Seminario de la Visión – Capitulo 1

UNA IGLESIA DE VENCEDORES

“Nuestro encargo es edificar una iglesia de vencedores, donde cada miembro es un ministro y cada casa una iglesia, conquistando así nuestra generación para Cristo a través de las células”.
Este es nuestro slogan, nuestra declaración de propósito. La primera parte del índice de nuestro encargo es edificar una iglesia de vencedores
• ¿Qué es ser una iglesia de vencedores?
• Es la iglesia que cumple el propósito de Dios
• ¿Y cuál es su propósito?
• Tener un grupo de personas a su imagen y semejanza. Dios desea que el hombre sea lleno con Él mismo, como vida, a fin de expresarlo y tenga su dominio para representarlo en la tierra.
El hombre fue creado como un vaso para contener a Dios dentro de sí, fuimos hechos como un guante para contener a Dios, el guante es la imagen y semejanza de la mano, pero la mano es la realidad del guante, un guante es creado conforme a la semejanza de la mano con el propósito de contenerla. Igualmente el hombre fue creado a la imagen de Dios con el propósito de contener la divinidad.
Una vez que el hombre recibe a Dios como vida dentro de sí mismo, él se vuelve un instrumento en las manos de Dios, para que el hombre fuese usado como instrumento, Dios le dio a él la siguiente orden.
Génesis 1:28

CRECER Y MULTIPLICAR

La primera orden dada al hombre en la creación fue crecer y multiplicarse, la misma orden nos es dada hoy en la nueva creación, todos nosotros recibimos la orden de crecer y multiplicar (Mateo 28:20; Marcos 16:15). La diferencia es que Adán se multiplicaba como alma viviente pero nosotros nos multiplicamos por el Espíritu de vida (1 Corintios 15).
Una iglesia de vencedores por tanto es aquella que cumple el propósito original de Dios. Crecimiento y multiplicación, no hay como cumplir el propósito de Dios sin fecundidad y multiplicación, por esto nuestra visión exige multiplicar cada célula por lo menos una vez al año. Un líder vencedor es aquél que multiplica su célula por lo menos una vez al año.

SUJETAR Y DOMINAR

Dios también dijo al hombre que dominara, o sea le dió autoridad para ejercer el dominio como si fuese el propio Dios. Cualquiera que mirase al hombre sabría que él representaba a Dios, pues en todo era semejante al Creador.
Guarde en su mente estas dos palabras, imagen y dominio, porque yo tengo la imagen, Yo ejerzo el dominio, imagen es para expresar (al propio Dios) y dominio es para ejercer autoridad (de Dios), todos nosotros necesitamos lidiar con el enemigo, sujetándolo en todas las esferas de nuestras vidas Mateo 16:19, Mateo 18:18, Romanos 16:20. Sujetar al enemigo significa vencerlo en todas las circunstancias y no dejarle llevar ventaja en ningún momento.
Cuando sujetamos y ejercemos dominio, decimos que estamos cumpliendo la visión de que cada creyente es un ministro, el ministro sujeta y domina a través de la oración y de la autoridad en el nombre de Jesús.
Así una iglesia de vencedores es aquélla que crece y se multiplica, pero también la que ejerce dominio porque posee la imagen de Dios en su carácter.
Guarde el doble propósito de Dios, primero Él quiere que el hombre tenga su imagen para ejercer dominio o sea ser un ministro. En segundo lugar Dios desea que ese hombre se multiplique, una iglesia de vencedores tiene la visión de conquistar su generación.

No solamente salvos sino vencedores

Se que el entendimiento común en medio de los evangélicos es que todo creyente es un vencedor de hecho esto es parcialmente verdadero
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”Romanos 8: 31: 37

En verdad todo creyente es legalmente un vencedor por causa de la victoria de Cristo. Pero experimentalmente muchos viven como derrotados, los creyentes vencedores cumplen el propósito de Dios mientras que los derrotados ignoran y desprecian el encargo de Dios para esta era.
Hay una diferencia entre posición legal y posición experimental, posición legal es aquello que por derecho es nuestro legalmente, ya somos más que vencedores Cristo ya nos garantizó la victoria, Él ya pagó el precio de nuestra redención en la Cruz y sujetó todos los principados y potestades, Él venció, y así porque estamos en Él, nosotros también somos vencedores, la posición de Él es nuestra posición también.
Mientras posición experimental, es algo muy diferente, tomar algo experimentalmente significa experimentar algo que ya es verdadero legalmente. Hay muchos creyentes que legalmente son herederos de una gran fortuna pero experimentalmente viven en una miseria absoluta siendo hijos del Rey, viven como si fuesen esclavos.
En esta iglesia adoptamos este slogan, «Nuestro encargo es edificar una iglesia de vencedores”, vencedores son aquellos creyentes que ya experimentan en la práctica aquello que les pertenece legalmente, una cosa es ser salvo y otra cosa es ser vencedor.
A pesar que todo creyente nacido de nuevo es un vencedor legalmente, sabemos que ésta no es la experiencia de todos, en verdad existen muchos creyentes que son derrotados.
Tal vez tú no concuerdes con esto y me cuestiones ¿tú estas diciendo que un creyente derrotado es salvo? Entiende esto, la condición para que alguien tenga la salvación es una, mientras que la condición para que el salvo se vuelva vencedor es otra, la salvación tiene que ver con la vida eterna que es un regalo de Dios a todo aquél que cree, ahora volverse un vencedor es algo relacionado con el galardón y el reinado milenario con Cristo. La salvación es alcanzada mediante la fe, la recompensa es por las obras que practicamos delante de Dios.
La salvación y vida eterna es una cosa, mientras que el reino y ser un vencedor es otra cosa. La recompensa es solamente para los vencedores, tú puedes tener vida eterna, tú puedes tener salvación y aún así vivir como un derrotado, esa es una cuestión muy seria.
A pocos les importa la cuestión de la recompensa o del galardón que recibimos delante de Dios. Nadie se engañe pensando que recibiremos galardón porque aceptamos a Jesús, galardón tiene que ver con el trabajo hecho para Dios.
La gran recompensa de los creyentes será reinar con Cristo, durante el milenio después que Él vuelva. Pero déjame decirte algo, sino estás dispuesto ni a liderar una célula, cómo podrás reinar con Cristo. Si no existe el deseo del encargo de multiplicar tu célula una vez por año, no habrá galardón alguno. En una iglesia de vencedores cada miembro es un ministro, si todos se disponen a liderar una célula multiplicándola una vez por año. La señal de que estamos actuando como una iglesia de vencedores es cuando las células se multiplican.

NOTAS

Si ud. desea comprender mejor la visión de vencedores lea:

Watchman Nee. El daño de la segunda muerte (Árbol de vida 1996)
Watchman Nee. The King and the Kingdom of heaven (Christian Fellowship
Publishers. 1978).
Watchman Nee. Aids to Revelation (Christian Fellowship 1978)
Watchman Nee. Interpreting Matthew. (Christian Fellowship Publishers 1978)
Watchman Nee. A Iglesia Gloriosa (Árbol de vida 1191)
Watchman Nee. La ortodoxia de la Iglesia (Árbol de vida 1990).

Seminario de la Visión – Introducción

Cierta vez, un muchacho preguntó a un hombre de Dios ¿Qué es la unción?, el hombre de Dios mostrándole un buey que pastaba a la distancia le dijo ¿tú estás viendo aquí el buey pastando? Si, aquello no es la unción, enseguida, miró un pajarito que cantaba en las ramas de un árbol y dijo ¿tú estás oyendo aquel pajarito cantando? Si, aquello también no es la unción, el muchacho, desesperado insistió con el anciano entonces dígame ¿qué es la unción? después de una pausa breve, el hombre se volvió para el muchacho y concluyó diciendo si tú vieras un buey en las ramas de un árbol, cantando como un pajarito aquello es unción.
La verdadera realidad de la iglesia es sobrenatural. Si todo lo que tenemos son pajaritos cantando en los tejados y bueyes pastando en el campo, entonces no tenemos nada que el mundo no tenga, la verdadera obra de Dios necesita ser sobrenatural, celestial e inusitada.
Estamos hablando esto a propósito en este manual sobre nuestra estructura de células en nuestra iglesia local, nuestro crecimiento no viene porque tenemos una buena estructura y una buena organización, si nuestra obra se resume a una buena estructura organizacional, entonces ¿qué tenemos que el mundo no tiene? el mundo posee estrategias de marketing, calidad total, gerencia participativa y muchas otras cosas semejantes a las que poseemos y practicamos, no podemos confiar en la técnica y la manera organizacional ella es sólo una ropa que colocamos y que podemos cambiar de acuerdo con la necesidad. Los niños también cambian de ropa a medida que crecen, y como ellas, las iglesias también de estructura y organización en la medida que crecen.
Si la comunión que practicamos en nada difiere del Club de Leones que estamos haciendo de más, si esa predica no difiere de la oratoria política o de las exposiciones académicas lo que estamos ministrando está demás, el mensaje de Jesús fue dado muy claramente, Él no vino para cumplir sino para trascender. He aquí que reside la gran diferencia, necesitamos trascender a las prácticas comunes del mundo.
El trascender no es solamente hacerlo mejor, es hacerlo sobrenaturalmente no podemos atraer al mundo solamente con algunas canciones, pues las personas del mundo tienen música, y hasta mejores que las nuestras, no podemos atraerlos con grupos pequeños pues eso ellos también poseen, sin embargo existe algo que ni ellos ni nadie puede hacer, un buey cantando encima del tejado, esto solamente la unción lo puede hacer.
Sin el poder de Dios, entretenemos a los santos y nos llenamos de actividades. La iglesia no es terrenal, su origen es celestial así como su Padre y su propia vida, cualquier cosa que no fuera hecho con base en esta fuerza espiritual no traducirá la realidad de la iglesia, sea comunión, predicación, consejería, música o las células.
Necesitamos de la unción del Señor, pues ella destruye nuestro orden y nuestros conceptos. Ella trasciende al padrón de nuestro trabajo, nuestra comunión no puede ser común, natural, pero sí aquel tipo con el cual el propósito de Dios subsiste. Nuestra predicación no puede ser una exposición inteligente e intrigante, pero sí la voz del propio Dios tronando desde los cielos sobre la tierra. Nuestra autoridad no puede depender de nuestros títulos académicos, ni al volumen de voz que usamos en las predicas, sino sí a la autoridad que tienes en el Espíritu santo. No somos fructíferos porque tenemos técnicas sino porque poseemos la unción. No importa cuanto lo intentemos sólo la unción podrá llevar a un buey cantar como un pájaro encima del tejado.
Si nuestra ministración en las células, reproduce las técnicas y dinámicas aplicadas en la psicología de grupos, estaremos perdiendo nuestro tiempo. No somos una empresa, somos la iglesia del señor Jesús, aprenda la técnica y la metodología de nuestra visión, siempre recuerden que más importante que los odres es la fuente real del crecimiento de la vida, de los frutos y de todo lo demás, el vino nuevo del Espíritu
Que el Señor de la gloria, el rey Jesús, derrame sobre usted esta unción que hace lo inusitado y fructifica más allá de lo esperado. Esta unción es la que transforma la vida más que en un evento y que hace de ella una expresión celestial.

