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PAUTAS DE LA NUEVA ALIANZA
– En el antiguo testamento, había un cielo de bronce sobre la cabeza de los hombres
porque ninguno de ellos podían cumplir con los requisitos de la Ley. Mas AHORA el cielo
está abierto. Por qué está abierto el cielo? Porque usted está en Cristo. Allí en el calvario
tuvo el gran intercambio.
Cristo se convirtió en lo que yo era, para que yo fuese lo que Él es. Vos te uniste a Él y Su
posición es tuya.
El principio de representante
Dios se relaciona con nosotros en base al representante (CRISTO). Ninguno puede llegar
delante de Dios directamente, precisamos de un representante. Es por eso que Jesús
dice que nadie va al Padre si no es por medio de Él.
Él es nuestro representante. Cuando Adán peco, por ejemplo, nosotros pecamos con él;
él era nuestro representante. Más hoy el Señor Jesús es el segundo Adán, la cabeza de
una nueva raza.
Cuando nosotros creemos en Cristo, nosotros somos colocados en El para que El se
convierta en nuestro representante.
En cruz el Señor Jesús se convirtió en lo que nosotros éramos, para que podamos
nosotros llegar a ser lo que El es.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él. II Cor. 5:21
Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
Rm. 5:19
¿Cómo el Señor Jesús que nunca cometió pecado se convirtió pecador?
El recibió nuestro pecado.
¿Cómo nosotros que nunca practicamos la justicia nos tornamos justos?
Nosotros recebemos la justica de El. Ese es el gran intercambio en el Calvario.
David y Goliat ilustran el principio de representante. Cuando David lo venció, no fue solo
la victoria de El sino de todo Israel. David y Goliat eran representantes.
Ese mismo principio se aplica al sumo sacerdote. El representaba al pueblo ante Dios.
Lo que estaba diciendo Dios es que si tu sumo sacerdote es bueno, usted estará bien.
Pero los buenos sumos sacerdotes envejecen y mueren. Mas ahora nosotros tenemos un
Sumo Sacerdote que vive para siempre.
La base de la redención es la Justicia
Dios no tiene otra alternativa que perdonarte. Dios es bueno, pero no te perdona a vos por
tus bondades. Dios es misericordioso, pero la base del perdón no es la misericordia. Dios
te perdona en base a tu fidelidad y justicia.
Dios podría relacionarse con usted en base a la misericordia. El problema es que Él no
está obligado moralmente a tener misericordia de alguien para siempre (Rm. 9:15).
Entonces para que tuviésemos seguridad de su perdón El firmo un documento, El hizo
una alianza. Dios puede escoger tener misericordia de quien él quiera y por el tiempo que
quiera, pero no puede elegir ser justo o no. Sabes, es posible tener una misericordia
injusta.
Como juez Dios no puede simplemente olvidar nuestros pecados. El crimen necesita ser
castigado. El problema es que Dios nos ama y no quiere condenarnos, pero su justicia
exige condenación. Entonces… ¿Cómo conciliar el amor con la justicia?
21 días de ayuno – día 21
MUJERES QUE DISCIPULAN
MUJERES QUE PASTOREAN NIÑOS
Nuestra visión es que cada miembro sea un discípulo y ejerza su sacerdocio como miembro del cuerpo. En nuestra iglesia, es función de las mujeres discipular a otras mujeres y pastorear a los niños para que todos puedan ser insertados en la vida de la iglesia. Es sobre estos dos aspectos que vamos a hablar en este capítulo.
I. EL DISCIPULADO DE MUJERES
Creemos que las mujeres están también insertadas en el llamado de Dios para generar hijos espirituales, y el medio bíblico de hacerlo es a través del discipulado de otras mujeres. Este discipulado ocurre plenamente en la red de niños, donde las mujeres discipulan a las mujeres y pastorean a los niños.
A. DISCIPULADO ES DIFERENTE DE ACOMPAÑAMIENTO
Muchas personas confunden discipulado con acompañamiento pero son dos cosas diferentes. El acompañamiento es algo esporádico y sin compromiso. Discipulado es una relación de vida que busca llevar al discípulo a la madurez espiritual.
Muchas veces, el acompañamiento implica un estudio de un libro o algo temporal, pero que no traduce el propósito de la iglesia que es generar hijos a Dios. El problema en los grupos de seguimiento es que las personas se centran en sí mismas, no en los frutos. No quieren asumir la responsabilidad de cuidar de otros lo que hace la relación superficial.
Es necesario entender que nuestro objetivo como iglesia no es sólo bendecir a los miembros, sino formar discípulos. Esto traduce el tipo de personas que están en la iglesia, personas comprometidas con el reino de Dios, que están dispuestas a dar, y no sólo recibir.
B. COMO ACONTECE EL DISCIPULADO CON MUJERES
La estructura de la iglesia es la misma para todo el rebaño, esto incluye a adultos, jóvenes y niños. Cada grupo de edad tiene un pastor de red y, junto con ese pastor, están los discipuladores y líderes de células.
La esposa del pastor de la iglesia local es la pastora responsable de la red de niños y ella encabeza el discipulado de mujeres en esa red. Así, las esposas de pastores discipulan a las esposas de los discipuladores y éstas discipulan a las esposas de los líderes de células. Las esposas de los líderes son estimuladas a liderar las células de niños, que, en su mayoría, son paralelas a las células de adultos. De esta forma, todos los miembros son apasionados en las células, desde el más pequeño hasta el más grande.
Las reuniones de discipulado con las mujeres ocurren por separado de las reuniones de sus maridos. Los hombres lideran y responden por las células de adultos, mientras que las mujeres lideran y responden por las células de niños y jóvenes. Al reunirse por separado, ellos pueden conocer mejor la realidad de las células, resolver los problemas de cada una, establecer blancos y ministrar en la vida de cada discípulo con más libertad.
Por tratarse de un discipulado separado, la red de niños tiene sus propios manuales para entrenar a su liderazgo: Manual de la Líder, Manual del Discipulador y Manual del Encuentro. Estos manuales traen en su contenido instrucciones de cómo empezar una célula de niños, cómo levantar y entrenar a los líderes de los niños y la función del líder y del discipulador.
C. EL DISCIPULADO LOS CONECTA AL CUERPO
Ser iglesia significa ser conectado entre sí como miembros de un mismo cuerpo. Por eso, el objetivo del discipulado es conectarnos al cuerpo, pues estamos todos bajo una misma palabra de Jesús: hacer discípulos.
Por esta razón, tenemos que tener cuidado de no permitir que el estilo de vida moderno afecte nuestro concepto de iglesia.
