MINISTROS DEL NUEVO O DEL ANTIGUO TESTAMENTO?
Hace parte de nuestra visión la afirmación de que cada creyente es un ministro. Cada miembro precisa ser canal para ministración en la vida de los otros.
El gran problema acontece cuando intentamos actuar comoministros,pero lo hacemos según los conceptos del Antiguo testamento.
¿Usted es un ministro del nuevo o del Viejo Testamento? Esta parece ser una pregunta meramente retórica, pero no es. Lamentablemente, muchos hermanos están en el Nuevo Testamento en términos de doctrina,pero intentan vivir la vida cristiana, en los patrones del Antiguo Testamento.
¿Cómo podemos percibir esta contradicción? Me gustaría darle por lo menos siete ejemplos prácticos.
1- EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, HABIA VISITACION, PERO EN EL NUEVO TESTAMENTO, TENEMOS HABITACIÓN DE DIOS.
Precisamos la búsqueda de avivamiento? ¿Qué prefieres? Una visitación de Dios? O tenerlo habitando dentro tuyo eternamente? No hay duda, que habitación, es mucho mejor. Asi mismo, todavía tenemos hermanos buscando una visitación divina. Lo que llamamos de “reavivamiento” o de «avivamiento» el Nuevo Testamento llama» de «cristianismo».
Vivir a la espera de avivamiento, puede ser la causa por la que muchos viven pasivamente conformes con una vida cristiana vacía y sin poder. Cuando les cuestionamos eso, siempre responden que están esperando por un avivamiento.
Creen que están muertos y precisan recibir vida. Al creer eso, entonces, precisarían nacer de nuevo.
Hablando en términos literales, solamente puede ser avivado, aquel que está muerto.
En EFESIOS 2:1, la palabra de Dios dice: “él nos dio vida, estando nosotros muertos en nuestros delitos y pecados.” Vea, nosotros estábamos muertos, pero cuando nacimos de nuevo, recibimos vida. Ya tenemos la vida del propio Dios. ¿Cómo podemos buscar ser avivados?
Tal vez la mejor palabra para traducir el anhelo de los hermanos sea «despertar». La iglesia puede estar durmiendo, pero no está muerta, pues, si está muerta, no es iglesia. Sé que puede ser sólo una cuestión de terminología, pero el uso de las palabras correctas para describir las experiencias espirituales es muy importante.
La verdad es que la palabra «avivamiento» no ocurre en el Nuevo Testamento, tampoco existe ninguna orden para que esperemos por el Espíritu. La única vez que esperaron fue antes de que el Espíritu venga, en el libro de Hechos. Pero hoy ya ha sido enviado.
Tal vez alguien cree que el Espíritu vino, pero después volvió, entonces vino de nuevo y ahora volvió. Pero este es un concepto extraño al Nuevo Testamento.
En el día de Pentecostés, Pedro dijo que aquel era el cumplimiento de la profecía de Joel:
Estos hombres no están embriagados, como venimos pensando, siendo esta la tercera hora del día. Pero lo que ocurre es lo que se dijo por intermedio del profeta Joel. Y acontecerá en los últimos días, dice el Señor, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos vuestras hijas profetizaran, vuestros jóvenes tendrán visiones, y soñarán vuestros ancianos; sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en aquellos días, y profetizaran. (Hechos 2.15-18)
El Espíritu Santo ya ha sido derramado. Hoy ya vivimos en los últimos días y el Espíritu Santo ya ha sido derramado sobre toda carne. No necesitamos más esperar por el Espíritu, podemos llenarnos de Él ahora mismo. No hay justificación para un creyente de vivir una vida vacía del Espíritu.
La razón por la cual buscamos avivamiento es porque, honestamente, no vemos hoy el mismo fruto que la iglesia del Nuevo Testamento tenía, Ciertamente, no vemos hoy el poder que había en los días de los apóstoles. Pero éste no es un problema que concierne a Dios, es un problema nuestro.