Todo comienza con oración

Mi oración es que en algún momento cuando tú estés estudiando este manual recibas una unción especial de Dios, que tú veas la iglesia con los ojos de Dios y seas conquistado por una visión celestial, la edificación de una iglesia de vencedores, desea contagiarte por estos dos sueños:
a.- Multiplicar las células una vez por año.
b.- Conquistar nuestra generación para Cristo.
Pero, antes de todo saca algunos minutos para escribir lo que estás sintiendo, tal vez tú quieras usar las líneas que están abajo para escribir una oración a Dios:

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21 días de ayuno – día 10

LA MANERA BÍBLICA DE REUNIRNOS

En el día de Pentecostés, la iglesia comenzó con ciento veinte personas. Todos fueron llenos del Espíritu y luego, en el primer día, casi tres mil vidas fueron añadidas. Pocos días después, ellos eran cerca de cinco mil. Entonces, comenzaron a reunirse no de acuerdo con la forma congregacional judía y ni como los grandes grupos de los griegos y romanos, pasaron a reunirse en las casas. Necesitamos apuntar para ello. El Señor estableció una forma completamente diferente para la edificación de su iglesia. Los judíos estaban acostumbrados a las congregaciones. En realidad, ellos ya se reunían en sinagogas y estaban acostumbrados a ese tipo de reunión. Los griegos y romanos, por otro lado, poseían los grandes grupos en los anfiteatros. A ellos les gustaba grandes reuniones y llegaron incluso a desarrollar sofisticados sistemas acústicos que les permitía hablar a grandes multitudes sin mucho esfuerzo. Sin embargo, al principio de la iglesia, el Señor no siguió la forma congregacional judía y ni la de los grandes anfiteatros griegos y romanos, sino que llevó a la iglesia a reunirse de casa en casa.    

¿Quién inventó esa manera de reunirse? Ciertamente fue el Espíritu Santo. Necesitamos reconocer que aquellos primeros cristianos estaban todos llenos del Espíritu y todo lo que hacían era de acuerdo con la dirección del Espíritu. Hechos 2-46 dice que ellos se reunían en el templo y de casa en casa. La manera en que se reunían tenía dos lugares, estaban en el templo para grandes reuniones y se reunían en las casas diariamente.

Diariamente perseveraban unánimes en el templo, partieron pan de casa en casa y tomaban sus comidas con alegría y sencillez de corazón. (Hechos 2-46)        

Es interesante observar que, de acuerdo con la expresión griega usada en el texto, cuando dice que se reunían de casa en casa, se puede entender que no seleccionaban casas específicas, pero incluían todas las casas de los hermanos. En aquellos días, tener una reunión en casa con los hermanos formaba parte de la vida normal de la iglesia. No eran reuniones sistematizadas, sino que se reunían para compartir la doctrina de los apóstoles y ministrar mutuamente el Espíritu de Dios.

Creo que todavía podemos avanzar mucho en nuestra visión de las células. Nuestras reuniones todavía están programadas y las casas de los anfitriones son escogidas cuidadosamente, pero piense en la revolución que sería si todos los hermanos hicieran espontáneamente una reunión en casa. Esto sería un gran movimiento de Dios.

Pero ¿cómo podríamos tener una reunión en cada casa? Hay muchos hermanos que son débiles. Hay quienes son tímidos y no pueden hablar en público. A otros les gusta hablar, pero aún no tienen el debido conocimiento de la Palabra de Dios. A causa de eso, elegimos separar líderes y anfitriones a nuestras células. Pero necesitamos admitir que esto todavía pone un límite en la acción del Espíritu entre nosotros.       

No importa si los hermanos son débiles o fuertes, viejos o jóvenes, están bien informados o no; si ellos son creyentes, entonces deben reunirse en sus casas. Si usted es un cristiano, si usted es creyente, necesita abrir su casa para las reuniones. Este es el primer modelo que se aplicó al principio de la iglesia en el libro de Hechos.        

La consolidación de un nuevo convertido es algo que siempre nos preocupa, pero piense cómo sería maravilloso si una persona recién salva fuera bautizada e inmediatamente abriera su casa para una reunión de la célula. Al abrir su casa, eso la animaría y la sostendría poderosamente. Las reuniones en casa son la manera máxima, más excelente y bíblica para reunirse.

EL CAMBIO EN EL RECORRER DE LA HISTORIA
Desgraciadamente, la manera establecida por el Espíritu Santo no duró mucho tiempo. Por fuentes históricas, sabemos que, al final del segundo siglo, esa manera de reunirse comenzó a menguar hasta ser totalmente abandonada. A partir del final del segundo siglo, la iglesia se volvió completamente congregacional.
Como resultado de esta forma de reunirse, la iglesia pasó a necesitar grandes oradores, predicadores talentosos, grandes ministros y evangelistas. En esa época surgieron los primeros monasterios, lugares donde la gente se separaba para buscar a Dios. Era el equivalente a los días de nuestros seminarios de hoy. Después de eso, todos aquellos alumnos entrenados allí se convirtieron en el clero y, a partir de eso, se creó toda una organización eclesiástica. Esta es exactamente la forma en que el cristianismo se organiza hoy.

Todas las denominaciones dependen de los seminarios. Sin ellos, no hay otro medio para entrenar a las personas para predicar y enseñar el evangelio. A partir de esos seminarios, el clero aún hoy se establece. Necesitamos rechazar ese sistema y volver a la forma simple del discipulado a través de las células. Todavía tenemos nuestras escuelas bíblicas, pero el verdadero entrenamiento ocurre en nuestras células.
Hace tres siglos, Zinzendorf invitó a los hermanos a mudarse a su propiedad en Bohemia, Alemania, y allí empezaron a practicar la vida de la iglesia. Fue un gran avance en la restauración de la iglesia, pero Zinzendorf no mencionó nada acerca de las reuniones en casa. Un siglo más tarde, los Hermanos Unidos se levantaron en Inglaterra y se organizaron en pequeñas congregaciones, pero aún no tenían mucho conocimiento sobre las reuniones en las casas. En la década del 60, Paul Yongy Cho desarrolló la visión de los grupos familiares en Corea del Sur y, desde entonces, esa visión se ha extendido por todo el mundo.

Creo que en estos días el Señor ha mostrado la deficiencia, la pérdida y el daño que la iglesia sufre por omitir las reuniones en casa. No hay manera de que las grandes congregaciones edificaren a los santos.
No quiero, sin embargo, pasar la idea de que los grandes predicadores son inútiles. Pedro fue muy útil en el día de Pentecostés y su predicación aquel día trajo casi tres mil personas a la iglesia. Pero ese fue sólo un lado de la historia. Después de convertidos, ellos pasaron a reunirse en los hogares, de casa en casa. ¿Y qué compartían en esas reuniones? Ellos habían recibido ese mensaje de Pedro en Hechos 2 y ciertamente hablaban de ella unos a otros en las reuniones en las casas, repetían lo que habían aprendido con Pedro.

Aquellos hermanos más celosos tienen temor de que, permitiendo que los hermanos hagan reuniones de casa en casa, cosas negativas puedan suceder. Pero yo creo que lo contrario es aún más verdadero, las reuniones en las casas pueden proteger a los hermanos del error y del pecado.Si abren sus casas, van a pensar con cuidado antes de perder la paciencia con su esposa. Saben que en media hora todos los santos llegarán para reunirse. Los hermanos serán un motivo para que se santifiquen. Si llegáramos al punto de reunirse diariamente, como afirma el verso 46 de Hechos 2, los hermanos serían aún más protegidos, pues no tendrían ocasión para el pecado.

Pero lo principal es la gran bendición que los hermanos traen a la casa cuando se reúnen allí. Cuando los santos entran en una casa, todos entran con Cristo, todos entran con mucha oración y alabanza. Los hermanos traerán un ambiente de oración y habrá muchas bendiciones para aquella familia. Puede ser que se encuentren muy débiles, pero las reuniones serán el propio medio de su fortaleza. Las reuniones en casa van a rescatarlos, fortalecerlos y enriquecerse.

EVITEMOS EL CONCEPTO NATURAL
     No debemos reunirnos según nuestro concepto natural. Sé que la palabra griega ekklesia significa «una congregación llamada fuera de una ciudad». El hecho es que los griegos llamaban a todas las personas de la ciudad para unirse a un anfiteatro para un cierto propósito, y así ocurría una congregación o ekklesia. Esta era la manera como los griegos y romanos se reunían, ellos tenían las grandes reuniones.

En cierto modo, es una manera mundana de pensar. Pensamos que una gran victoria es reunirse en un estadio, o imaginamos que el mover de Dios se manifiesta en los grandes grupos del coliseo. Pero ese pensamiento sólo sigue el concepto de la sociedad humana sin Dios. Es algo del hombre natural. Pero la manera establecida por el Espíritu Santo fue la reunión en las casas. Nunca se oyó de ninguna clase de movimiento o de ningún tipo de cultura que haya inventado esa forma de reunirse en cada casa. Tal cosa está sólo en la Biblia. Esta era la manera en que los creyentes llenos del Espíritu Santo vivían la vida de la iglesia. Eso es extraordinario. Es una visión que no sigue la manera natural de la sociedad.
Nuestro problema actual es que todavía somos naturales en nuestra forma de pensar. Todos nacemos en un ambiente religioso y tenemos una enorme dificultad para abandonar la forma antigua de pensar. Antes de ser salvos, cuando nos invitaban a ir a la iglesia, preguntábamos quién sería el predicador. Si nos decían que el Fulano de Tal hablaría, entonces íbamos, esta manera es completamente natural.