Antiguamente las personas vivían más en comunidad y se habían comprometido unos con otros. Era común que las mujeres realizaran sus tareas domésticas junto a otras, como ir al mercado, lavar ropa en lugares públicos y criar a sus hijos. La vida era más compartida, lo que facilitaba el aprendizaje mutuo y en grupo.
Hoy vivimos aislados. Cada uno tiene su lavadora en casa, las compras de supermercado pueden ser hechas por internet, tenemos servicio de entrega en domicilio. La mujer moderna no necesita relacionarse para suplir sus necesidades básicas. Sin embargo, en la vida de la iglesia, no puede ser así. Necesitamos conectarnos unos a otros, porque sólo hay vida cuando ella circula por el cuerpo. Es el discipulado que hace ese tipo de relación posible. Por eso, el primer propósito del discipulado es conectarnos.
La iglesia es la unidad de los miembros, no miembros aislados. Sucede más o menos así: cuando el oído oye, el cuerpo entero oye. Lo que un miembro recibe todos los demás comparten. Cada miembro es un canal. Así, toda la iglesia se edifica cuando los miembros se conectan entre sí.
Es necesario tener cuidado con lo que algunos llaman trabajo con mujeres en la iglesia, que gira en torno a una agenda paralela a la de la iglesia, llena de eventos, seminarios, retiros, reuniones variadas pero después cada una vuelta a casa y continúa desconectada. Al mirar al modelo de discipulado de Jesús, vemos que Él llamó a Sus discípulos para una relación cercana y con propósito, y no ocasional.
Algo sobrenatural ocurre cuando estamos conectados. Podemos expresar a Dios como cuerpo, pues Dios sólo puede ser expresado plenamente a través de su iglesia, y no de miembros individuales. Es esta conexión que nos da una identidad como iglesia. Así como la identidad se forma en el ambiente familiar, el discipulado forma la identidad espiritual en cada miembro, cuyo objetivo final es una iglesia que expresa a Cristo.
Hoy muchas personas frecuentan iglesias y reuniones, pero no están vinculadas a nadie, por lo que no tienen una identidad. Esta falta de identidad perjudica la expresión del cuerpo, porque nuestra identidad es colectiva, no individual.
¿De qué sirve vivir en un mundo en línea, pero estar desconectados de los hermanos? Aprenda a valorar el discipulado en la iglesia, pues sólo seremos expresión de Cristo a través de una iglesia de discípulos.
D. EL DISCIPULADO LLEVA CADA UNO A EJERCER SU FUNCIÓN EN EL CUERPO
Dios creó al hombre y a la mujer para un mismo propósito, pero con funciones diferentes. Antes de crear a la mujer, Dios ya había designado su función como auxiliar diciendo: «Le haré una ayudante que le sea idónea» (Gn 2,18)
Por lo tanto, es importante que la mujer casada entienda que ella debe auxiliar, y no hacer la obra de Dios en lugar de su marido. Aunque algunas esposas disfrutan más de liderar que auxiliar, eso no concuerda con las enseñanzas bíblicas. Al designar a la esposa como ayudante, el objetivo de Dios es que uno completase al otro y juntos ellos cumplieran el propósito de Dios. La función de la esposa como auxiliar se refiere a dos aspectos específicos:
• Discípulo a las esposas de los discípulos del marido
La esposa auxilia al marido en la obra de Dios cuando se dispone a discípular a las esposas de sus discípulos. Cuando esto sucede, el desempeño de ellos como pareja es mucho mejor, pues cada uno aprende a liderar en su función y ambos desarrollan el encargo por la obra de Dios.
En el caso del discipulado de las esposas, la prioridad no es la multiplicación, sino la edificación de la familia del líder, del discipulador o del pastor. Cuando este discipulado funciona, el matrimonio mejora y muchos conflictos son evitados, lo que afecta directamente a la dirección de su marido. Con certeza, esa inversión en la vida de la pareja va a reflejarse en el crecimiento y la multiplicación de esos líderes.
Pero el discipulado de las mujeres implica también enseñar a hacer la obra de Dios. Por lo tanto, la esposa del líder, del discipulador o del pastor jamás debería excluir a la esposa de un discípulo de él porque ella no sabe liderar. Al contrario, corresponde a ella la responsabilidad de enseñar a estas hermanas e invertir en el potencial de ellas.
• Formar discípulos desde la infancia
Una pregunta muy recurrente es: ¿por qué la esposa del líder debe liderar la célula de niños? Porque los niños forman parte del rebaño del líder. La red de adultos es una red de familias. Por lo tanto, el líder de adultos lidera a las familias, no a los adultos.
Así como el pastor de la iglesia es pastor de adultos y niños, el líder de célula de adultos también lo es. Cuando separamos a los niños de los adultos tanto en la célula como en el culto, es sólo para enseñarles la Palabra en un lenguaje que ellas entiendan y puedan vivir lo que la Biblia enseña, pero el rebaño es el mismo.
Esta inversión en la vida de los niños se basa en el hecho de que Jesús murió por ellas de la misma manera que murió por los adultos. Y cuando Él nos mandó hacer discípulos de todas las naciones, incluyó a los niños.
Por eso, entendemos que el papel de la esposa del líder de adultos es auxiliarle en el pastoreo de su rebaño cuidando a los niños, mientras que el papel del líder en entrenamiento es auxiliar al líder cuidando a los miembros adultos de la célula. Así, todos se convertirán a su tiempo discípulos de Jesús.
E. EL PAPEL DEL LÍDER EN ENTRENAMIENTO COMO AUXILIAR DEL LÍDER DE ADULTOS
Tanto la esposa del pastor como la del discipulador y del líder tienen la misma función, ayudar a los maridos. Pero el marido no debe confundir la función de la esposa con la de sus discípulos, pues ellos ejercen papeles distintos en la obra de Dios.
Así, el marido no debe delegar a la esposa lo que es función de los discípulos, para no perjudicar el crecimiento de la iglesia y la multiplicación del liderazgo. Aunque las esposas puedan liderar, predicar, dar clases, visitar, aconsejar y desempeñar todas las funciones al lado de sus maridos, lo mejor es que los maridos dividan su función con sus discípulos, colocándolos al frente en vez de confiar esa responsabilidad a la esposa. Al actuar así, ellos van a garantizar la formación de nuevos líderes, discipuladores y también pastores.
En el caso del pastor, por ejemplo, lo ideal es que designe a un pastor de su equipo para estar con él al frente del culto. Así, cada pastor desarrollará su ministerio y posteriormente asumirá una iglesia local.
