la planta. ¿Cómo sabemos dónde colocar cada piedra? ¿Cómo conseguimos dar la forma a las piedras? ¿Cuál es el estándar? Para eso, necesitamos la planta de la construcción, y todos los trabajadores involucrados en la obra de edificación necesitan saber cómo leer ese proyecto, que ya fue dado por los apóstoles. Este aspecto es función del ministerio apostólico.
Y por eso necesitamos el ministerio apostólico para hacer la obra de edificación de la casa de Dios. Cada miembro de la célula necesita saber leer la planta y conocer el propósito eterno, no sólo el líder de la célula, sino todos los miembros. Este es el problema de muchas iglesias en la célula: los miembros no saben lo que es la casa de Dios, tratan la célula sólo como un grupo pequeño y trabajan de acuerdo con su propio entendimiento. Por eso, rápidamente la célula se vuelve una obra humana y acaba muriendo. Para tratar este problema, necesitamos el ministerio apostólico. Y lo que estoy compartiendo aquí acerca del propósito eterno de Dios es, de hecho, la planta del edificio
2. LA COLECCIÓN DE LAS PIEDRA
Una vez que conocemos la planta, la visión de la casa, entonces necesitamos salir para recoger las piedras. Así, nuestro segundo paso es encontrar las piedras vivas. Necesitamos encontrar el lugar donde hay piedras y llevarlas al lugar de la construcción, lo que apunta al evangelismo. Dios nos lleva a buscar piedras muertas y transportarlas al reino de la luz, donde se convierten en piedras vivas. Después, se vuelven piedras lavadas y, más adelante, piedras buriladas.
Sólo traer las piedras y lavarlas no es suficiente. No podemos tomar la piedra bruta y usarla en la edificación. Algunas piedras son muy grandes y no caben en el espacio de la construcción. En ese caso, deben ser rotos para ser edificados. Hay piedras que se hallan grandes y preciosas para formar parte de la construcción de una célula tan simple. Y, mientras piensan así, no son edificadas, encajadas ni vinculadas en la construcción.
Hay piedras que son muy ásperas. Otras tienen astillas cortantes y acaban heridas las piedras que están a su lado en la construcción. También hay las que no les gusta la construcción local y viven rodando de una iglesia a otra. Son piedras, pero aún no están listas para la edificación, sus antiguos hábitos necesitan ser cambiados.
Muchas iglesias son buenas en recoger piedras, pero porque no están orientadas por el propósito eterno, paran en ese punto. Ellas sólo juntan piedras, pero eso no es una casa, es sólo una pila de piedras. Algunos pastores se llenan de codicia y empiezan a desear las piedras de otra construcción local, entonces van y las roban. Ellos desean tener muchas piedras no porque quieran edificar, sino porque son coleccionistas de piedras vivas y se vanaglorian de su enorme colección. A ellos les gusta hacer una exposición semanal mostrando su inmenso conjunto de piedras preciosas. Pero algo que aprendí es que las piedras que están edificadas y encajadas en la construcción no pueden ser llevadas. Sólo las que están sueltas son llevadas. Si una persona no permaneció en la célula es porque todavía no estaba apropiadamente edificada, pues nadie lleva la piedra que está asentada en la pared. Sin embargo, la piedra amontonada puede ser fácilmente llevada.
El propósito de Dios no es tener un recinto de piedras, un montón de rocas. Él desea tener su casa. Para ello, es necesario que las piedras sean edificadas, amalgamadas y vinculadas en la construcción. Por lo tanto, no es el tamaño o la cantidad de piedras que importa, sino la edificación. Dios no puede habitar en medio de un montón de piedras. Por eso muchas iglesias poseen la presencia de Dios, pero aún no son la habitación de Dios. Ellos realmente disfrutan de una fuerte presencia de Dios, pero ella no es permanente. Cuando nos convertimos en casa para Dios, su presencia no se ausenta, sino que se manifiesta en todo tiempo.
Cuando dos o tres piedras están reunidas, el Señor se hace presente, pero si esas piedras se niegan a ser edificadas y a convertirse en la habitación de Dios, la presencia del Señor se va. Es como si Él dijese: «Y bueno estar aquí con ustedes, pero necesito un lugar donde pueda reposar.» La presencia del Señor será constante si se edifica juntos, como Su casa espiritual.
3. LAS PIEDRAS DEBEN SER BURILADAS
Como salimos y recogimos muchas piedras por el evangelismo, ahora nuestra construcción está llena de piedras, pero ellas no están listas para la edificación. En este punto, necesitamos el tercer elemento: el ministerio de enseñanza. En esta obra, necesitaremos romper algunas piedras y tallar otras para sacar las aristas, y el ministerio que hace eso es el de enseñanza. Necesitamos enseñar y discípular unos a otros, pues en la casa de Dios todo se hace a través de la reciprocidad:
«Habita, ricamente, en vosotros la palabra de Cristo; instrúyanse y aconsejaros mutuamente en toda sabiduría, alabando a Dios, con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, con gratitud, en vuestro corazón. (Cl 3:16)
Un gran problema que algunas iglesias enfrentan es que el discipulado se convierte en una relación exclusivista y controladora. El discípulo sólo acepta ser enseñado y exhortado por su discipulador, y éste, a su vez, no admite que nadie venga a instruir a su discípulo. Este no es el espíritu de la casa de Dios, pues en ella todo se hace unos a otros.