En realidad, aún hoy, si anunciamos que habrá una reunión el próximo sábado, muchos preguntarán quién será el predicador. Es posible que muchos decidan ir dependiendo de quién va a hablar. Esto es algo que está en nuestra naturaleza, forma parte de nuestra sangre. Pero si somos serios con el Señor y queremos el verdadero crecimiento y la edificación de la iglesia, debemos rechazar esta manera religiosa del cristianismo tradicional.
Sin embargo, necesito decir que valore las grandes reuniones. Sin embargo, si tenemos solamente las reuniones grandes, seremos como un avión 747 que tiene solamente un ala. ¿Cómo podemos volar? Necesitamos a ambos lados. Necesitamos reuniones grandes así como de reuniones pequeñas.
No debemos despreciar las grandes reuniones, pero necesitamos equilibrarlas con los pequeños grupos. Aunque la mayoría de los miembros de la iglesia participan activamente en una célula, necesitamos reconocer que nuestros hermanos aún valoran mucho más los cultos del domingo. Muchos, según su concepto, dirían que prefieren ir a las grandes reuniones a ir a las reuniones en casa. Necesitamos cambiar este concepto. Necesitamos las dos.
Las reuniones en casa son la única manera de crecer y edificar la iglesia. Hay muchas cosas positivas que ocurren en las células. En estas reuniones, todos empiezan a ser personas que buscan, que sirven, que predican, que enseñan y que espontáneamente testifican del Señor.

UNA EXPLOSIÓN DE CRECIMIENTO
La frase griega en Hechos 5-42 indica que ninguna casa ha sido omitida o dejada de lado. Ellos se reunían de casa en casa. No debemos restringirnos sólo a la multiplicación normal de la célula, y tampoco debemos ser demasiado cuidadosos y elegir sólo algunas casas prometedoras para reunirse en ellas. Necesitamos creer que la casa de cada creyente es prometedora. Todos necesitamos abrir nuestras casas.
¿Cómo podemos hacerlo? Quizás primero deberíamos reunirnos con nuestros parientes. Podemos comenzar nuestra reunión en casa reuniéndonos con los miembros de nuestra familia. Todos los creyentes casados ​​pueden tener una célula con su familia en su casa. Es una reunión sólo de marido, esposa e hijos, aun así sean pequeños. Cuando comenzamos esa reunión, ella despertará nuestro corazón y despertará la llama en nuestro espíritu. Primero, seremos incendiados, y luego nuestra familia será incendiada. Si usted comienza la reunión en su casa, usted evitará que entre muchas cosas malignas en su hogar.
No diga que usted es débil, que no puede avanzar o que no podrá ministrar nada a los demás. Simplemente, establezca una reunión en su casa. Ya hemos experimentado cientos de veces que, cuando se establece una célula, el Espíritu Santo trae a las personas. Poco a poco, la gente viene.

Creo que hoy necesitamos poner otro criterio para reconocer a alguien que efectivamente ha interiorizado la visión. Esta persona necesita tener una reunión en su casa. Muchos son cristianos, pero no tienen una reunión en casa. Pueden conocer la Biblia, ser espirituales, pueden ser que busquen y amen al Señor, pero si no abren sus casas, no tienen realmente la visión. Incluso los solteros pueden abrir su apartamento para las reuniones. No basta con una célula para estar envuelta en la visión, es necesario abrir la propia casa para una célula.

¿Quieres ser santo? Establezca una reunión en su casa. Cuando tenemos una reunión en casa, procuramos santificarnos a causa de los hermanos. ¿Quieres ser espiritual? Establezca la reunión en casa. ¿Quieres conocer la Biblia? Nada le obligará más a buscar el conocimiento de la Biblia que tener una reunión en casa. Las reuniones en casa obligarán a buscar el conocimiento correcto y espiritual y aún buscar conocimiento para enseñar a los demás, usted mismo será instruido, iluminado y alimentado.
Hoy me atrevo a decir que tener una célula en casa es el camino más seguro para el crecimiento espiritual. Pero no sólo eso, la célula es también la protección espiritual. Si llegáramos al punto de reunirse diariamente como hacían los primeros cristianos, ciertamente veríamos cómo seríamos guardados del pecado sólo por estar juntos. Nuestra mentalidad todavía no nos permite pensar en reuniones diarias, pero podemos por lo menos tener una célula que tiene una reunión semanal en casa.

Creo firmemente que avanzamos hacia nuevos umbrales en esta visión. Podemos tener una explosión de multiplicación. Basta que cada creyente realmente interiorice la visión y la tenga presente en su corazón. Esta es la única manera de edificar una iglesia de vencedores en esta generación. Me atrevo a decir que esta es la única forma de conquistar nuestra generación. Si cada creyente es un sacerdote, entonces la casa de cada creyente necesita ser una expresión de la iglesia. Este es el avance natural de la visión.

En el lema de nuestra visión, decimos que «nuestro encargo es edificar una iglesia de vencedores, donde cada miembro es un sacerdote (ministro) y cada casa, una extensión de la iglesia […». Véase bien que hemos enfatizado fuertemente que cada creyente individualmente es un sacerdote, pero no hemos dado el mismo énfasis para que cada casa sea una expresión de la iglesia. Una casa solamente será una extensión de la iglesia si en ella hay una reunión de la iglesia, la célula. Necesitamos avanzar para que cada creyente abra su casa para tener una célula.

Observe que hemos hablado esto durante más de quince años, pero cuando traemos un énfasis sobre lo que nosotros mismos hablamos, el resultado es que somos vistos con desconfianza. Piensan que somos extremistas. Nadie está obligado a tener una reunión en su casa, pero si la visión está en su corazón, eso inevitablemente ocurrirá.

Comience primero con una reunión con su familia, pero esté preparado para que se convierta en una célula que incluya a otras personas. Si realmente vivimos la verdad de esta visión, si realmente creemos que nuestra casa es una extensión de la iglesia, si realmente creemos que necesitamos abrir nuestra casa, entonces tendremos una verdadera explosión de salvación y multiplicación. Cosas tremendas nos aguardan. ¡Ven a la visión de la conquista y de la edificación! ¡Abra su casa para una célula!.

21 días de ayuno – día 9

EL DISCIPULADO DE UN MINISTRO

La Palabra de Dios declara enfáticamente que sólo hay un mediador entre Dios y los hombres (1 Tm 2-5). Todo creyente cree en esta verdad, pero yo convivo con cientos de hermanos que están esperando que yo sea mediador entre ellos y Dios. Son personas que no logran asimilar la visión.
¿Qué es lo que realmente tiene que ver con la visión? Es muy sencillo. Nosotros declaramos que cada creyente es un ministro o sacerdote, eso significa que él no necesita a nadie para ser su mediador delante de Dios.

No significa que no necesitamos unos de otros o el consejo de hermanos mayores, pero es pecado buscar a alguien para ayudarte antes de buscar a Dios. Usted espera que alguien resuelva su problema, pero no llevó este problema en oración al Señor. Esto significa que usted confía más en el hombre que en Dios, o al menos cree que aquella persona está más cerca de Dios y por eso mismo puede ser su mediador.

Algunos esperan que se les diga cuál es la voluntad de Dios para sus vidas; otros esperan que se les explique el significado de que ha ocurrido con ellos; otros aún, que se les revele los misterios que ellos no entienden. Me gusta bendecir a la gente y obviamente hago lo mejor para ayudarlas, pero este tipo de cuestión debe llevarse a Dios, no a los hombres.

Siendo cada creyente un ministro, nuestro trabajo como líderes es equiparlos para que sean capaces de hablar con Dios y recibir de Él dirección sobre esas dudas y problemas. El papel de un pastor no es ser la voz de Dios, sino que es ayudar a las personas a conectarse con Dios para que puedan oír la voz del Señor por ellas mismas. Es evidente que Dios nos habla a través de nuestros hermanos, incluso del pastor, pero necesitamos tener cuidado para no transformarlos en voz de Dios.

Cuando usted se enfrenta a una situación difícil, a quién usted llama primero? A su pastor o a Dios? Cuando usted no entiende un versículo de la Biblia, ¿a quién usted consulta? A su pastor o a Dios? No entienda mal. Nosotros necesitamos unos de otros y Dios ciertamente usa a nuestros hermanos para hablar con nosotros. Lo que estoy tratando de decirle es que, desgraciadamente, la mentalidad de muchos creyentes es la de un mediador. Hay un oráculo que le dirá todo lo que Dios quiere decirle. Esto tal vez fuera verdad en el Antiguo Testamento, pero ya no es así. En estos días del Nuevo Testamento, cada creyente fue hecho un sacerdote y cada uno puede oír de Dios individualmente sin ningún mediador que no sea Cristo Jesús.

No haga de su pastor, discipulador o líder una «muleta» de su relación con Dios. Todo bien tener una muleta momentáneamente mientras no podemos caminar, pero debemos cada vez más ser capaces de andar sin muletas a medida que crecemos.       
Si no comprendemos claramente la visión, transformaremos el discipulado en una distorsión del cristianismo. Muchos discipuladores están, muchas veces sin darse cuenta, transformándose en mediadores entre Dios y sus discípulos.

EL CENTRO DEL DISCIPULADO       
La ilustración de los corazones concéntricos puede ser útil para comprender la prioridad de Dios. Esta ilustración nos muestra el nivel de cada uno en el entendimiento del propósito eterno de Dios. Algunos están en el nivel más básico de comprensión del reino de Dios. En ese nivel, están aquellas personas que quieren hacer cosas para Dios. Ellas no se preocupan mucho por el deseo del corazón de Dios, sólo desean realizar cosas buenas, relevantes y útiles para los necesitados.

En el segundo nivel, están aquellos que entendieron que hay algo más central en el corazón de Dios: la iglesia. Estas personas se reúnen en las llamadas misiones paraeclesiásticas. Ellas comprenden que lo que importa es predicar el evangelio, pero no perciben que predicar el evangelio no es todo, hay que edificar a las personas, y esa edificación sólo es posible en el ámbito de la iglesia local.      

En el siguiente nivel hacia el centro, están aquellas personas que comprendieron que la iglesia local es algo más central en el corazón de Dios. Muchas iglesias avanzaron hasta ese nivel. Por eso, viven de grandes eventos, programas y celebraciones.

Otras, sin embargo, han avanzado en la revelación del corazón de Dios y percibieron que una iglesia sólo puede ser edificada por medio de grupos más pequeños, que hemos llamado células. Hoy estamos en esta etapa, y ya es un avance, pero todavía hay algo más central que las células.      

La siguiente etapa es el discipulado. En la propia célula, hay un punto central. La célula no es el punto final de la visión. Sin embargo, si paramos aquí, sólo tendremos una religión organizada. Hay todavía algo que es más central que todas las cosas. El discipulado tiene un punto central, y ese punto es Cristo dentro de nosotros.

El centro del evangelio es Cristo dentro de nosotros. El objetivo de Dios es que cada uno de sus hijos sea guiado por el Espíritu que hoy habita dentro de nuestro espíritu humano regenerado.      
El objetivo del discipulado, por lo tanto, es llevar a la gente a experimentar el control de Cristo en sus vidas por medio del Espíritu Santo. No tenemos discípulos nuestros realmente, no los tenemos para nosotros mismos, sino para llevar a cada uno de ellos a conocer a Cristo. Todos son, en realidad, discípulos del Señor. Nuestro trabajo como discipuladores es llevarlos a aprender a sentir, oír y percibir la voz del Cristo vivo dentro de ellos.