En la célula, debe suceder lo mismo, el líder de célula debe dividir el cuidado de los miembros de la célula con sus líderes en entrenamiento, y no sólo con su esposa, para la formación de líderes y la multiplicación de la célula. Es necesario entender que, cuando la célula se multiplique, la esposa del líder no irá con la célula multiplicada, pero el líder en entrenamiento sí.
Entiende que el objetivo es entrenar discípulos, pues siempre que suceda una multiplicación, sea en la célula o en la iglesia, la esposa quedará al lado del marido y sus discípulos irán y asumir una nueva célula o una nueva iglesia.
Percibimos que algunos líderes demoran a formar otros líderes porque invierten más en el potencial de sus esposas que de sus discípulos. Pero la cuestión aquí no es quien hace mejor, sino invertir en la persona de acuerdo con su función. La función de la esposa es ayudar al marido en el discipulado de las mujeres y el apasionamiento de los niños, pero la multiplicación de la célula dependerá de la formación de un nuevo líder.
Necesitamos entender que la expansión del reino depende de levantar líderes, multiplicar las células, formar pastores y abrir nuevas iglesias. Para ello, hay que invertir en la formación de discípulos. Al final, todos están invirtiendo en la formación de líderes: el líder de célula, en la formación de nuevos líderes de adultos, y la esposa del líder, en la formación de nuevos líderes de niños. Cada uno en su papel y todos en la edificación de la iglesia.
2. EL PASTOREO DE LOS NIÑOS
El Ministerio Radical Kids nació a causa de la visión de hacer de cada creyente un ministro. Entendemos que un ministro es alguien que ejerce su sacerdocio en el cuerpo. Creemos que esta visión debe ser enseñada desde la infancia para que los niños crezcan conociendo el propósito de Dios para ellas como hijos de Dios.
Al asumir ese ministerio, las mujeres están asumiendo el apasionamiento de ese rebaño, así como la preparación de una nueva generación de líderes. Para que puedan asumir ese ministerio de forma consciente, es importante que entiendan la ordenación de Dios para el hombre y para la mujer.
A. COMPRENDIENDO LA ORDENACIÓN DE DIOS PARA EL HOMBRE Y PARA LA MUJER
Aunque, ya mencionamos anteriormente al principio del libro, queremos reafirmar ese valor, pues, se refiere a la función del hombre y de la mujer en el cuerpo de Cristo. Es necesario comprender que para seguir el mover de Dios necesitamos respetar la ordenación que él estableció: Dios -Padre, Dios-Hijo, Dios-Espíritu Santo, el hombre y la mujer.
«Quisiera, sin embargo, que sepáis ser Cristo la cabeza de todo hombre, y el hombre, la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo». (1 Co 1.3)
Creemos que la mujer es tan capaz como el hombre y ha recibido los mismos dones de la gracia que los hombres recibieron, pero, por una cuestión de ordenación, los hombres deben encabezar el gobierno de la iglesia.
Las mujeres, se permite hacer todo lo necesario para el ministerio, pero los hombres tienen el encargo del gobierno tanto en la iglesia y en la familia. Respetamos ese principio, por eso las células de adultos son lideradas por parejas donde el hombre es la cabeza.
• Todo hombre recibió la habilidad para liderar
Es inadmisible que exista un hombre incapaz de liderar, pues los hombres fueron creados para dominar y sujetar toda la creación, cumpliendo así el propósito de Dios.
Cuando el marido asume el liderazgo de la célula o de la iglesia, no es porque él sea mejor que la mujer, sino por una designación divina. A la mujer, a su vez, se le da la posición de auxiliar, lo que la coloca al lado del marido para auxiliar su liderazgo.
• Toda mujer recibió la habilidad de madre
«Sin embargo, será preservada a través de su misión de madre, si ella permanece en fe, y amor, y santificación, con buen sentido». (1 Tm 2.12-15)
Así como el hombre recibió la habilidad para encabezar y liderar, la mujer también recibió la habilidad para ser madre. En el aspecto físico, Dios dejó claro que ésta era la función de la mujer al darle un útero, cuyo objetivo es generar.
Si ser madre es una misión, ser madre espiritual es un propósito de vida. Después de que los hijos ya están creados y caminando en los caminos del Señor, su misión como madre se cumple, pero el propósito de vida no, porque el propósito es mayor, involucra toda su vida, ese propósito busca generar hijos para Dios.
Por eso, las mujeres deben ver su llamado a generar hijos a través del ministerio con mujeres y niños. Para ampliar esta visión, vamos a comentar las tres razones bíblicas por las que debemos invertir en los niños.
B. TRES RAZONES POR LO CUAL DEBEMOS INVESTIR EN LOS NIÑOS
1- Porque Dios trabaja de generación en generación
Es así como Dios trabaja, y nosotros, Su iglesia, debemos trabajar también: «El Señor reina para siempre, tu Dios, reina de generación en generación» (SI 146.10).
Vamos a usar la modalidad de atletismo de cuatro por cien para ilustrar lo que estamos hablando. En esta modalidad, cuatro atletas deben correr 100 metros cada uno, pasando un bastón. El criterio para ser vencedor no es sólo la velocidad, sino llegar con el bastón, lo que hace que el paso del bastón crucial en la carrera.
A medida que corren, todos los atletas deben concentrarse en el paso del bastón, porque la victoria depende de ese momento.
Así, para asegurar que el pasaje pase con seguridad, los atletas deben llegar lo más cerca posible del atleta frente a él. Una vez que todos completen el recorrido más rápido y lleguen con el bastón, el podio está garantizado. Sin embargo, el podio no es sólo del último que llegó con el bastón, pero de todos los que corrieron.
Esta es nuestra historia. Cada generación es como uno de esos atletas, que tiene la responsabilidad de cumplir su carrera y pasar el bastón a la siguiente generación. El bastón representa nuestra fe en Cristo. Pero para poder pasarlo con seguridad, necesitamos estar cerca de la próxima generación. No adelantará correr sólo nuestros 100 metros, tenemos que pensar en la carrera.
El gran desafío está en el paso del bastón, pues aquí es donde muchos negocian al involucrarse con otras cosas y olvidarse de la generación que está delante de nosotros. Moisés es un ejemplo de líder que entendió ese principio. Cuando Faraón intentó negociar con él la vida de los niños para dejarlos en Egipto, él se posicionó, pues sabía que la salvación incluía también a los niños:
«Le replicó Faraón: Sea el SEÑOR con vosotros, si os dejo ir y los niños. Ved, pues tenéis con nosotros malas intenciones. Respondió Moisés: […] ni una uña quedará! «(Ex 10.10.26)
Hoy negociar significa lo mismo que caer el bastón, como sucede en algunas carreras. Pero cuando negociamos? Negociamos cuando creemos que trabajar con niños en la iglesia es sólo entretenimiento. Esto es lo mismo que el Faraón propuso: «Dejad que los niños se distraigan mientras vayan a adorar a su Dios».