Cuando hago parte de la edificación de una célula, debo aceptar que un hermano me exhorta, aunque tenga menos conocimiento que yo. Necesito recibir el consejo de otro, aunque él no sea el líder o pastor. En el texto de Colosenses, Pablo enseña que, en la casa de Dios, nos instruimos mutuamente, es decir, nos enseñamos unos a otros. Pero hay aquellos que sólo aceptan aprender con el discipulador. En la misma carta, Pablo dice que debemos también aconsejarnos mutuamente. Sin embargo, hay aquellos que sólo aceptan consejos del pastor y, aún así, dentro de la oficina pastoral. Ver que, cuando hablamos de enseñanza, tenemos en mente la enseñanza de una familia, donde cada uno es edificado por el otro en amor. Si no enseñamos a los hermanos, no estarán listos para ser edificados.
Para ser edificada, cada piedra debe tener determinado tamaño forma y textura, y el patrón que debemos seguir es el de la piedra angular, es decir, el Señor Jesús. Él es la piedra angular a la cual todas las otras necesitan estar alineadas. Pero Jesús no es sólo la piedra angular. Él es también la piedra de esquina. La piedra angular era la piedra que servía de cimiento, donde toda la construcción se apoyaba, pero la piedra de esquina era aquella colocada para dar la plomada y la dirección del edificio. Así, es el Señor quien determina la base y la pluma para cada piedra viva. Recuerde que todos somos piedras vivas y constructores al mismo tiempo.
La mayoría de las iglesias en las células tienen estos tres ministerios, pero sólo ellos no son suficientes para edificar la casa de Dios. Necesitamos el trabajo de los otros dos.
4. LAS PIEDRAS DEBEN SER ENCAJADAS
Preparadas las piedras, necesitamos ahora el cuarto ministerio, que va a colocar cada piedra en el lugar correcto y cementarlas unas en otras para que cada una tenga una buena relación y esté ligada a las demás. Este es el ministerio pastoral. Todos necesitamos cuidar unos de otros, y necesitamos estar atentos para que cada piedra esté edificada en su propio lugar. Además, estas piedras necesitan mantenimiento y cuidado para mantenerse siempre en una buena condición
5. EL CONTROL DE CALIDAD
El ministerio profético es el último elemento necesario para la construcción de la casa de Dios. Es el responsable del control de calidad. Cuando construimos, necesitamos cuidar para que la construcción esté de acuerdo con el proyecto. Este es un trabajo de supervisión. Por lo tanto, si percibimos que estamos construyendo de manera equivocada, necesitamos exhortarnos unos a otros. Si alguien, por ejemplo, está edificando fuera de la planta, necesitamos traerlo de vuelta. Por otro lado, si estamos haciendo todo correctamente, el ministerio profético confirmará el trabajo hecho y nos motivará a hacer lo que aún falta.
Toda la construcción es un lugar muy desordenado, mucho ruido y esto puede ser muy agotador. En realidad, podemos hacernos daño mientras construimos y, por eso, nos sentimos desanimados. En ese momento, el ministerio profético viene para confortar, pues él tiene tres funciones: exhortar, edificar y confortar.
Una de las razones por las que muchos se quedan cansados y desanimados en la edificación de la célula es porque se olvidan de que cada célula es como una construcción. Y puedo decir que pocas cosas son tan motivadoras como una construcción, pero también tan agotadoras y estresantes. El trabajo casi nunca ocurre en el tiempo previsto ni en la calidad esperada. Necesitamos hacer constantes correcciones, y eso nos desanima. Por eso, necesitamos el ministerio profético para venir y recordarnos que estamos construyendo una casa para Dios. Él nos alienta y motiva a continuar, pues todo trabajador en la construcción necesita de aliento, principalmente los líderes.
Además, la construcción no se puede hacer de forma desleal, necesitamos supervisarla todo el tiempo. Recuerde que cada creyente es, al mismo tiempo, constructor y piedra viva. Si dejamos a los creyentes edificadores sin supervisión y entrenamiento, no podrán terminar el proyecto. Esto también nos hace ver cómo es seria y peligrosa la edificación de la iglesia. Una construcción hecha de forma equivocada puede ruir y lastimar a mucha gente. En realidad, toda construcción es un lugar peligroso. Hay riesgos por todas partes y, si no sabemos cómo edificar, podremos hacernos daño y herir a mucha gente. Conozco muchas piedras que han sido estropeadas por constructores ineptos, y necesitamos invertir mucho tiempo para hacerlas propias para la edificación de nuevo.