Debemos enseñar lo que el evangelio dice acerca de Cristo y de la voluntad de Él cumpliéndose en cada uno. Tenemos la obligación de ser modelo de vida, no para que ellos nos miren, sino para que vean a Cristo en nuestro vivir diario.

Cristo es el centro de todo, nadie es dueño de nadie, tampoco el discipulado es un sistema eclesiástico, sino una relación de vida. No es cuestión de vivir juntos, ni de tener una intimidad tal como caminar juntos todo el día. No es el discipulador el que cambia la vida del discípulo. Esto es obra del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios operando en él.
Los que buscan mucha intimidad suponen, de manera carnal, que es la capacidad del hombre que nos cambia. Entonces, se imaginan que si estan suficientemente cerca de su discipulador, serán otra persona. Pero lo que nos transforma es contemplar al Señor, por eso el buen discipulador apunta a Cristo.

El discipulado no es una mera amistad, sino una relación orientada hacia un propósito, el propósito de ver a Cristo siendo formado en una persona para que esa persona pueda ser enviada y generar muchos hijos para Dios. Todos siempre deben recordarse: el centro de nuestra obra es el Espíritu Santo, que es Cristo en nosotros.        
Todo creyente necesita tener un discipulador, alguien reconocido con autoridad para enseñarle y conducirlo en ese camino de aprender a ser guiado por el Espíritu para generar muchos hijos para Dios y así edificar la iglesia.

SIN DEPENDENCIA O MANIPULACIÓN
El discipulado es muy importante, pero puede convertirse en un problema si no percibimos que hay algo más central en la vida cristiana. El punto central de la vida cristiana es Cristo en nosotros. Esto significa que el objetivo del discipulador es llevar a su discípulo a escuchar al Espíritu y seguir su voz. No tenemos discípulos realmente. Los discípulos son de Cristo. Somos como placas señalizadoras apuntando hacia Cristo.   
Cuando no entendemos la centralidad de Cristo, podemos incurrir en ciertos desequilibrios que necesitan ser evitados. Podemos caer en el agujero de la dominación sobre el discípulo, y el discípulo, a su vez, puede caer en el error de la superdependencia.

Cualquier método de discipulado que induce a las personas a seguir a un líder y a obedecer reglas, y no a Cristo, es fundamentalmente maligno. Todo discipulado debe llevar a la gente a ser como Cristo. Este debe ser el gran objetivo de todo discípulo. Todo lo que quita a Cristo del centro, sea un buen método o un óptimo sistema de discipulado, debe ser completamente removido de nuestro medio.        
Discipuladores que no comprenden que el centro del discipulado es llevar al discípulo a oír de Cristo en su espíritu normalmente llevan a los discípulos a depender de ellos. Ellos se colocan como mediadores entre el discípulo y Dios. Desafortunadamente, están completamente fuera de la visión. En realidad, están destruyendo.

Cuando los discipuladores se colocan como mediadores espirituales, los discípulos pasan a depender de ellos en todo. Los discipuladores pasan a ser su guía espiritual, decidiendo todo por ellos. Decidir por ejemplo; si el discípulo debe o no vender el coche, si viaja o no, si debe o no relacionarse con determinada chica o chico. Este nivel de autoridad y de gobierno de los discipuladores sobre los discípulos produce una sensación de tranquilidad y pasividad en aquellos que están siendo discipulados. Después de todo, ya no tienen que decidir sobre nada y ni siquiera preocuparse de orar al respecto, pues su discipulador cuida de todo.      
Y hay mucha gente que le gusta. Los discípulos se sienten tranquilos, porque ya no necesitan orar ni buscar a Dios sobre este o aquel asunto, ni corren el riesgo de tomar decisiones erróneas. Si alguien se equivoca, será el discipulador. Sin embargo, esto no es discipulado. Es manipulación religiosa.

En el discipulado verdadero, enseñamos a los discípulos a depender de Dios y a buscar su voluntad.
¿Cómo actuar en una situación en la que el discípulo busca orientaciones? Una actitud simple es orar junto con él y llevarlo a tomar una decisión. El discipulador debe mostrar todas las salidas posibles y dejar que él decida. Si, como discipuladores, no entendemos ciertos asuntos, debemos recomendarle que busque el consejo de otras personas en esa área específica. A continuación, déjelo decidir. Si decides lo correcto, madurarás en el Señor. Si se equivoca, madurará con más rapidez aún. Y jamás debemos culparlo por un eventual error, ni debemos culparnos también.
El discipulado autoritario, en lugar de producir madurez, produce inmovilidad espiritual. La persona crece en una eterna dependencia en todo, no aprende a depender de Dios y buscar a Cristo en las mínimas cosas.

Tenga mucho cuidado con el asesoramiento sobre la vida del discípulo. La Palabra de Dios dice que que hay que guardar el rebaño de Dios que hay entre nosotros, no como constreñidos, sino espontáneamente, como Dios quiere; no como dominadores de los que nos fueron confiados, antes, haciéndonos modelos del rebaño (1 P. 5.2-3).
La primera cosa que tenemos que afirmar con claridad y convicción es que en todo discipulado es primero a Cristo, o sea todo discípulo, es ante todo un discípulo de Cristo. El discípulo debe ser discípulo de Cristo, y no de hombres.

Hay una tendencia muy sutil en el trabajo de discipulado de dejarse llevar por el legalismo y el control de la vida del discípulo. Cuando desconocen las exigencias de Jesús, los discipuladores imponen sus propias exigencias. Ya he escuchado a los pastores afirmar que a la gente le gusta ser exigida, de ser obligada a vestir y comportarse de esa manera, y que les gustan las prohibiciones. Alguien ya llegó a afirmar que los creyentes les gusta predicadores que golpean, porque pasan la idea de un evangelio más serio. Pero lo que hemos visto a menudo es sólo legalismo religioso.
       
LA AUTORIDAD EN EL DISCIPULADO
La primera base de edificación de un discípulo es el reconocimiento del Señor Jesús como Rey. Conversión significa cambio de gobierno. A partir de ahora, la Palabra de Dios es la base de nuestra vida.

En el reino hay autoridades delegadas. Si una persona no reconoce autoridad, no puede ser edificada y discipulada. La sumisión es la condición básica del discipulado. Sin sumisión, no hay formación o discipulado.
Sin embargo, un riesgo que muchos, comprensiblemente, temen es el abuso de la autoridad por parte del discipulador. Por eso, el propio discipulador necesita ser discípulo. El principio básico para tener autoridad es estar bajo autoridad.
Cada discipulador necesita entender que él es siervo del discípulo, y no el dueño. Debe enseñar todo el consejo de Dios, y no sus gustos y preferencias personales, porque no tenemos discípulos de hecho, los discípulos son de Cristo.

Ciertos discipuladores presumen que lo que piensan debe ser seguido por el discípulo ciegamente. Pero eso es un absurdo. Un discípulo puede discrepar y hasta debatir una idea con su discipulador y aún mantener un corazón sumiso.       
La palabra de un discipulador a su discípulo puede ser de tres niveles:  

A. LA PALABRA DE DIOS       
Evidentemente, ante la Palabra de Dios, la sumisión de un discípulo debe ser completa y absoluta. Si un discípulo ignora la Palabra de Dios, podemos entonces afirmar que él es rebelde. Pero cuando digo «Palabra de Dios», me estoy refiriendo específicamente a lo que está escrito en la Biblia.
Si, por ejemplo, un líder llega a mí y dice: «Pastor, me gustaría salir con Mariquita». Yo le pregunto: «¿Quién es la Mariquita?». Él entonces me responde que es una muchacha que él conoció en la escuela y que aún no es convertida. En una situación así, la Palabra de Dios dice claramente que él debe terminar esa relación simplemente porque no hay comunión entre luz y tinieblas y ellos están constituyendo un yugo desigual (2Co 6.14-18).
En ese caso, el discipulador puede ser absolutamente directivo, y si el discípulo se niega a oír la Palabra, puede ser considerado rebelde.
      
B. EL CONSEJO DEL DISCIPULADOR
     El segundo nivel de palabra es el consejo. Los consejos son palabras basadas en la experiencia y el conocimiento del discipulador. Aunque es un consejo bueno y sensato, la sumisión es relativa en ese caso.
El discipulador tiene más experiencia y es capaz de dar un consejo, pero él no puede obligar a su discípulo a seguir ciegamente sus consejos. En este caso, la sumisión al discipulador es relativa. Por eso, el discipulador debe persuadir y convencer a su discípulo a obedecer.
Vamos a imaginar el siguiente ejemplo: el discípulo llega a mí y dice que le gustaría casarse con Serafina. La chica es creyente fiel, pero tiene sólo 16 años y él tiene sólo 18. Yo le doy entonces un buen consejo: «Es mejor esperar un poco más, porque ustedes son muy jóvenes». ¿Es un buen consejo? Por supuesto. Pero es la Palabra de Dios? La Biblia, de hecho, no dice con qué edad alguien debe casarse.
Creo que el discípulo debería escuchar mi consejo. Pero, ¿y si aún así decide casarse? ¿Debo rechazarlo como rebelde? ¡Claro que no! En realidad, yo debería decir: «Lo mejor es que no se case, pero ya que va a casarse, entonces vamos a trabajar para que salga bien.
Podemos aconsejar sin imponer nuestro punto de vista o nuestra autoridad. Pero el problema está exactamente aquí: a causa del énfasis en la autoridad, siempre que aconsejamos, creemos que nuestro consejo tiene que ser seguido tal cual. Somos los profetas de los últimos días que reciben toda la verdad para conducir a las personas en la vida cristiana. Si no nos obedecen, nuestra tendencia es rechazarlos. Por supuesto, necesitamos dar orientaciones claras a los discípulos. Entre ellas, la de que deben buscar en Dios la respuesta, y no en nuestro consejo.
Un discípulo, sin embargo, que nunca oye un consejo de su discipulador es orgulloso y autosuficiente. A pesar de no ser necesariamente rebelde, es resistente a la enseñanza y difícilmente puede ser edificado. El buen discípulo necesita escuchar el consejo de su discipulador, pero un discipulador no puede obligar al discípulo a seguir su consejo.
       
C. LA OPINIÓN DEL DISCIPULADOR
El tercer tipo de palabra del discipulador son sus opiniones.
Las opiniones expresan sólo las preferencias y los gustos personales del discipulador. Por lo tanto, no es necesario ningún tipo de sumisión a sus opiniones y gustos personales.
Vamos a suponer que el discípulo llegue y diga al discipulador:
«Estoy disfrutando de Cremilda.» Entonces, rápidamente, el discipulador interfiere: «¿Pero Cremilda? Ella es muy fea. «Usted puede conseguir algo mejor.» No hay que decir que esa opinión puede ser solemnemente ignorada.