Negociamos cuando dejamos de predicar la Palabra de Dios a los niños y preferimos quedarnos sentados cada domingo encantándonos con las palabras minadas y olvidamos que muchos niños sufren de inanición espiritual. ¿Qué madre se alimenta y da lo que sobra a los hijos? Negociamos cuando dejamos a nuestros hijos en casa, durmiendo, viendo televisión, jugando y vamos a la célula o al culto sin ellas. Negociamos porque creemos que ellas dan mucho trabajo, pero olvidamos que también dan frutos. ¿Necesitamos definir: somos o no una generación de padres y líderes que han negociado a los niños con Faraón?
En el caso de Moisés, algo inesperado sucedió. A lo largo de los años, la generación que entró en la tierra de Canaán fue aquella generación niños que salió con Moisés de Egipto. Dios lo sabía, por eso no permitió que Moisés negociara sus vidas:
«Pero vuestros hijos, de los que decís; por presa serán, haré entrar en ella; y ellos conocerán la tierra que despreciaste. (Nm 14.31)
2- Porque el niño es miembro del cuerpo
La segunda razón por la que debemos invertir en los niños es porque el niño es miembro del cuerpo. Ciertamente, lo que hace A alguien miembro del cuerpo de Cristo no es una ficha de miembro, ni siquiera su edad. El único requisito que encontramos en la Biblia que hace que alguien miembro del cuerpo es el nuevo nacimiento.
La Biblia afirma que todos aquellos que creen y reciben a Jesucristo son salvos: «Pero a todos los que le recibieron, les dio el poder de ser hechos hijos de Dios, a saber, a los que creen en su nombre» (Jo. I.I2).
Los niños están entre los que creen. Sólo necesitamos reconocerlo y tratarlos adecuadamente como Jesús nos enseñó: «Y quien reciba a un niño, tal como éste, en mi nombre, a mí me recibe» (Mt 18.5).
Tenemos que recibirlas. Para ello, hay que cambiar de actitud hacia ellas, empezando por los pastores y sus esposas, viéndolas como su rebaño e invirtiendo en su pastoreo. En cuanto a los líderes y sus esposas, deben pasar a recibir a los niños en las células, y no sólo a los padres. Cuando Jesús dijo para recibir a los niños, Él no estaba sugiriendo algo, pero colocó un patrón. Es como si Él nos dijera: «Si ustedes quisieran mi presencia, reciban a los niños como si fuera a mí, así ustedes me recibirán a mí».
Nosotros pastores, líderes y padres necesitamos entender que los niños no tienen iniciativa propia para buscar una célula, como los adolescentes y los jóvenes tienen. Ellas dependen de nosotros para ser conducidas a Jesús. Por eso, lo ideal es que haya una célula de niños paralela a la célula de adultos, ya que los niños forman parte de las familias que están allí.
Una prueba de que los niños forman parte del cuerpo es el potencial de ellos para ganar familias. Muchas veces, el niño es el primer miembro de la familia que va a una célula y, a través de ella, toda la familia se convierte. Los líderes de adultos que no invierten en las células de los niños pierden una gran oportunidad de crecer, pues muchos padres no van a una reunión de célula por la invitación de un pariente o amigo, pero muchos van a causa de la insistencia de los hijos.
Los acontecimientos evangelísticos que ocurren en las células de los niños están llenos de padres que se convierten. Por eso, cuando la esposa del líder lidera la célula de niños, es más fácil conducir a esos padres a la célula de adultos y consolidarlos allí.
El hecho es que los niños se han mostrado excelentes sembradores si queremos tener una gran cosecha, necesitamos invertir en todos los sembradores y segadores que Dios nos ha dado, eso incluye a los niños.
3- Estamos formando una generación de vencedores.
Como generación, somos padres de la generación siguiente, y tenemos que entrenarlos para ser también vencedores. Nuestra responsabilidad es formar en ellos una mentalidad de vencedor desde la infancia.
Una de las razones por las que la generación de padres que salió de Egipto con Moisés no entró en la tierra de Canaán es que, aunque eran libres, tenían una mentalidad de esclavo. Por eso, varias veces ellos hicieron mención de volver a Egipto, porque ellos pensaban como esclavos y actuaban como esclavos. Dios quería hacer de ellos un pueblo vencedor, pero ellos se veían como langostas. Sin embargo, algo diferente sucedió con la generación de niños, ellas crecieron como libres y por eso conquistaron la tierra.
Hoy nuestra visión como iglesia es edificar una iglesia de vencedores. Estamos proclamando esto para la próxima generación, pero son ellos quienes vivirán plenamente esa visión, porque esa verdad ya forma parte de su mentalidad. Cuando esto sucede desde la infancia, la semilla tiene el poder de producir el ciento por ciento. Este es nuestro legado a la próxima generación, y no podemos renunciar a él.
21 días de ayuno – día 20
LA CÉLULA ES UN ORGANISMO VIVO
La célula necesita ser parte de un organismo, y no de una mera organización. Para que la célula funcione apropiadamente, necesitamos percibirla como algo vivo. Según la biología, existen siete características que definen un ser vivo: alimento, movimiento, respiración, excreción, crecimiento, sensibilidad y reproducción.
Creo que todas estas características pueden aplicarse a la célula.
1. ALIMENTO
Todo ser vivo necesita sustancias de su medio ambiente para obtener energía, crecer y mantenerse sano. La célula también necesita alimento. En realidad, todo lo que se mueve necesita combustible. La célula necesita ser suplida con abundante alimento espiritual.
Después que somos salvos y nacidos de nuevo, nuestra necesidad más inmediata es aprender a comer del Señor como nuestra leche y alimento espiritual. Sin ese alimento espiritual, nosotros tampoco tenemos el crecimiento normal y, en poco tiempo, estará espiritualmente muerto.
En los evangelios, el Señor Jesús se presenta como un banquete para nosotros. En el capítulo 4 de Juan, dice que es «el agua viva» para nosotros beber. En el capítulo 6 del mismo libro, Él dice que es «el pan de la vida» para ser comido. Después, la Biblia dice en 1 Corintios 12: «Y a todos nos fue dado beber de un solo Espíritu». Nosotros lo bebemos y comemos, y consecuentemente, lo recibimos como nuestro alimento espiritual.