El hecho de que la iglesia no esté caminando en la caminata cristiana normal no significa que el Espíritu necesita ser derramado de nuevo. El Espíritu ya fue derramado, la iglesia es la que necesita llenarse de Él. Como ya dije, lo que necesitamos es despertar. Necesitamos revelación de lo que ya poseemos y de lo que ya nos ha sido enviado por el Padre.
Lo que muchos de nosotros llamamos avivamiento es simplemente el día a día normal de la experiencia del creyente descrita en los evangelios, en el libro de Hechos y en las epístolas.
Estamos esperando que un día Dios se mueva y las personas sean salvas, curadas, liberadas y nuestras ciudades sean transformadas. El problema es que estas cosas no suceden sin la cooperación del hombre. Ellas siempre sucedieron cuando el hombre, lleno del Espíritu de Dios, decidió cambiar.
2. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, DIOS HABITAVA PRIMERO EN EL TABERNACULO Y DESPUÉS EN EL TEMPLO, PERO HOY ÉL HABITA EN CADA CREYENTE
¿Podemos estar más cerca de Dios? Según el concepto del Antiguo Testamento, estarías más cerca de Dios cuanto más cerca estuviera del templo. Un ciudadano común de Israel ciertamente envidiaba la intimidad que un sacerdote podía tener con Dios, ya que él podía entrar en el Lugar Santo, algo que era vedado al ciudadano común.
La gente ciertamente experimentaba una sensación de distancia de Dios, porque la presencia del Señor era algo restringido a pocos. Pero hoy, en los días del Nuevo Testamento, podemos entrar con osadía en el lugar Santísimo. El velo ya se rasgó y Dios vino a habitar en nosotros y en nuestro medio:
´´Teniendo, pues, hermanos, intrepidez para entrar en el lugar Santísimo, por la sangre de Jesús, por el nuevo y vivo camino que él nos consagró por el velo, es decir, por su carne«. (Hb 10.19-20).
Todos queremos tener una relación más profunda y más significativa con Dios. Este es un deseo realmente bueno, porque todos hemos sido hechos como el guante, la imagen y la semejanza de la mano. Hemos sido hechos para contener a Dios y relacionarnos con Él.
El problema ocurre cuando pensamos que estamos lejos de Dios y que necesitamos llegar más cerca. Pero eso contradice la verdad de la Palabra de Dios. Usted está en Él. Vamos a pensar en ello por un segundo. Nosotros, como cristianos, nos convertimos en la Divinidad. Estamos en el Padre y el Padre está en nosotros. Estamos en Cristo y Cristo está en nosotros. Estamos en el Espíritu Santo y el Espíritu Santo está en nosotros. Entonces, ¿cómo podemos estar más cerca de Dios?
Sé que parte del problema es el concepto equivocado de que Dios se aleja de nosotros cada vez que pecamos. Como pensamos que Él se aleja y sabemos que siempre pecamos, entonces concluimos que necesitamos llegar más cerca de Él. Pero eso necesita ser cambiado.
Es verdad que podemos apagar el Espíritu (1 Ts 5.19) y también podemos entristecerlo (Ef 4.30), pero Él nunca nos abandonará. Ciertamente, nuestra sensibilidad y percepción del Espíritu puede ser afectada y algunas veces podemos no sentir Su presencia, pero necesitamos creer que Él nunca nos dejará.
«Porque él ha dicho: De ninguna manera te dejaré, nunca jamás te abandonaré» (Heb 13.5).
En Juan 15, Jesús dijo que era la vid y nosotros éramos las ramas. Él dijo que nosotros somos parte de Él mismo. Imagínese un árbol sólido y grande, con un enorme tronco y muchas ramas. Ahora me responda: ¿qué rama está más cerca del tronco? Es una pregunta estúpida, ¿verdad? Ellos están todos conectados al tronco. No hay uno más cerca o más lejos
Ahora, déjame hacer otra pregunta. ¿Cuáles de las ramas son las más antiguas? Esto es obvio también, ¿verdad? Las grandes ramas gruesas, obviamente. ¿Cuál es la verdad aquí? No nos quedamos más cerca de Dios, pero crecemos en Dios. Estamos tan cerca de Él como nunca podremos quedarnos. Y es por gozar de esa unión con Él que crecemos y somos alimentados para llegar a ser una rama robusta y sólida, que da mucho fruto.