El problema ocurre cuando el discipulador no comprende estos tres niveles de palabra y decide exhortar a sus discípulos para que sigan todas sus opiniones humanas. Esta es la causa de las distorsiones y abusos que ocurren en muchas iglesias. No tenemos realmente discípulos. Los discípulos son de Cristo. Y los discípulos deben oír lo que está en armonía con la Palabra de Dios.

21 dias de ayuno – Día 8

MINISTROS DE LA NUEVA ALIANZA

En tiempo del Nuevo Testamento, todo creyente fue constituido un ministro, un sacerdote del Señor. El entendimiento de que cada creyente es un sacerdote es un punto muy importante en la visión que practicamos. Si perdemos esa verdad, toda la práctica de la vida de la iglesia estará comprometida.
Pero no basta saber que somos ministros, necesitamos resaltar que somos ministros del Nuevo Testamento. Hay una gran diferencia entre ser un ministro de la Antigua Alianza y un ministro de la Nueva Alianza. Lamentablemente, es posible vivir en los días del Nuevo Testamento, pero aún liderar como un ministro de la Antigua Alianza. Desafortunadamente, muchos todavía mezclan las dos alianzas.
En 2 Corintios 3, Pablo hace un paralelo entre estos dos tipos de ministros:
pues él nos ha capacitado para ser servidores de una nueva alianza, basada no en una ley, sino en la acción del Espíritu. La ley condena a muerte, pero el Espíritu de Dios da vida. Si la promulgación de una ley que llevaba a la muerte y que estaba grabada sobre tablas de piedra se hizo con tanta gloria que los israelitas ni siquiera podían mirar la cara de Moisés, debido a que ese resplandor destinado a desaparecer era tan grande, ¡cuánta más será la gloria del anuncio de una nueva alianza fundada en el Espíritu! Es decir, que si fue tan gloriosa la promulgación de una ley que sirvió para condenarnos, ¡cuánto más glorioso será el anuncio de que Dios nos hace justos! Porque la gloria anterior ya no es nada en comparación con esto, que es mucho más glorioso. Y si fue glorioso lo que había de terminar por desaparecer, mucho más glorioso será lo que permanece para siempre. Precisamente porque tenemos esta esperanza, hablamos con toda libertad. No hacemos como Moisés, que se tapaba la cara con un velo para que los israelitas no vieran el fin de aquello que estaba destinado a desaparecer. Pero ellos se negaron a entender esto, y todavía ahora, cuando leen la antigua alianza, ese mismo velo les impide entender, pues no les ha sido quitado, porque solamente se quita por medio de Cristo. Hasta el día de hoy, cuando leen los libros de Moisés, un velo cubre su entendimiento. Pero cuando una persona se vuelve al Señor, el velo se le quita. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por eso, todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.
(2 Co 3.6-18)
Observa que Pablo usa las palabras ministro y ministerio várias veces. Vamos a tomar cada una de esas menciones y entender lo que significa realmente ser un ministro del Nuevo Testamento.

I. MINISTROS DE LA LETRA O MINISTROS DE LA NUEVA ALIANZA?

´´ El cual nos ha habilitado para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, pero el espíritu vivifica«. (2 Co3.6)
La primera cosa que Pablo dice es que el ministerio de la Nueva Alianza no es un ministerio de la letra. ¿Qué significa ser ministro de la letra? La palabra «letra» aquí puede tener el sentido de la palabra sin el Espíritu. La letra sería la palabra sin la revelación y la vida. Si tomamos la Palabra de Dios sólo como un texto natural, sin oración, no va a generar vida en nosotros.
Este ciertamente es un sentido correcto, pero creo que hay otra forma de entender el significado de ser ministros de la letra. Ciertamente, usted ya concluyó que la palabra «letra» aquí no se refiere a los caracteres que usamos para escribir las palabras. La palabra «letra» era una forma como antiguamente las personas se referían a una deuda registrada en la notaría. La palabra «letra» usada en 2 Corintios 3.6 podría también ser traducida como la «ley del Antiguo Testamento». En realidad, aún hoy, la palabra «letra» es usada como sinónimo de promesa, carta de fianza, declaración por escrito en el caso de que el gobierno emite un documento llamado LTN, Letras del Tesoro Nacional. Cuando usted adquiere una LTN, el gobierno pasa a ser su deudor. Usted pasa a tener una carta prometedora llamada Letra del Tesoro.
La letra no es más que el cobro. En ese sentido, predicar la letra es predicar la deuda que las personas poseían con Dios de acuerdo con la ley. Esto significa que hoy no predicamos más la ley del Antiguo Testamento. No estoy diciendo que no podemos predicar el Antiguo Testamento, pues yo mismo soy profesor del Antiguo Testamento. Pero sólo podemos predicar si es para apuntar a Cristo.
Como ministros del Nuevo Testamento, no predicamos la deuda o el cobro. Nosotros ministramos vida unos a otros, y no condenación y cobranza. Muchos todavía creen que la condena tiene poder para transformar a las personas, pero lo único que cosechamos de la condenación es la muerte.
Predicar la letra es predicar que la gente está en deuda con Dios. Pero no es eso lo que dice el Nuevo Testamento. En Colosenses 2.14, Pablo dice que el Señor Jesús canceló el escrito de deuda que era contra nosotros y que constaba de ordenanzas, el cual nos era perjudicial, lo quitó enteramente, encerrándolo en la cruz. Esto significa que ahora no hay ninguna condenación para nosotros que estamos en Cristo. Nuestra deuda ya ha sido pagada. Por tanto, ministramos el perdón, y no la condenación. Desafortunadamente, todavía hay algunos que se levantan en la célula para condenar y así traer muerte sobre la reunión.
Difícilmente, un pastor predica únicamente la ley. Normalmente, ellos predican un tipo de mezcla del Nuevo con el Antiguo Testamento. La mezcla es el gran problema. Muchos mezclan el evangelio de la gracia con la ley. Ellos creen que son salvos por la gracia, pero también creen que la comunión con Dios depende de ellos guardar los mandamientos de la ley. Creen que sólo aquellos que cumplen los mandamientos tienen sus oraciones contestadas. Viven como si no fueran justificados por la sangre.
Cuando un ministro de la letra encuentra a un hermano que ha faltado a las reuniones, cuál es su postura? Él es un cobrador. «Hermano, usted necesita tener más compromiso. La célula no crece porque usted es infiel». No es un ministerio muy agradable. Pero ¿no podemos exhortar más al hermano? ¡Por supuesto que podemos! Pero como ministros de la Nueva Alianza, y no de la letra.
¿Cómo haría un ministro de la Nueva Alianza? «Hermano, tú eres miembro del cuerpo de Cristo, y el cuerpo no está completo, sentimos tu falta, porque estamos unidos en un mismo amor, has recibido un don de Dios para bendecir, y, cuando usted falta, dejamos de ser bendecidos «. Vea cómo sería diferente. No es simplemente una cuestión de ser agradable, sino que es ministrar a Cristo.
El problema es que, en nuestra mente, hablar buenas cosas es sinónimo de ser un falso profeta. «Yo hablo la verdad que nadie quiere oír afirman algunos, pero ese era el ministro del Antiguo Testamento. Usted no fue llamado para dar buenos consejos, usted fue llamado a dar buenas nuevas, buenas noticias. Usted es un ministro de buenas noticias
Una gran pérdida para la iglesia es cuando interpretamos mal nuestro papel. En el cristianismo, el papel de un creyente no es decir las personas lo que es correcto o incorrecto. Por el contrario, es acordarlas de quiénes son y quién es Dios en su vida.
El cristianismo no es un club de moralidad. No es una religión a la que se junta para dictar lo correcto y lo incorrecto a los demás. Eso es ser ministro de la letra. La verdad es que el cristianismo es una unión con Dios que procede enteramente de lo que Él ha hecho por nosotros. Él tomó nuestro lugar muriendo en la cruz, pagó nuestra deuda y nos resucitó como una nueva creación.
Usted puede encontrar que la exhortación de la ley es más contundente, pero la exhortación de la Nueva Alianza es mucho más poderosa. Siendo ministro de la Nueva Alianza, usted necesita tener la palabra de la Nueva Alianza, que es siempre llena de gracia y de vida. Pero muchos creen que es un absurdo hablar de gracia para quien está equivocado. Creen que tiene que hablar de la condena de la ley. Habla de la gracia, porque es la bondad de que conduce a las personas al arrepentimiento (Rm2.4).
La palabra de Cristo es el mensaje del evangelio de que hemos sido perdonados y justificados por la sangre de la Nueva Alianza. La letra no puede transformar a nadie, sólo traer condenación y miedo.
Como ministros de la Nueva Alianza, necesitamos ser cuidadosos para no predicar de modo que las personas se sientan culpables pero perdonadas. Si somos ministros de la letra, vamos a predicar la condenación. El que es ministro de la letra no tiene una palabra de esperanza, sino sólo de miedo.
2. MINISTROS DE LA MUERTE O MINISTROS DEL ESPÍRITU? (V7)
Y si el ministerio de la muerte, grabado con letras en piedras, se cubrió de gloria, hasta el punto de que los hijos de Israel no pudieran mirar la cara de Moisés, a causa de la gloria de su rostro, aunque desvanecente, como no será ¡Mayor gloria el ministerio del Espíritu! (2 Co 3.7-8)
Pablo dice que el ministerio de la muerte fue grabado con letras en piedras. Todos sabemos que sólo la ley fue grabada en piedras. Siendo así, la ley es el ministerio de la muerte. El ministro que predica la letra siempre va a condenar a las personas, pero el que tiene el ministerio del Espíritu siempre ministrará fe en el corazón de las personas.
Según la ley, todo depende del hombre y de su obediencia.
Según la gracia, todo depende de Jesús y de lo que él realizó en la cruz. La ley exige justicia; pero la gracia concede justicia. La ley dice: «¡Hágalo!»; pero la gracia dice: «Yo hago por ti!». En el Antiguo Testamento, el hombre era bendecido si cumplía la ley (lo que nadie nunca logró), pero en el Nuevo Testamento, somos bendecidos cuando creemos en la obra de Cristo.
Predicando la Vieja Alianza se produce muerte. Pablo dice que la Vieja Alianza es el ministerio de la muerte. La principal causa de muerte en las iglesias es la predicación de la ley. La principal causa de un ambiente pesado en la célula es porque los hermanos todavía predican la ley. Cuando predicamos la ley, el ambiente se pone pesado a causa de la muerte de la condenación. Cuando predicamos la condenación siempre mostrando cuánto las personas se equivocan, llenamos la reunión de muerte. Pero si ministramos la gracia, el Espíritu puede actuar libremente.
El concepto común es que la reunión se pone pesada a causa del pecado de las personas, pero si la verdad es que si predicamos la gracia, las personas en pecado pronto confesarán y experimentarán el perdón de Dios. Condenar el pecado no libera vida, perdonarlo, sí.
La ley es el ministerio de la muerte, pero el ministerio de la Nueva Alianza es del Espíritu. Pablo dice que, donde está el Espíritu, allí hay libertad y vida. ¡Pero cuántas veces tenemos reuniones llenas de muerte! La muerte es algo difícil de definir, pero fácil de percibir. Todos percibimos cuando la reunión está pesada y muerta. ¿Y por qué el ambiente es pesado? La primera cosa que nos viene a la mente es que hay pecado en la reunión. Hay un Acán en la reunión.
Así, algunos consiguen una cacería del pecador. Comienzan exhortando y dando palos en el pueblo. Cuando comienzan la alabanza y el pueblo no canta, luego los exhortan preguntando: «¿Nadie comió frijoles hoy?». Como no funciona, empiezan a reprender el espíritu de pereza. Si supieran que son ellos quienes están matando la reunión, las cosas serían diferentes. Al ministrar la ley, ellos ministran, de hecho, la muerte.
Pero ¿qué hacer cuando llegamos a la reunión de la célula y sabemos que hay pecado allí? En la Vieja Alianza, ¿qué se hablaba al pecador? «¿La maldición te alcanzará?» Pero que la Nueva Alianza dice al pecador? Lo mismo que Jesús le dijo a la mujer encontrada en adulterio. Después de que todos se fueron, el Señor le preguntó: «Nadie te condenó, ella dijo: Nadie, Señor, entonces Jesús le dijo: Ni yo tampoco te condeno, ve y no peques más» (Jn 8.11). Este es el mensaje de la Nueva Alianza. ¿Te estás sintiendo mal por el pecado? Quiero decirle que lo entiendo. Yo ya he estado mal muchas veces a causa del pecado. Pero hoy quiero decirle que la sangre de Jesús es mayor que su pecado. Esto trae vida a la reunión. Sea un ministro del Nuevo Testamento.
Los mayores matadores de reunión son los ministros de la letra. Son ellos quienes llegan a la reunión de la célula con un espíritu de condenación y cobranza. El ministro del Espíritu, sin embargo, no habla de condenación, sino de perdón. No habla de muerte, sino de vida. No habla de la ley, sino de la gracia de Dios. Cuando usted se da cuenta de que la reunión es pesada, hable una palabra de la Nueva Alianza. Usted verá la vida fluir entre los hermanos.