El modo en que el Señor alimenta Su cuerpo es por Su Palabra. Si deseamos ser alimentados por el Señor, necesitamos ir a la Palabra para probarlo. Pero, además de la Palabra, somos alimentados con el agua del Espíritu. Todo lo que Dios hace en nosotros lo hace por la Palabra y el Espíritu. Este es el alimento de una célula sana.
Como líder, no es su responsabilidad traer alguna enseñanza nueva para el grupo, su responsabilidad es rumiar la comida que ya fue liberada el domingo en la reunión de celebración. Sé que suena extraño hablar de rumiar, pero la Palabra de Dios dice que somos ovejas. Como todo rumiante, tienen un estómago doble y su digestión se produce en dos fases: después de masticar el alimento, va a una de las cavidades del estómago y, después de algún tiempo, vuelve a ser deglutido nuevamente. Ellas hacen así para poder absorber todo el nutriente posible de los vegetales.
La Palabra de Dios dice que somos ovejas. Por lo tanto, necesitamos aprender a rumiar la palabra que recibimos. Debemos oírla, pero luego necesitamos volver a meditar en ella y compartirla en la célula hasta que sea completamente absorbida.
2. MOVIMIENTO
Todo organismo vivo demuestra algún tipo de movimiento, ya sea interno o externo. Esto significa que todo lo que está vivo sigue el movimiento de Dios. Cuando hablamos de mover de Dios, también estamos hablando de movimiento. El mover de Dios en medio de su pueblo resulta en que ese pueblo se mueva para seguirlo.
Sin embargo, cuando una célula se mueve, ella necesita estar atenta a algunos principios naturales del movimiento. En primer lugar, hay que recordar que todo lo que se mueve produce tensión. Tensión no significa que algo está mal, pero que algo está sucediendo. Siempre que nos estructuramos y nos organizamos, veremos algún tipo de fricción. Si las fricciones se tratan apropiadamente, permitirán que la estructura sea aún más eficiente.
La segunda característica es que todo lo que se mueve produce calor. El resultado natural de la tensión es el calor. Hay el fuego del Espíritu, pero también existe el calor de la fricción. Es necesario el aceite del Espíritu como combustible del mover, pero también necesitamos el aceite de la unción para refrescar la estructura. Y la unción que nos permite relacionarnos de forma armoniosa en la obra de Dios.
Recuerde también que todo lo que se mueve se desgasta. Todo cuchillo después de algún tiempo de uso, necesita ser amolado. Toda guitarra después de tocar, necesita ser afinado. Su celda también necesitará reciclaje. De vez en cuando, necesitamos parar para renovar la visión y la práctica, pues todo se gasta con la rutina y el uso. Esto no es algo negativo, forma parte de la vida. Con el tiempo, las células deben ajustarse de nuevo.
Y, por último, es importante recordar que todo lo que se mueve tiende a la inercia. Las cosas nunca tienden a acelerar, pero siempre tienden a parar debido a las resistencias en el camino. La gran ilusión es presumir que, una vez que nuestra célula vaya bien, ella irá bien para siempre y no necesitaremos hacer nada, pues las cosas van a suceder espontáneamente. Todo lo que está en movimiento tiende a parar, por eso hay la necesidad de frecuentemente dar nuevos impulsos para mantener el ritmo de la célula.
3. RESPIRACIÓN
Todas las cosas vivas necesitan respirar. La respiración de la célula es el soplo de vida, Cuando respiramos, estamos haciendo un cambio de gases. Estamos aspirando el oxígeno y expulsando otros gases tóxicos. Esto hace que la corriente sanguínea sea renovada. Así, la respiración es la expresión más básica de vida. Pero cuando hablamos de respiración, nos estamos refiriendo a la atmósfera, y eso apunta al ambiente de la célula. Un ambiente lleno de amor y hospitalidad permite al visitante respirar aliviado en un mundo lleno de contaminación del pecado y del egoísmo.
El ambiente de la célula debe estar impregnado por el amor de Dios. La fuerza de la célula está en los vínculos de amor. Son esos vínculos que favorecen el crecimiento. Nosotros no fuimos salvos simplemente para participar de cultos los domingos, fuimos salvos para ser miembros unos de otros en la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Y precisamente por eso nos reunimos en las células, porque allí los vínculos de amor pueden ser firmados.
Decide amar a los hermanos. Decide caminar con ellos. Decide bendecir y hablar cosas buenas de tu iglesia y de tu célula.
Usted no puede amar lo que usted no bendice. Si sus palabras son siempre negativas en relación a los hermanos, en relación a su célula ya la iglesia, usted nunca será capaz de amarlos.
¿Qué palabras has dicho acerca de los hermanos y de la visión de Dios? Y más: ¿qué te has permitido oír? Las personas que hablan continuamente palabras negativas y de muerte acerca de los hermanos son enviadas del maligno para generar en ti, rabia, rencor y resentimiento.
Usted nunca recibirá de la unción que no reconoce y no honra. Algunas personas dicen que ya no sienten más la misma unción entre nosotros, como si la unción hubiera partido. En realidad, lo que pasa es que ya no pueden recibir a través de nosotros precisamente porque sus palabras sobre nosotros son negativas. La unción sólo fluye a través del amor. Para que yo pueda ministrar en su vida, necesito amarlo, de lo contrario, la unción no fluirá. Pero el inverso también es cierto. Si usted no me ama, no puede recibir de la unción que está sobre mí. El amor es el medio, el camino por el cual la fe y la unción fluyen.
Esta es la razón por la que muchos se han sentido áridos y secos, incluso viviendo a la orilla del río. Si usted maldice el río, usted no deseará beber de él.
No esperes que los hermanos sean perfectos para ser dignos de tu amor. No esperes que la iglesia llegue a la gloria para amarla. Tome la decisión de amar hoy. Cambia tus palabras. Comienza a bendecir la fuente que lo nutre.
4. SENSIBILIDAD
Todos los seres vivos reaccionan a cambios alrededor de ellos, como el tacto, la luz, el calor, el frío y el sonido. Y la sensibilidad en la célula permite la vida en comunidad.
Todos necesitan saber que es bueno llorar juntos. Necesitamos entender que cuando enfrentamos una crisis juntos, no necesitamos ser insensibles. No necesitamos hacer de cuenta que no sentimos nada. Podemos desprendernos en lágrimas y emociones. Ve a los presbíteros de Éfeso abrazando y besando calurosamente a Pablo, y los hermanos de Cesárea llorando e implorándole para no subir a Jerusalén, hasta que él respondiera: ¿Qué hacéis llorando y quebrantando el corazón? (Hch 21.13), Pero que ellos sabían que ya no verían a Pablo cara a cara.