Tenemos que cambiar nuestro lenguaje. Este lenguaje de sentirse lejos de Dios y por eso tener necesidad de estar más cerca de Él es extremadamente perjudicial. Esta es la base por la cual muchas personas se relacionan con Dios. Colocan su unión con Dios basada en su desempeño, en lugar de basarse en la obra de Jesús en la cruz.
Vamos a empezar a concentrarnos en el hecho de que somos uno con Dios y que todos debemos crecer en Él. Y vamos a abandonar ese concepto contradictorio de que necesitamos estar más cerca de Dios.
Es indiscutible que necesitamos ser intensos en la presencia de Dios. Pablo dice que necesitamos servir a Dios con fervor de Espíritu, en una verdadera ebullición espiritual (Rm 12.11). Esta intensidad es sólo la expresión exterior de un corazón apasionado. El problema es que muchos creyentes se sienten distantes de Dios y empiezan a orar con desespero tratando de atraer al Señor, que suponen que esta lejos de ellos. Son dos situaciones completamente diferentes. Me siento preocupado por las canciones cuyas letras afirman que estamos desesperados por Dios. Yo sé que es bueno ansiar por la presencia de Dios, pero esa desesperación nos habla de alguien que está lejos y está tratando desesperadamente de regresar, llegar más cerca.
El estar desesperado por Dios no parece ser una relación sana con el Padre. Fuimos colocados delante del buffet celestial con todo el suministro de Dios, pero hay algunas personas desesperadas de hambre ante ese banquete. Esto parece muy extraño.
Sé que todo esto puede ser sólo el uso equivocado de una terminología. Sé que sólo estás diciendo que anhela sentir la presencia de Dios. El problema es que los nuevos convertidos entienden exactamente lo que hablamos, y no lo que queríamos haber dicho.
«Mira la definición de» desesperado «en el diccionario:» que dejó de tener esperanza, desanimado, desilusionado, sumido en desesperación, extremadamente afligido atormentado, desolado, que o quien perdió toda esperanza, toda fe en su futuro”. Ahora que sabemos el significado de la palabra desesperado, ¿cómo podemos usar ese sentimiento para describir una relación sana con Dios?
Usted está en Cristo y Él está en usted. Dios mora en ti y lo envuelve completamente. Él prometió que nunca va a dejarlo ni desampararlo. Si usted está desesperado, entonces usted tiene una relación disfuncional, Toda esa desesperación sólo resalta algunas creencias erradas acerca de su relación con Dios.
No es por casualidad que muchos lleguen ante Dios agonizando. Siempre están gritando desesperadamente porque se sienten distantes de Dios. Es verdad que no siempre percibimos la presencia de Dios y ciertamente necesitamos orar y alabar de todo nuestro corazón, pero lo que atrae su presencia es la fe, y no nuestra desesperación.
La vida cristiana es todo sobre permanecer en Cristo. Por la muerte de Cristo en la cruz, nosotros fuimos hechos uno con la Divinidad y podemos disfrutar de unión con Dios continuamente, enteramente por iniciativa de Dios, no nuestra.
Sólo necesitamos creer y comenzar a disfrutar de la intimidad con el Padre. La verdad del evangelio es que Cristo en nosotros es la esperanza de la gloria. Hemos sido hechos templo de Dios, el lugar Santísimo está en nuestro espíritu. Tenemos acceso a la presencia de Dios continuamente por la sangre de Jesús. Muchos, sin embargo, todavía consideran que la presencia de Dios es algo que depende de ellos mismos, por eso viven desesperados por la presencia de Dios.
¿Su foco está en la habitación permanente de Dios? ¿O su foco está en la visita de Dios? Son dos formas de relacionarse con Dios que van a afectar profundamente a su vida cristiana.
3. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, LA UNCIÓN NO ERA DERRAMADA SOBRE TODO ISRAELITA, PERO OCASIONALMENTE SOBRE REYES, SACERDOTES Y PROFETAS
No había una habitación permanente, la unción venía sobre ellos sólo en algunos momentos. Muy diferente de eso, es la realidad del Nuevo Testamento. Hoy la unción habita en todos nosotros y permanece en nosotros.
¿Necesitamos incluso una nueva unción? Usted no necesita una nueva unción. Sólo necesitaríamos una nueva unción si la unción que poseíamos se acabase o se hiciera vieja. Pero la verdad del Nuevo Testamento es que la unción permanece en nosotros y no envejece.
Yo sé que afirmar esto puede ser muy complicado, pues estamos acostumbrados a recibir la ministración de la unción, estamos siempre buscando una nueva unción. Sin embargo, usted sabía que la palabra unción «o» ungido «, refiriéndose a los creyentes, sólo se puede encontrar en sólo tres pasajes en el Nuevo Testamento?
´´Pero el que nos confirma con vosotros en Cristo y nos ungió es Dios, que también nos selló y nos dio el sello del Espíritu en nuestro corazón«. (2 Co 1.21-22)
´´ Y vosotros poseéis unción que viene del Santo y todos tenéis conocimiento«. (1 Jn 2.20)
En cuanto a vosotros, la unción que de él recibiste permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que alguien os enseñe; pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera, y no es falsa, permanece en él, como también ella os enseñó. (1 Jn2.27)
¿Crees en eso? Usted ha sido ungido con una unción completa. Usted no necesita una nueva unción, porque la que usted recibió desde el principio fue muy poderosa y permanece en usted.
Una vez más, el problema es el pensamiento de que perdimos la unción cuando pecamos y fallamos. Presumimos que la unción depende de nuestro desempeño espiritual. Pero todo nos fue dado como parte de nuestra herencia en Cristo. No depende de nosotros, sino de la obra completa de Cristo y de nuestra fe para apropiarnos de esa realidad.
Muchos viven con base en sus emociones e imaginan que no poseen la unción cuando no la están sintiendo. Invariablemente es la acusación en la mente que nos impide sentir la unción. Sin embargo, la verdad no depende de nuestras emociones. Ella permanece en nosotros.
No estoy diciendo que no podemos orar unos con otros y que eso no tenga poder. Lo que estoy diciendo es que buscar una nueva unción significa que dejamos de ser ungidos o perdemos la que poseíamos. Muchos están siempre buscando alguien ungido para que puedan recibir ministración, pero, tal actitud, produce una vida cristiana infructífera.
Cuando dejamos de percibir la unción en nosotros, necesitamos declarar la verdad, de que ella, permanece en nosotros.
La palabra de Dios, dice que debemos llenarnos del Espíritu constantemente hablando con salmos e himnos y cánticos espirituales (efesios 5:19).
Pero, esa llenura no es una nueva unción, es una erupción de aquella que ya está en nosotros. Necesitamos crecer en la Unción, pero no necesitamos realmente de una nueva unción.
4. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, HABÍA UNA CLASE SACERDOTAL. EN EL NUEVO TESTAMENTO, TODOS LOS CRISTIANOS SON SACERDOTES DEL SEÑOR
Si usted quiere crecer espiritualmente, necesita convertirse en un pastor o un misionero?
Pedro dice:
Vosotros, sin embargo, sois raza elegida, sacerdocio real, nación santa, pueblo de propiedad exclusiva de Dios, para proclamar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz. (1 Pe 2.9)
Toda religión tiene algún tipo de clase clerical. Todas ellas poseen algún tipo de sacerdote que está por encima de las personas comunes, pero hoy todos somos uno en Cristo (GI 3.28).
En el Antiguo Testamento, sólo podría crecer en Dios a alguien que fuera sacerdote o profeta. No era algo disponible para todos. Pero en el Nuevo Testamento, todos pueden crecer en Dios, porque todos han sido hechos sacerdotes.