3. MINISTROS DE LA CONDENACIÓN O MINISTROS DE LA JUSTICIA? (V. 9)

´´Porque si el ministerio de la condenación fue gloria, en mucho mayor proporción será glorioso el ministerio de la justicia«. (2 Co 3,9)
Todo sobre la ley tiene que ver con usted mirando a sí mismo. Pero todo sobre la gracia tiene que ver con usted viendo a Jesús. Esta es la gran prueba para saber si ha sido un ministro de la ley o ministro de la Nueva Alianza.
Una manera simple de evaluar qué tipo de ministro somos es observando si nuestra predicación lleva a las personas a ellas misma o Cristo. Si las estimulamos a ser introspectivas y a mirar hacia su propia performance, entonces predicamos la ley.
Vamos a imaginar una situación práctica. Usted va a ministrar la cena en su célula. ¿Que haces? Resuelve reflexionar con los hermanos. Usted pide que se queden de pie y cierren los ojos. Entonces, comienza a preguntar: «¿Es usted digno de tomar este cáliz? ¿Ha sido fiel, o será que usted se ha olvidado del Señor y seguido el pecado?»
Hasta ese momento, ¿estás llevando a los hermanos a mirar a sí mismos o a Cristo? Ellos sólo se miran de forma introspectiva. El resultado inevitable será peso y muerte. Sé que muchos van a empezar a llorar y a gritar, pero es sólo la sensación del peso del pecado. Al final, ¿quién puede sentirse digno o completamente fiel?
Ahora, vamos a imaginar esa misma escena. Usted va a celebrar y pide a los hermanos que cierren los ojos. «Usted, entonces, comienza la cena y a reflexionar con ellos:» Véase ahora Cristo sobre la cruz, él está allí por su causa, porque Él lo amó, ve este cáliz, él es el signo de que todos sus pecados fueron perdonados. El pan, es la señal de que, por las pisadas de Cristo, usted ha sido sanado. Usted puede llegar delante de Él con osadía, porque la sangre ya lo lavó.
Después de eso, las personas van a sentir alivio y una sensación de paz. Tal vez no haya nadie llorando, pero ellos están llenos de vida. ¿porque? Porque miraron a Cristo. No somos transformados por mirarnos a nosotros mismos, pero si cuando miramos a Cristo.

4. MINISTROS DE LA MANIPULACIÓN O MINISTROS DE LA LIBERTAD? (V. 13, 4.1-2)

´´Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y, donde está el Espíritu del hombre, Señor, ahí hay libertad«. (2Co3.17)
Primero, Pablo dice que Moisés colocaba el velo para que nadie se diera cuenta de que la gloria se desvanecía. Después, en 4.2, leemos a Pablo diciendo que él no adulteraba la Palabra de Dios. Esto nos muestra que cuando ministramos la ley, corre el riesgo de ser manipuladores.
Hay cuatro miedos básicos en todo ser humano, y estos son usados para la manipulación:
a. Miedo del castigo – Todo aquel que tiene miedo de castigo intentará encubrir su pecado todo el tiempo. Hará de todo para que las cosas de su interior no sean manifiestas. Pero, en Cristo, no tenemos que temer el castigo, pues una vez que confesamos y nos arrepentimos, nuestros pecados son olvidados.
b. Miedo del fracaso – Las personas controladas por ese miedo van a tratar de tomar el liderazgo todo el tiempo. Ellas pueden incluso ser exitosas por un momento, pero no consiguen tener paz en el corazón. Su enfoque es siempre la doctrina correcta y las cosas correctas, pero siempre intentan hacer esas cosas en su propia fuerza. Lo que no saben es que en la Nueva Alianza ganamos el deseo y el poder de hacer la voluntad de Dios.
c. Miedo al rechazo – El miedo al rechazo hace que las personas sean vulnerables a la alabanza, al aplauso ya que sean conscientes de sí mismas todo el tiempo. Pero en la Nueva Alianza, nuestra aceptación no se basa en nuestra actuación, sino en la obra de Cristo. Cuando nos sentimos completamente aceptados por Dios con base en la justicia de Cristo, el miedo al rechazo desaparece.
d. Miedo a la incapacidad- Este miedo lleva a las personas a buscar desesperadamente títulos y posiciones. Son personas que viven compitiendo y llenándose de innumerables actividades. Estas personas son liberadas cuando entienden que en la Nueva Alianza, nuestra credibilidad está basada en la capacidad de Dios para terminar su obra, no en nuestra propia capacidad.

5. MINISTROS DEL ROSTRO VENDADO O MINISTROS DE LA REVELACIÓN? (v. 18)
Sólo el evangelio tiene poder para transformar al hombre, porque sólo el mensaje del evangelio tiene poder para generar fe en el corazón. Pablo dice que somos transformados sólo por contemplar la gloria de Dios. ¿Y cómo contemplamos la gloria? Ciertamente, cada vez que predicamos, estamos haciendo un cuadro de Jesús ante las personas. Si ellas logran contemplar el cuadro que pintamos, entonces se transforman.
Sin embargo, si en vez de pintar un cuadro vívido de Cristo. Nosotros predicamos la ley, entonces no hay transformación en la vida de las personas. Ellas saldrán llenas de culpa y condenación, pero no habrá ningún cambio de vida.
La ley puede traer condenación, pero no tiene poder para transformar al hombre. Estamos acostumbrados a pensar que la transformación y fruto de nuestro esfuerzo y empeño, pero Pablo dice que somos transformados sólo en contemplar al Señor:
´´Y todos nosotros, con el rostro desvelado, contemplando como por espejo, la gloria del Señor, somos transformados, de gloria en gloria, en su propia imagen como por el Señor, el Espíritu«. (2 Co 3.18)
Contemplar es algo que no requiere esfuerzo humano. Sólo necesito disciplinarme para no ser distraído por otras cosas mientras estoy contemplando. En la Nueva Alianza, mostramos al Señor en nuestra predicación, y cuando las personas lo contemplan, se transforman.

21 días de ayuno – Dia 7

MINISTROS DEL NUEVO O DEL ANTIGUO TESTAMENTO?

Hace parte de nuestra visión la afirmación de que cada creyente es un ministro. Cada miembro precisa ser canal para ministración en la vida de los otros.
El gran problema acontece cuando intentamos actuar comoministros,pero lo hacemos según los conceptos del Antiguo testamento.
¿Usted es un ministro del nuevo o del Viejo Testamento? Esta parece ser una pregunta meramente retórica, pero no es. Lamentablemente, muchos hermanos están en el Nuevo Testamento en términos de doctrina,pero intentan vivir la vida cristiana, en los patrones del Antiguo Testamento.
¿Cómo podemos percibir esta contradicción? Me gustaría darle por lo menos siete ejemplos prácticos.

1- EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, HABIA VISITACION, PERO EN EL NUEVO TESTAMENTO, TENEMOS HABITACIÓN DE DIOS.