Otro aspecto importante es que, sin supervisión, los trabajadores se vuelven perezosos. La construcción es un lugar donde los trabajadores les gusta dejar de hablar. Si los mandamos a buscar más piedras, ellos huyen del trabajo. Por otro lado, puede ser que los trabajadores estén muy motivados, pero no tengan mucha habilidad y acaben rompiendo las piedras, inutilizándolas para la edificación. Todo esto sucede por falta de supervisión y entrenamiento.
Para que el proyecto sea realizado, necesitamos de supervisores, de ellos la responsabilidad de entrenar, equipar y también chequear si la obra está siendo hecha correctamente. El trabajo de supervisión es una clase de ministerio profético.
Pablo dice que la obra de edificación es hecha por todos los creyentes, pero los creyentes son entrenados por los cinco ministerios: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Estos ministerios pueden ser vistos como personas o como disciplinas que deben ser impartidas a todos los creyentes para que la obra del ministerio suceda. De una forma u otra, siempre tendremos hermanos que actuarán en los ministerios, aunque no tengan título alguno. Lo importante no son los títulos, sino la realidad de la edificación.
¿CÓMO PODEMOS COOPERAR EN LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA?
A) NECESITAMOS EN LOS REUNIR
De nada sirve hablar de edificación si somos individualistas y aislados. La reunión es extremadamente importante para la edificación del cuerpo. Cuando estamos en Cristo, sentimos necesidad de los demás miembros del cuerpo. Cuando nacemos de nuevo, desarrollamos un profundo sentimiento de que necesitamos de los demás y no podemos vivir aislados de los demás hermanos. Juan dijo que el que es nacido de Dios ama a los hermanos. Sería una contradicción decir que amamos a los hermanos si no deseamos está con ellos. El amor siempre resulta en comunión.
Algunas veces, me pregunto si algunas personas realmente nacieron de nuevo. Ellas viven como si hubieran simplemente cambiado de religión. Y ese cambio de religión sin cambio de vida puede ser muy penoso. Tales personas no poseen una nueva vida en su espíritu y, aún así, se les exige un nuevo vivir. Esto es muy penoso y extremadamente difícil. Es como pedir a un perro que vuele. Si él consiguiera recibir la vida y la forma de un pájaro no necesitaría ninguna orden para volar, él simplemente volaría espontáneamente.
Necesitamos percibir que nacemos de nuevo y recibimos a la persona de Cristo dentro de nosotros. Ahora, el Cristo que habita en nosotros simplemente es atraído por otros que poseen el mismo Cristo, el mismo tipo de vida. Es algo completamente espontáneo. Podemos tener muchas dificultades en el día a día, falta de tiempo y horarios difíciles, pero siempre habrá en el corazón de los nacidos de Dios un anhelo por la comunión, por la reunión de los santos.
B) NECESITAMOS CRECER EN EL SEÑOR
Textos como 1 Pedro 2:2, Efesios 2:21 y 4:15 muestran claramente que la edificación de la iglesia sólo es posible por el crecimiento de los miembros:
«Pero, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en lo que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo bien ajustado y consolidado por el auxilio de toda junta, según la justa cooperación de cada parte, efectúa su propio aumento para la edificación de sí mismo en amor». (Ef. 4:5-16)
Sólo un cuerpo crecido puede expresar apropiadamente al Señor. Necesitamos tratar con nuestro pecado, nuestro mundanismo y nuestro ego. Para crecer, necesitamos llenarnos de la vida de Cristo, pues, cuando estamos llenos del Señor y ministramos al Señor, entonces la vida abundante de Cristo se manifiesta. Todo lo que necesitamos para crecer es vida fluyendo. Crecer hasta la madurez es una exigencia básica para todos los santos para que haya edificación de la iglesia.
C) NECESITAMOS FUNCIONAR COMO MINISTROS
Todos somos ministros y todos somos miembros del cuerpo. Si somos ministros, necesitamos ministrar al cuerpo. Si somos miembros, necesitamos funcionar de acuerdo con el don que el Espíritu nos ha concedido. Si una persona no puede funcionar adecuadamente, esto puede ser una señal de que todavía no ha crecido lo suficiente. Sin crecimiento, no sabemos cómo funciona. Por eso, la primera condición para edificar es crecer.
D) TODOS NECESITAMOS HABLAR
En la vida de la célula, el hablar es fundamental. Recuerde siempre que no edificamos un grupo pequeño, pero edificamos iglesias en las células. La célula edificada apropiadamente es una expresión de la iglesia. En la reunión de celebración, no podemos hablar, pero, en la célula, hablar es una forma de edificar la casa de Dios. Si no hablamos, no crecimos ni conseguimos ministrar de acuerdo con nuestro don.
Necesitamos ser cuidadosos, sin embargo, para no tener un hablar negativo. Hay varios tipos de palabras negativas que destruyen en lugar de edificar. El primer tipo es el chisme, y no hay que decir cuánto puede ser destructivo. Otro hablar extremadamente destructivo es la crítica. No debemos tener palabras de crítica en nuestras células. Incluso cuando tenemos que exhortar, debemos hacerlo de forma positiva. Recuerde siempre que es por la boca que la mayor parte de las enfermedades naturales se propagan, y no es diferente en la vida espiritual.