Creciendo en la iglesia, he visto este pensamiento muchas veces en medio de los jóvenes: si usted es un joven creyente apasionado, entonces sólo hay realmente una dirección en la que pueda ir: usted debe ir a una escuela bíblica o un seminario, de modo que pueda ser un pastor o hacer algún tipo de misiones.
¿Por qué? Porque este es el más santo llamado de Dios. Estos son aquellos que realmente toman en serio la vida cristiana y son realmente espirituales. Esta es una de las formas más perversas de pensar en el cuerpo de Cristo hoy, la idea de que hay algunos que son más santos y más llamados por Dios.
Las Escrituras pintan un cuadro muy diferente. Todos fueron hechos uno con Cristo y poseen la vida de Dios residente en ellos. Todo creyente nacido de nuevo es ungido y todos tenemos un llamado maravilloso de Dios en nuestras vidas.
Si se quiere ser un jugador de fútbol, una ama de casa, un profesor, un ejecutivo, un conserje o un pastor, todos somos llamados y tenemos la oportunidad de representar a Cristo y disfrutar de Él en el lugar donde fuimos colocados.
Este es el tipo de pensamiento que destruye completamente la visión de que cada creyente es un ministro. Si sólo pastores son verdaderamente ministros, entonces volvemos al clericalismo. Necesitamos sostener la verdad de que todos nosotros somos llamados por Dios para servirle en el lugar donde trabajamos, en lo que apenas aparentemente es un trabajo secular.
5. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, DIOS HABITA EN UN
TEMPLO HECHO POR MANOS HUMANAS, PERO EN EL NUEVO TESTAMENTO, NOSOTROS SOMOS EL TEMPLO DE DIOS
¿Necesitamos templos para servir a Dios? Estrictamente hablando, el cristianismo no posee edificios, ni templos. El judaísmo tenía un templo, nosotros no los tenemos más. Si volvemos a establecer edificios como templos, incurriremos en un retroceso al Antiguo Testamento.
El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él existe, siendo él Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios hechos por manos humanas. (Hechos 17.24)
Necesitamos entender que somos el templo de Dios y que Dios no habita en edificios. Nosotros somos su domicilio. Dios no vive en el edificio de la iglesia. Cuando usted se va después del culto, Él lo acompaña. Él habita en ti, porque sagrado eres tú, y si estás lleno de Dios, donde tú estás, se vuelve sagrado también. Somos su templo y lo cargamos dentro de nosotros. Donde pisamos, Dios clava sus huellas; a donde llegamos, Dios llega.
Para nosotros, el edificio es sólo un lugar de entrenamiento y celebración. La vida normal de la iglesia ocurre en otros lugares en nuestro día a día. A pesar de que en el Antiguo Testamento Dios habita en un templo, eso ya no sucede en el Nuevo Testamento. Hoy somos su templo, es en nosotros que Él habita. Así, bíblicamente hablando, la iglesia del Nuevo Testamento posee un lugar de reunión, pero no tiene templos.
6. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, EL CREYENTE CONFIABA EN RITUALES EXTERIORES, PERO HOY EL CRISTIANISMO ES ALGO INTERIOR Y ESPIRITUAL, QUE PROCEDE DEL CORAZÓN
¿El cristianismo es algo exterior o interior? Todavía hoy, muchos intentan introducir prácticas y ceremonias exteriores en la vida cristiana. En nuestro país, se hizo común los objetos bendecidos, como flores, aceite, monedas, etc. Esta es la señal más grande de la decadencia espiritual, pues estos mismos accesorios se convirtieron en parte del catolicismo en la Edad Media.
En el catolicismo, la oración es un incienso, la bendición es con un agua bendita, el arrepentimiento es la ceniza en la frente, y va por ahí una lista muy extensa de cosas exteriores. Desafortunadamente, tenemos un gran número de evangélicos siguiendo por el mismo camino, están volviendo al Antiguo Testamento.