Precisamos la búsqueda de avivamiento? ¿Qué prefieres? Una visitación de Dios? O tenerlo habitando dentro tuyo eternamente? No hay duda, que habitación, es mucho mejor. Asi mismo, todavía tenemos hermanos buscando una visitación divina. Lo que llamamos de “reavivamiento” o de «avivamiento» el Nuevo Testamento llama» de «cristianismo».
Vivir a la espera de avivamiento, puede ser la causa por la que muchos viven pasivamente conformes con una vida cristiana vacía y sin poder. Cuando les cuestionamos eso, siempre responden que están esperando por un avivamiento.
Creen que están muertos y precisan recibir vida. Al creer eso, entonces, precisarían nacer de nuevo.
Hablando en términos literales, solamente puede ser avivado, aquel que está muerto.
En EFESIOS 2:1, la palabra de Dios dice: “él nos dio vida, estando nosotros muertos en nuestros delitos y pecados.” Vea, nosotros estábamos muertos, pero cuando nacimos de nuevo, recibimos vida. Ya tenemos la vida del propio Dios. ¿Cómo podemos buscar ser avivados?
Tal vez la mejor palabra para traducir el anhelo de los hermanos sea «despertar». La iglesia puede estar durmiendo, pero no está muerta, pues, si está muerta, no es iglesia. Sé que puede ser sólo una cuestión de terminología, pero el uso de las palabras correctas para describir las experiencias espirituales es muy importante.
La verdad es que la palabra «avivamiento» no ocurre en el Nuevo Testamento, tampoco existe ninguna orden para que esperemos por el Espíritu. La única vez que esperaron fue antes de que el Espíritu venga, en el libro de Hechos. Pero hoy ya ha sido enviado.
Tal vez alguien cree que el Espíritu vino, pero después volvió, entonces vino de nuevo y ahora volvió. Pero este es un concepto extraño al Nuevo Testamento.
En el día de Pentecostés, Pedro dijo que aquel era el cumplimiento de la profecía de Joel:
Estos hombres no están embriagados, como venimos pensando, siendo esta la tercera hora del día. Pero lo que ocurre es lo que se dijo por intermedio del profeta Joel. Y acontecerá en los últimos días, dice el Señor, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos vuestras hijas profetizaran, vuestros jóvenes tendrán visiones, y soñarán vuestros ancianos; sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en aquellos días, y profetizaran. (Hechos 2.15-18)
El Espíritu Santo ya ha sido derramado. Hoy ya vivimos en los últimos días y el Espíritu Santo ya ha sido derramado sobre toda carne. No necesitamos más esperar por el Espíritu, podemos llenarnos de Él ahora mismo. No hay justificación para un creyente de vivir una vida vacía del Espíritu.
La razón por la cual buscamos avivamiento es porque, honestamente, no vemos hoy el mismo fruto que la iglesia del Nuevo Testamento tenía, Ciertamente, no vemos hoy el poder que había en los días de los apóstoles. Pero éste no es un problema que concierne a Dios, es un problema nuestro.
El hecho de que la iglesia no esté caminando en la caminata cristiana normal no significa que el Espíritu necesita ser derramado de nuevo. El Espíritu ya fue derramado, la iglesia es la que necesita llenarse de Él. Como ya dije, lo que necesitamos es despertar. Necesitamos revelación de lo que ya poseemos y de lo que ya nos ha sido enviado por el Padre.
Lo que muchos de nosotros llamamos avivamiento es simplemente el día a día normal de la experiencia del creyente descrita en los evangelios, en el libro de Hechos y en las epístolas.
Estamos esperando que un día Dios se mueva y las personas sean salvas, curadas, liberadas y nuestras ciudades sean transformadas. El problema es que estas cosas no suceden sin la cooperación del hombre. Ellas siempre sucedieron cuando el hombre, lleno del Espíritu de Dios, decidió cambiar.
2. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, DIOS HABITAVA PRIMERO EN EL TABERNACULO Y DESPUÉS EN EL TEMPLO, PERO HOY ÉL HABITA EN CADA CREYENTE
¿Podemos estar más cerca de Dios? Según el concepto del Antiguo Testamento, estarías más cerca de Dios cuanto más cerca estuviera del templo. Un ciudadano común de Israel ciertamente envidiaba la intimidad que un sacerdote podía tener con Dios, ya que él podía entrar en el Lugar Santo, algo que era vedado al ciudadano común.
La gente ciertamente experimentaba una sensación de distancia de Dios, porque la presencia del Señor era algo restringido a pocos. Pero hoy, en los días del Nuevo Testamento, podemos entrar con osadía en el lugar Santísimo. El velo ya se rasgó y Dios vino a habitar en nosotros y en nuestro medio:
´´Teniendo, pues, hermanos, intrepidez para entrar en el lugar Santísimo, por la sangre de Jesús, por el nuevo y vivo camino que él nos consagró por el velo, es decir, por su carne«. (Hb 10.19-20).
Todos queremos tener una relación más profunda y más significativa con Dios. Este es un deseo realmente bueno, porque todos hemos sido hechos como el guante, la imagen y la semejanza de la mano. Hemos sido hechos para contener a Dios y relacionarnos con Él.
El problema ocurre cuando pensamos que estamos lejos de Dios y que necesitamos llegar más cerca. Pero eso contradice la verdad de la Palabra de Dios. Usted está en Él. Vamos a pensar en ello por un segundo. Nosotros, como cristianos, nos convertimos en la Divinidad. Estamos en el Padre y el Padre está en nosotros. Estamos en Cristo y Cristo está en nosotros. Estamos en el Espíritu Santo y el Espíritu Santo está en nosotros. Entonces, ¿cómo podemos estar más cerca de Dios?
Sé que parte del problema es el concepto equivocado de que Dios se aleja de nosotros cada vez que pecamos. Como pensamos que Él se aleja y sabemos que siempre pecamos, entonces concluimos que necesitamos llegar más cerca de Él. Pero eso necesita ser cambiado.
Es verdad que podemos apagar el Espíritu (1 Ts 5.19) y también podemos entristecerlo (Ef 4.30), pero Él nunca nos abandonará. Ciertamente, nuestra sensibilidad y percepción del Espíritu puede ser afectada y algunas veces podemos no sentir Su presencia, pero necesitamos creer que Él nunca nos dejará.
«Porque él ha dicho: De ninguna manera te dejaré, nunca jamás te abandonaré» (Heb 13.5).
En Juan 15, Jesús dijo que era la vid y nosotros éramos las ramas. Él dijo que nosotros somos parte de Él mismo. Imagínese un árbol sólido y grande, con un enorme tronco y muchas ramas. Ahora me responda: ¿qué rama está más cerca del tronco? Es una pregunta estúpida, ¿verdad? Ellos están todos conectados al tronco. No hay uno más cerca o más lejos
Ahora, déjame hacer otra pregunta. ¿Cuáles de las ramas son las más antiguas? Esto es obvio también, ¿verdad? Las grandes ramas gruesas, obviamente. ¿Cuál es la verdad aquí? No nos quedamos más cerca de Dios, pero crecemos en Dios. Estamos tan cerca de Él como nunca podremos quedarnos. Y es por gozar de esa unión con Él que crecemos y somos alimentados para llegar a ser una rama robusta y sólida, que da mucho fruto.
Tenemos que cambiar nuestro lenguaje. Este lenguaje de sentirse lejos de Dios y por eso tener necesidad de estar más cerca de Él es extremadamente perjudicial. Esta es la base por la cual muchas personas se relacionan con Dios. Colocan su unión con Dios basada en su desempeño, en lugar de basarse en la obra de Jesús en la cruz.
Vamos a empezar a concentrarnos en el hecho de que somos uno con Dios y que todos debemos crecer en Él. Y vamos a abandonar ese concepto contradictorio de que necesitamos estar más cerca de Dios.
Es indiscutible que necesitamos ser intensos en la presencia de Dios. Pablo dice que necesitamos servir a Dios con fervor de Espíritu, en una verdadera ebullición espiritual (Rm 12.11). Esta intensidad es sólo la expresión exterior de un corazón apasionado. El problema es que muchos creyentes se sienten distantes de Dios y empiezan a orar con desespero tratando de atraer al Señor, que suponen que esta lejos de ellos. Son dos situaciones completamente diferentes. Me siento preocupado por las canciones cuyas letras afirman que estamos desesperados por Dios. Yo sé que es bueno ansiar por la presencia de Dios, pero esa desesperación nos habla de alguien que está lejos y está tratando desesperadamente de regresar, llegar más cerca.
El estar desesperado por Dios no parece ser una relación sana con el Padre. Fuimos colocados delante del buffet celestial con todo el suministro de Dios, pero hay algunas personas desesperadas de hambre ante ese banquete. Esto parece muy extraño.
Sé que todo esto puede ser sólo el uso equivocado de una terminología. Sé que sólo estás diciendo que anhela sentir la presencia de Dios. El problema es que los nuevos convertidos entienden exactamente lo que hablamos, y no lo que queríamos haber dicho.
«Mira la definición de» desesperado «en el diccionario:» que dejó de tener esperanza, desanimado, desilusionado, sumido en desesperación, extremadamente afligido atormentado, desolado, que o quien perdió toda esperanza, toda fe en su futuro”. Ahora que sabemos el significado de la palabra desesperado, ¿cómo podemos usar ese sentimiento para describir una relación sana con Dios?
Usted está en Cristo y Él está en usted. Dios mora en ti y lo envuelve completamente. Él prometió que nunca va a dejarlo ni desampararlo. Si usted está desesperado, entonces usted tiene una relación disfuncional, Toda esa desesperación sólo resalta algunas creencias erradas acerca de su relación con Dios.
No es por casualidad que muchos lleguen ante Dios agonizando. Siempre están gritando desesperadamente porque se sienten distantes de Dios. Es verdad que no siempre percibimos la presencia de Dios y ciertamente necesitamos orar y alabar de todo nuestro corazón, pero lo que atrae su presencia es la fe, y no nuestra desesperación.
La vida cristiana es todo sobre permanecer en Cristo. Por la muerte de Cristo en la cruz, nosotros fuimos hechos uno con la Divinidad y podemos disfrutar de unión con Dios continuamente, enteramente por iniciativa de Dios, no nuestra.
Sólo necesitamos creer y comenzar a disfrutar de la intimidad con el Padre. La verdad del evangelio es que Cristo en nosotros es la esperanza de la gloria. Hemos sido hechos templo de Dios, el lugar Santísimo está en nuestro espíritu. Tenemos acceso a la presencia de Dios continuamente por la sangre de Jesús. Muchos, sin embargo, todavía consideran que la presencia de Dios es algo que depende de ellos mismos, por eso viven desesperados por la presencia de Dios.
¿Su foco está en la habitación permanente de Dios? ¿O su foco está en la visita de Dios? Son dos formas de relacionarse con Dios que van a afectar profundamente a su vida cristiana.

3. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, LA UNCIÓN NO ERA DERRAMADA SOBRE TODO ISRAELITA, PERO OCASIONALMENTE SOBRE REYES, SACERDOTES Y PROFETAS
No había una habitación permanente, la unción venía sobre ellos sólo en algunos momentos. Muy diferente de eso, es la realidad del Nuevo Testamento. Hoy la unción habita en todos nosotros y permanece en nosotros.
¿Necesitamos incluso una nueva unción? Usted no necesita una nueva unción. Sólo necesitaríamos una nueva unción si la unción que poseíamos se acabase o se hiciera vieja. Pero la verdad del Nuevo Testamento es que la unción permanece en nosotros y no envejece.
Yo sé que afirmar esto puede ser muy complicado, pues estamos acostumbrados a recibir la ministración de la unción, estamos siempre buscando una nueva unción. Sin embargo, usted sabía que la palabra unción «o» ungido «, refiriéndose a los creyentes, sólo se puede encontrar en sólo tres pasajes en el Nuevo Testamento?
´´Pero el que nos confirma con vosotros en Cristo y nos ungió es Dios, que también nos selló y nos dio el sello del Espíritu en nuestro corazón«. (2 Co 1.21-22)
´´ Y vosotros poseéis unción que viene del Santo y todos tenéis conocimiento«. (1 Jn 2.20)
En cuanto a vosotros, la unción que de él recibiste permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que alguien os enseñe; pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera, y no es falsa, permanece en él, como también ella os enseñó. (1 Jn2.27)
¿Crees en eso? Usted ha sido ungido con una unción completa. Usted no necesita una nueva unción, porque la que usted recibió desde el principio fue muy poderosa y permanece en usted.
Una vez más, el problema es el pensamiento de que perdimos la unción cuando pecamos y fallamos. Presumimos que la unción depende de nuestro desempeño espiritual. Pero todo nos fue dado como parte de nuestra herencia en Cristo. No depende de nosotros, sino de la obra completa de Cristo y de nuestra fe para apropiarnos de esa realidad.
Muchos viven con base en sus emociones e imaginan que no poseen la unción cuando no la están sintiendo. Invariablemente es la acusación en la mente que nos impide sentir la unción. Sin embargo, la verdad no depende de nuestras emociones. Ella permanece en nosotros.
No estoy diciendo que no podemos orar unos con otros y que eso no tenga poder. Lo que estoy diciendo es que buscar una nueva unción significa que dejamos de ser ungidos o perdemos la que poseíamos. Muchos están siempre buscando alguien ungido para que puedan recibir ministración, pero, tal actitud, produce una vida cristiana infructífera.
Cuando dejamos de percibir la unción en nosotros, necesitamos declarar la verdad, de que ella, permanece en nosotros.
La palabra de Dios, dice que debemos llenarnos del Espíritu constantemente hablando con salmos e himnos y cánticos espirituales (efesios 5:19).
Pero, esa llenura no es una nueva unción, es una erupción de aquella que ya está en nosotros. Necesitamos crecer en la Unción, pero no necesitamos realmente de una nueva unción.

4. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, HABÍA UNA CLASE SACERDOTAL. EN EL NUEVO TESTAMENTO, TODOS LOS CRISTIANOS SON SACERDOTES DEL SEÑOR

Si usted quiere crecer espiritualmente, necesita convertirse en un pastor o un misionero?
Pedro dice:
Vosotros, sin embargo, sois raza elegida, sacerdocio real, nación santa, pueblo de propiedad exclusiva de Dios, para proclamar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz. (1 Pe 2.9)
Toda religión tiene algún tipo de clase clerical. Todas ellas poseen algún tipo de sacerdote que está por encima de las personas comunes, pero hoy todos somos uno en Cristo (GI 3.28).
En el Antiguo Testamento, sólo podría crecer en Dios a alguien que fuera sacerdote o profeta. No era algo disponible para todos. Pero en el Nuevo Testamento, todos pueden crecer en Dios, porque todos han sido hechos sacerdotes.
Creciendo en la iglesia, he visto este pensamiento muchas veces en medio de los jóvenes: si usted es un joven creyente apasionado, entonces sólo hay realmente una dirección en la que pueda ir: usted debe ir a una escuela bíblica o un seminario, de modo que pueda ser un pastor o hacer algún tipo de misiones.
¿Por qué? Porque este es el más santo llamado de Dios. Estos son aquellos que realmente toman en serio la vida cristiana y son realmente espirituales. Esta es una de las formas más perversas de pensar en el cuerpo de Cristo hoy, la idea de que hay algunos que son más santos y más llamados por Dios.
Las Escrituras pintan un cuadro muy diferente. Todos fueron hechos uno con Cristo y poseen la vida de Dios residente en ellos. Todo creyente nacido de nuevo es ungido y todos tenemos un llamado maravilloso de Dios en nuestras vidas.
Si se quiere ser un jugador de fútbol, una ama de casa, un profesor, un ejecutivo, un conserje o un pastor, todos somos llamados y tenemos la oportunidad de representar a Cristo y disfrutar de Él en el lugar donde fuimos colocados.
Este es el tipo de pensamiento que destruye completamente la visión de que cada creyente es un ministro. Si sólo pastores son verdaderamente ministros, entonces volvemos al clericalismo. Necesitamos sostener la verdad de que todos nosotros somos llamados por Dios para servirle en el lugar donde trabajamos, en lo que apenas aparentemente es un trabajo secular.

5. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, DIOS HABITA EN UN
TEMPLO HECHO POR MANOS HUMANAS, PERO EN EL NUEVO TESTAMENTO, NOSOTROS SOMOS EL TEMPLO DE DIOS

¿Necesitamos templos para servir a Dios? Estrictamente hablando, el cristianismo no posee edificios, ni templos. El judaísmo tenía un templo, nosotros no los tenemos más. Si volvemos a establecer edificios como templos, incurriremos en un retroceso al Antiguo Testamento.

El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él existe, siendo él Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios hechos por manos humanas. (Hechos 17.24)

Necesitamos entender que somos el templo de Dios y que Dios no habita en edificios. Nosotros somos su domicilio. Dios no vive en el edificio de la iglesia. Cuando usted se va después del culto, Él lo acompaña. Él habita en ti, porque sagrado eres tú, y si estás lleno de Dios, donde tú estás, se vuelve sagrado también. Somos su templo y lo cargamos dentro de nosotros. Donde pisamos, Dios clava sus huellas; a donde llegamos, Dios llega.
Para nosotros, el edificio es sólo un lugar de entrenamiento y celebración. La vida normal de la iglesia ocurre en otros lugares en nuestro día a día. A pesar de que en el Antiguo Testamento Dios habita en un templo, eso ya no sucede en el Nuevo Testamento. Hoy somos su templo, es en nosotros que Él habita. Así, bíblicamente hablando, la iglesia del Nuevo Testamento posee un lugar de reunión, pero no tiene templos.

6. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, EL CREYENTE CONFIABA EN RITUALES EXTERIORES, PERO HOY EL CRISTIANISMO ES ALGO INTERIOR Y ESPIRITUAL, QUE PROCEDE DEL CORAZÓN

¿El cristianismo es algo exterior o interior? Todavía hoy, muchos intentan introducir prácticas y ceremonias exteriores en la vida cristiana. En nuestro país, se hizo común los objetos bendecidos, como flores, aceite, monedas, etc. Esta es la señal más grande de la decadencia espiritual, pues estos mismos accesorios se convirtieron en parte del catolicismo en la Edad Media.
En el catolicismo, la oración es un incienso, la bendición es con un agua bendita, el arrepentimiento es la ceniza en la frente, y va por ahí una lista muy extensa de cosas exteriores. Desafortunadamente, tenemos un gran número de evangélicos siguiendo por el mismo camino, están volviendo al Antiguo Testamento.

Los judaizantes se concentraban en una cosa exterior, la circuncisión, y la base de la fe. Pablo, sin embargo, muestra que las cosas exteriores no nos definen. Él dice que ni la circuncisión es cosa alguna, ni la incircuncisión, sino el ser nueva criatura. Lo que realmente importa es el nuevo nacimiento:
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo, para el mundo. Porque ni la circuncisión es cosa alguna, ni la incircuncisión, sino el ser nueva criatura. (Gálatas 6.14-15)
El hombre natural siempre rechaza lo que es interior y espiritual y busca una religión llena de ceremonias externas. Lo hace porque la religión exterior es muy fácil y cómoda, pues participar en ceremonias, no exige fe ni cambio de corazón.
No estoy diciendo que el exterior y el físico no tengan lugar en la vida de la iglesia. Existen, pero sólo como señal visible de una realidad interior y espiritual. Todo lo que es espiritual inevitablemente tendrá una realidad exterior, pero no todo lo que es exterior tiene realidad.
El bautismo es un ejemplo de ello. Él es equivalente a la circuncisión en el Nuevo Testamento, pero necesitamos ser cuidadosos para no enfatizar exageradamente el bautismo colocándolo como medio de salvación. El bautismo es una ceremonia que sólo tiene valor si hay la realidad interior del nuevo nacimiento.

7. EL ANTIGUO TESTAMENTO ERA CARACTERIZADO POR LO QUE EL HOMBRE PODRÍA HACER PARA DIOS, PERO EL NUEVO TESTAMENTO ES UNA CUESTIÓN DE QUE ÉL HIZO POR NOSOTROS
¿Cuál es el verdadero arrepentimiento? El autor de hebreos nos dice que el verdadero arrepentimiento es de obras muertas:
Por eso, dejando de lado los principios elementales de la doctrina de Cristo, dejémonos llevar a lo que es perfecto, no lanzando, de nuevo, la base del arrepentimiento de obras muertas y de la fe en Dios. (Hb 6.1).

¿Qué son las obras muertas? Muchos piensan que se trata del pecado en que vivimos, pero la verdad es que las obras muertas son aquellas obras que hacíamos con el fin de ganar nuestra salvación. Era nuestra mentalidad antigua de negociación con Dios.
Necesitamos vivir constantemente bajo la verdad del Nuevo Testamento: no es lo que yo hago para Él, sino lo que él hizo por mí. No sólo la salvación, toda la vida cristiana se basa en esta verdad.
Toda religión enseña que la salvación depende de las obras humanas. Todas ellas enseñan que debemos merecer el favor de Dios a través de nuestras buenas obras. Por eso, todo religioso es hipócrita, pues él sabe que no consigue agradar a Dios con sus obras, pero aún así insiste en ese camino. La cruz de Cristo anula nuestras obras humanas.
¿Y qué hay en la cruz de Cristo que enraiza al mundo y lo lleva a perseguir a aquellos que la predican? «Cristo murió en la cruz por nosotros, pecadores, haciendose maldición en nuestro lugar» (GI3.13). De esta forma, la cruz nos dice algunas verdades muy desagradables acerca de nosotros mismos. La cruz muestra que somos pecadores, que estamos bajo la maldición de la ley de Dios y no podemos salvarnos por nosotros mismos. Pablo muestra que, si hubiera posibilidad de ser salvos por nuestras buenas obras, ciertamente la cruz nunca habría ocurrido (GI 2.21).
Cada hombre que mira a la cruz oirá a Cristo diciendo: «Yo estoy aquí por su causa. Es su pecado que estoy asumiendo, es su maldición que estoy sufriendo, es su deuda que estoy pagando, es su muerte que estoy muriendo”. La cruz nos coloca en la posición correcta. Ella provoca una gran herida en el orgullo humano. La cruz es la prueba divina de que somos malos y merecedores del infierno. Ella muestra el inmenso amor de Dios y prueba que toda la obra de salvación es hecha por Él.
No sufriremos persecución y oposición si predicamos buenos principios espirituales o el alto patrón moral del cristianismo. El mundo no le importa, pero si hablamos del Cristo crucificado y de su gracia sufriremos persecución. La gracia anula las llamadas buenas obras y la cruz destruye el orgullo humano. Por eso, el mundo siempre resistirá al mensaje de la cruz.

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