Por toda la Biblia, encontramos momentos en que se debía gritar, otras en que se debía llorar y otras en que se debía reír. Todas las emociones humanas son válidas en Dios. Dios no quiso que suprimamos nuestras emociones, ellas tienen su manifestación legítima. La iglesia y la célula como su expresión son los lugares donde expresamos los sentimientos en libertad, y nuestros hermanos son aquellos que son sensibles y solidarios con nuestro dolor y con nuestra alegría.
Una célula que es sensible al dolor y a la aflicción y que da una respuesta de amor y cuidado es un lugar lleno de vida. Esta vida seguramente se expresará en algún momento en el crecimiento y la multiplicación.
5. EXCRECIÓN
Cuando un organismo está expulsando la basura de su cuerpo, esto se llama la excreción. Si esa basura continuara dentro del cuerpo, se tornaría venenoso. Por eso, el organismo necesita eliminar esos residuos. La excreción no es más que la sustracción. La substracción precede a la multiplicación.
Algo que cualquier agricultor sabe es que todo árbol necesita ser podado para que pueda dar frutos. Jesús dijo que, antes de la fructificación, hay que haber la poda: «Toda rama que, estando en mí, no dé fruto, él lo corta, y todo lo que da fruto limpio, para que produzca más fruto aún» Jn 15.2). Incluso la célula que está dando fruto será eventualmente podada. Sé que no queremos perder a nadie, pero desafortunadamente hay quienes no pueden avanzar con nosotros.
En la ecuación de la multiplicación, no podemos ignorar la sustracción. Es tan importante como la multiplicación. El baño es tan necesario como la cocina en una casa. Eliminar personas equivocadas es tan importante como establecer las personas adecuadas. Proverbios dice: «Lanza fuera el escarnecedor, y con él se irá la contienda, cesarán las demandas y la ignominia» (Pv 22.10)
La substracción ocurre de dos modos. Algunas substracciones suceden porque la gente nos deja. Algunos nos dejan a causa de la distancia o el cambio, y otros salen a causa de personas y amistades.
El segundo tipo de sustracción es cuando nosotros mismos invitamos a las personas a salir. Hay personas con problemas, pero existen las que son un problema. Son aquellas que tienen problemas con todo el mundo. Si él tiene problemas con todo el mundo, es porque el problema es el él. Nunca mandamos afuera a las personas con problemas, pero eliminamos a las que son un problema.
Su discipulador siempre debe ser comunicado sobre todo tipo de problema de relación en su célula. Si hay necesidad de disciplina, lo hará. Pero no quede desanimado si la poda es necesaria, es la señal de que la célula va a fructificar mucho más. La substracción forma parte de la ecuación de la multiplicación de la célula.
6. CRECIMIENTO
Cuando los organismos vivos se alimentan, ellos ganan energía. Una parte de esa energía se utiliza en el proceso de crecimiento. Los seres vivos se vuelven más grandes y más complejos a medida que crecen.
En nuestra experiencia como iglesia, hemos observado que el crecimiento de una célula ocurre de dos formas: podemos tener un crecimiento constante, aunque pequeño, y podemos tener explosiones eventuales. En el Libro de Hechos, vemos que la iglesia primitiva también experimentaba estos dos lados del crecimiento. Por un lado, Hechos 2.47 dice que «añadía el Señor, día a día, los que iban siendo salvos». Este crecimiento diario no era explosivo, pero eventualmente ellos experimentaban esas explosiones. Hechos 2.41 dice que hubo un acrecimiento en un día de casi tres mil personas.
Es interesante cómo este principio puede ser observado en un niño. Sabemos que crecen todos los días, pero periódicamente un estiramiento y de repente nos asustan con el crecimiento. En la vida de una iglesia en células sanas, siempre vemos estos dos lados del crecimiento.
Como sacerdotes en la casa del Señor, necesitamos observar constantemente la salud de la célula. No podemos hacer crecer la célula, pero podemos mantenerla sana para que experimente un crecimiento constante.
Normalmente, cuando los hermanos crecen en madurez (crecimiento cualitativo), la célula crecerá en cantidad. El crecimiento cualitativo real siempre producirá un crecimiento cuantitativo.
7. REPRODUCCIÓN
Una célula puede crecer y no por eso estará lista para multiplicarse. Para que una célula se multiplique, primero necesitamos multiplicar el liderazgo.
Las células surgen y desaparecen, comienzan y terminan. A menos que los miembros de grupos se conviertan en líderes de célula, los frutos no serán duraderos. Así, la prioridad máxima de un líder de célula es identificar a los líderes potenciales e iniciar el proceso de discipulado. La primera condición para la multiplicación de una célula es que el propio líder haya generado otro. Cada semilla genera de acuerdo con su especie. Las ovejas generan ovejas, líderes generan líderes.
El objetivo principal del líder no es simplemente sostener y cuidar la célula. Evidentemente, lo hará, pero su trabajo principal es encontrar, entrenar y enviar nuevos líderes. La célula no es una estrategia de organización, sino de liderazgo. Nuestro objetivo no es tener miembros, sino discípulos. Y cada discípulo debe ser entrenado para liderar una célula.
Algunos líderes se contentan con tener una reunión de células llenas, pero una reunión completa no alcanza el objetivo completamente. Si no tiene al menos un líder en entrenamiento, será una célula débil aunque sea grande. Necesitamos llevar a cada miembro a convertirse en un líder de célula.
Cada líder debe constituir por lo menos tres líderes en entrenamiento en su célula, los cuales serán sus discípulos y colaboradores.
Él deberá, entonces, encontrarse semanalmente con sus tres discípulos. Este encuentro puede ocurrir un poco antes o un poco después de la reunión de la célula. Toda la célula debe ser distribuida entre los tres discípulos para que actúen como ángeles de la guardia cuidando a los demás hermanos.
Lo que Pablo habló en 2 Timoteo 2.2 es el patrón del avance del reino de Dios: «Y lo que de mi parte oíste a través de muchos testigos, eso mismo transmite a hombres fieles y también idóneos para instruir a otros».
Vea si usted entendió: «Y lo que de mi parte oyó, a través de muchos testigos [Pablo no habló eso en particular, sino en público], eso mismo transmite [..]». ¿Para quien? ¿Para cualquier hombre? ¿Para qué tipo de hombre? Hombres fieles. Pero cuál es la fidelidad que se espera de ellos? La fidelidad de mantener el proceso e instruir a otros. Este es el proceso de reproducción en la celda. No multiplicamos las células, multiplicamos el liderazgo. Si usted no está reproduciendo liderazgo en la célula, usted no entiende la visión apropiadamente.