Los judaizantes se concentraban en una cosa exterior, la circuncisión, y la base de la fe. Pablo, sin embargo, muestra que las cosas exteriores no nos definen. Él dice que ni la circuncisión es cosa alguna, ni la incircuncisión, sino el ser nueva criatura. Lo que realmente importa es el nuevo nacimiento:
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo, para el mundo. Porque ni la circuncisión es cosa alguna, ni la incircuncisión, sino el ser nueva criatura. (Gálatas 6.14-15)
El hombre natural siempre rechaza lo que es interior y espiritual y busca una religión llena de ceremonias externas. Lo hace porque la religión exterior es muy fácil y cómoda, pues participar en ceremonias, no exige fe ni cambio de corazón.
No estoy diciendo que el exterior y el físico no tengan lugar en la vida de la iglesia. Existen, pero sólo como señal visible de una realidad interior y espiritual. Todo lo que es espiritual inevitablemente tendrá una realidad exterior, pero no todo lo que es exterior tiene realidad.
El bautismo es un ejemplo de ello. Él es equivalente a la circuncisión en el Nuevo Testamento, pero necesitamos ser cuidadosos para no enfatizar exageradamente el bautismo colocándolo como medio de salvación. El bautismo es una ceremonia que sólo tiene valor si hay la realidad interior del nuevo nacimiento.
7. EL ANTIGUO TESTAMENTO ERA CARACTERIZADO POR LO QUE EL HOMBRE PODRÍA HACER PARA DIOS, PERO EL NUEVO TESTAMENTO ES UNA CUESTIÓN DE QUE ÉL HIZO POR NOSOTROS
¿Cuál es el verdadero arrepentimiento? El autor de hebreos nos dice que el verdadero arrepentimiento es de obras muertas:
Por eso, dejando de lado los principios elementales de la doctrina de Cristo, dejémonos llevar a lo que es perfecto, no lanzando, de nuevo, la base del arrepentimiento de obras muertas y de la fe en Dios. (Hb 6.1).
¿Qué son las obras muertas? Muchos piensan que se trata del pecado en que vivimos, pero la verdad es que las obras muertas son aquellas obras que hacíamos con el fin de ganar nuestra salvación. Era nuestra mentalidad antigua de negociación con Dios.
Necesitamos vivir constantemente bajo la verdad del Nuevo Testamento: no es lo que yo hago para Él, sino lo que él hizo por mí. No sólo la salvación, toda la vida cristiana se basa en esta verdad.
Toda religión enseña que la salvación depende de las obras humanas. Todas ellas enseñan que debemos merecer el favor de Dios a través de nuestras buenas obras. Por eso, todo religioso es hipócrita, pues él sabe que no consigue agradar a Dios con sus obras, pero aún así insiste en ese camino. La cruz de Cristo anula nuestras obras humanas.
¿Y qué hay en la cruz de Cristo que enraiza al mundo y lo lleva a perseguir a aquellos que la predican? «Cristo murió en la cruz por nosotros, pecadores, haciendose maldición en nuestro lugar» (GI3.13). De esta forma, la cruz nos dice algunas verdades muy desagradables acerca de nosotros mismos. La cruz muestra que somos pecadores, que estamos bajo la maldición de la ley de Dios y no podemos salvarnos por nosotros mismos. Pablo muestra que, si hubiera posibilidad de ser salvos por nuestras buenas obras, ciertamente la cruz nunca habría ocurrido (GI 2.21).
Cada hombre que mira a la cruz oirá a Cristo diciendo: «Yo estoy aquí por su causa. Es su pecado que estoy asumiendo, es su maldición que estoy sufriendo, es su deuda que estoy pagando, es su muerte que estoy muriendo”. La cruz nos coloca en la posición correcta. Ella provoca una gran herida en el orgullo humano. La cruz es la prueba divina de que somos malos y merecedores del infierno. Ella muestra el inmenso amor de Dios y prueba que toda la obra de salvación es hecha por Él.
No sufriremos persecución y oposición si predicamos buenos principios espirituales o el alto patrón moral del cristianismo. El mundo no le importa, pero si hablamos del Cristo crucificado y de su gracia sufriremos persecución. La gracia anula las llamadas buenas obras y la cruz destruye el orgullo humano. Por eso, el mundo siempre resistirá al mensaje de la cruz.