El propio Pablo es un ejemplo del proceso. Pablo dice. «Lo que mismo que oyó […]», entonces él comenzó el proceso. Timoteo oyó. Él era el discípulo. Y ahora Pablo dice: «Lo que recibiste, Timoteo, transmite a hombres fieles». Y estos hombres fieles, a su vez, van a transmitir a otros. Y estos, a otros. ¿Cuál es el propósito de Dios? Desencadenar un proceso, una reacción en cadena que nadie puede impedir. Usted recibe y pasa a otro, que pasa a otro, que pasa a otro.
Tenemos muchos cursos en nuestra iglesia, pero los cursos no reemplazan el discipulado.
El curso no forma líderes y no genera discípulos. La única manera de convertirse en un líder es ser entrenado por otro líder. Si usted no camina con un líder, usted no se convierte en Líder. Y si usted no tiene a nadie caminando con usted como discípulo, el proceso reproductivo de la célula está interrumpido. La célula puede incluso crecer, pero no se multiplicará.
No pienses que nuestro trabajo es simplemente mandar alumnos a los cursos de formación de la iglesia, así como evangelizar no es sólo mandar a alguien para el encuentro. Cada ministro necesita percibir el espíritu de la obra de Dios y tener el cargo debido.
El orden de Jesús fue muy claro: «Id, pues, haced discípulos enseñándoles a guardar todas las cosas que os he ordenado» (Mt 28.19-20). El orden del Señor es para hacer discípulos.
¿Cómo los discipulamos? Enseñando a guardar. Enseñar a guardar no es enseñar usando curso de entrenamiento. No es sólo enseñar de manera teórica, es enseñar haciendo. Enseñar a guardar es ustedes haciendo juntos. Usted no sólo le enseñará a orar, usted orará junto con él. Usted va a enseñarle a predicar, sí, pero va a predicar junto con él. Esto es reproducir. El avance de la obra hoy depende de su seriedad como ministro en la casa de Dios. Su principal cargo debe ser reproducirse generando discípulos.
21 días de ayuno – día 19
LA MATEMÁTICA ESPIRITUAL DE LA CÉLULA
Sólo Dios puede llevar una célula a hacerse sana. Nosotros sembramos la semilla y cultivamos el suelo, pero confiamos en Él para el crecimiento. El Señor Jesús dijo, en Marcos 4, que la tierra por sí misma fructifica:
También dijo: El reino de Dios es así como si un hombre arrojase la semilla a la tierra; después, dormirá y se levantara, de noche y de día, y la semilla germinara y crecerá, no sabiendo él como. La tierra por sí misma fructifica: primero la hierba, después, la espiga, y, por fin, el grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto ya está maduro, luego se le mete la hoz, porque es llegada la siega. (Mc 4:26-29)
El labrador prudente sabe que él no hace la planta crecer, pero que el tamaño de su cosecha depende de la generosidad de su siembra: «Y esto afirmo: el que siembra poco también segará, y el que siembra con abundancia también cosechará» (2 Co 9:6)
También percibe que el cultivo no es algo natural. Es Dios quien da el crecimiento de la semilla, pero nada sucedió sin su cooperación y trabajo. En Génesis 2, leemos que Dios no había hecho llover porque aún no existía el hombre para cultivar la tierra. El propósito de Dios sólo puede ser alcanzado por medio del hombre.
Es verdad que el crecimiento viene de Dios, pero cuánto puede producir una semilla depende del hombre que la cultiva. El pleno potencial de la semilla es alcanzado por el trabajo de Dios con la cooperación del hombre. Si Dios tiene un hombre, Él realizará su propósito, pero si Él no encuentra tal hombre, su plan se pospone. Dios planeó tener al hombre para cumplir su propósito.
El labrador diligente sabe que hay un tiempo cierto de sembrar y de comenzar la cosecha. Sabe que, si pasa el tiempo de plantar, no habrá cosecha, y si pasa el tiempo de cosechar, la plantación se perderá. Vivimos en días de cosecha, pero muchos labradores aún no lo percibieron:
¿No decís vosotros que todavía hace falta cuatro meses hasta la siega? Pero yo os digo: alzad los ojos y ved los campos porque ya blanquean para la siega. (Jn 4:35)
Pablo dice que la iglesia es la labranza de Dios y nosotros somos los labradores (1 Co 3:9). Debemos ser buenos labradores que pacientemente aguardan los frutos.
El crecimiento de una célula es algo espiritual y ciertamente sucede de forma espontánea. No hacemos una célula crecer sólo identificamos lo que está impidiendo su crecimiento. Si una célula o una iglesia no está creciendo, ciertamente es un síntoma de que algo está mal. La falta de crecimiento es sólo un síntoma, no es la enfermedad propiamente dicha.
Hay que decir que lo último que una iglesia debería hacer cuando no está creciendo es una campaña de evangelismo. Si hace una campaña de crecimiento cuando está enferma, sólo va a aumentar la enfermedad y aún va a insertar más nuevos convertidos en un ambiente enfermo, donde seguramente serán contagiados.
Cuando el crecimiento cesa, necesitamos parar y hacer una santa investigación para descubrir las causas. Después de descubrir lo que está impidiendo el crecimiento y curar la enfermedad, entonces podemos hacer una campaña o usar cualquier otra estrategia y el crecimiento vendrá naturalmente.
El trabajo principal del líder es observar constantemente la salud de la célula. No podemos hacer crecer la célula, pero podemos mantenerla sana para que experimente un crecimiento constante. La forma más simple de verificar la salud de una célula es observando los tres niveles de relación.
Al final, todo se resume en tres tipos fundamentales de relación: oración, evangelismo y discipulado. Estas son las tres relaciones básicas que desarrollamos. Toda célula, toda iglesia y cada creyente individualmente necesita oración, discipulado y evangelismo. La oración, evidentemente, es nuestra relación con Dios; el evangelismo es nuestra relación con el incrédulo; y el discipulado, nuestra relación con los hermanos, tanto como haciendo discípulos.
LA MATEMÁTICA ESPIRITUAL DE LA CÉLULA
De la misma forma que los alumnos del curso fundamentalmente aprenden las cuatro operaciones básicas: sumar, restar, multiplicar y dividir, los líderes de célula necesitan entender que existe también una matemática fundamental en las células.
A. LA ADICIÓN (SUMA)
La Palabra de Dios nos dice que, en los días de la iglesia primitiva, el Señor añadía todos los días a las personas que iban siendo salvas. Eso es adición.
Alabando a Dios y contando con la simpatía de todo el pueblo. Mientras tanto, añadía el Señor, día a día, los que iban siendo salvos. (Hch 2:47)
Tenga la expectativa de que las personas se agreguen a su célula. Hable de ello siempre con su grupo y sus discípulos. Ore y ayune junto con la célula para que esto suceda. El Señor nos llamó para ser pescadores de hombres (Mc 1:17). Debemos prepararnos apropiadamente para la pesca en la que estamos involucrados.
La voluntad de Dios es que su célula crezca. En ningún momento, dude de que ésta sea voluntad de Dios. Nuestra fe está íntimamente relacionada con el conocimiento de la voluntad de Dios. Así, tenga plena convicción de que Dios desea el crecimiento de su célula. Recuerde que sin fe es imposible agradar a Dios (Heb 11:6).
¿Quién el Señor desea añadir a su célula? Desea agregar personas de al menos cinco grupos diferentes.
En primer lugar, desea añadir nuevos convertidos. La voluntad de Dios es que todo hombre sea salvo y llegue al pleno conocimiento de la verdad (1 Tm 2:4).
En segundo lugar, Dios desea añadir a su célula personas ya convertidas de otras ciudades que se han mudado recientemente a cerca de su célula.
El tercer grupo de personas que el Señor va a añadir son aquellos que se han convertido, pero aún no poseen una iglesia, no se vincularon a una iglesia local.
El cuarto tipo de persona que el Señor añadirá son aquellos que están desplazados en el cuerpo de Cristo. Algunas personas están en la célula equivocada y otras están en la iglesia local equivocada. Muchos hermanos han sido virtualmente echados de sus iglesias a causa de una visión o una experiencia espiritual diferente a la de sus líderes. Necesitamos tener una actitud amorosa para recibir a tales personas y envolverlas en la vida de la iglesia.
Recuerde, sin embargo, de nunca trabajar para traer personas ya convertidas. Sólo las aceptamos cuando vienen a nosotros. Y cuando esto suceda, ayude a esas personas a salir en paz con sus antiguos líderes.
El quinto tipo de persona que el Señor nos añade es el menos valorado en nuestro medio, pero es muy importante: son nuestros hijos naturales. La iglesia necesita todos los tipos de crecimiento. Necesitamos crecer por evangelismo, pero necesitamos tener también el crecimiento vegetativo, es decir, generando hijos naturales. Nuestra iglesia tiene casi tres mil niños que son hijos de los miembros de la iglesia. Ellos constituyen una gran congregación y son una parte importante de nuestro futuro como iglesia. Necesitamos ganar esta generación, pero necesitamos guardar la próxima generación, que son nuestros hijos.
B. LA SUBTRACIÓN (RESTA)
De acuerdo con 2 Timoteo 4:10-12, hubo muchas personas que dejaron la célula de Pablo por varias razones:
Porque Demas, habiendo amado el presente siglo, me abandonó y se fue a Tesalónica; Creciente fue a Galacia, Tito, a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma contigo Marcos y traedlo, pues me es útil para el ministerio. En cuanto a Tíquico, lo mandé a Efeso. (2 Tm 4:10-12)
Es inevitable que la gente nos deje. Ellos lo harán por diferentes razones. Pablo dijo que alguien lo dejó porque se desvió, otro cambió de ciudad y otro fue enviado como misionero. Todas estas situaciones pueden ocurrir en nuestra célula. Podemos distinguir por lo menos cinco tipos de personas que nos dejarán
El primer tipo es el que se envía a otra ciudad. Algunos son enviados como obreros, otros son enviados como líderes de célula. Evidentemente, esas personas pueden todavía mantener un vínculo de amistad y comunión espiritual, pero ya no serán parte de la célula en el día a día.
Una cosa que siempre hacemos es enviar y comisionar a los miembros de la iglesia cuando ellos parten a otro lugar del país. Muchas de nuestras iglesias nacieron como fruto del trabajo de estos hermanos.
El segundo grupo de personas que nos dejan son aquellos que van a otras células de nuestra iglesia o a aquellos que cambian de iglesia. Tenga cuidado de no dejarse ofender por este tipo de situación. No tome como algo personal. Deja que el Señor coloque a la gente encajando en el lugar correcto.
Evidentemente, no queremos perder a nadie, tampoco pasar a otros el cuidado de aquellos que el Señor nos ha dado. Usted debe empeñarse al máximo para que eso no suceda, pero es un hecho que sucederá en algún momento. Y cuando suceda, tenga una actitud amorosa y deje la puerta abierta para el caso de que la persona quiera volver.
El tercer tipo de persona que nos deja es aquel que simplemente partió o desapareció. No sabemos si fue a otra iglesia o cambió de ciudad, simplemente cortan la relación.
El cuarto tipo son aquellos que desvían de la fe. Pablo menciona
Demas, que amó el presente siglo, y Santiago 5:19 dice que algunos pueden desviarse de la verdad. En situaciones así, no se presumirá las posibles razones de la persona, sólo entre en contacto con ella, descubra las causas y comunique a los demás miembros del grupo.
El quinto tipo de persona no es propiamente alguien que nos deja, pero es alguien que nosotros mismos no queremos en la comunión. Como ya dije anteriormente, en la ecuación de la multiplicación, no podemos ignorar la sustracción. Es tan importante como la multiplicación. En una casa, el baño es tan necesario como la cocina. Eliminar personas equivocadas es tan importante como establecer las personas adecuadas. Proverbios dice: «Lanza fuera el escarnecedor, y con él se irá la contienda, cesarán las demandas y la ignominia» (Pv 22:10)
Evidentemente, el presbiterio de la iglesia es el responsable de la disciplina de aquellos que viven en el pecado y no se arrepintieron. Pero cada creyente es un ministro guardando la vida de la iglesia en su célula y él debe comunicar el liderazgo cuando el pecado se manifiesta entre nosotros.
C. LA MULTIPLICACIÓN
En Marcos 4:20, el Señor Jesús habló acerca de la semilla que fructifica a treinta, sesenta y cien por uno:
Los que fueron sembrados en buena tierra son aquellos que oyen la palabra y la reciben, fructificando a treinta, a sesenta y a cien por uno. (Mc 4.20).
La voluntad de Dios es la multiplicación. Todo lo que Dios hizo se multiplica, por eso vivimos en una mentalidad de multiplicación: multiplicamos células, líderes, ministerios, discípulos y también iglesias. Necesitamos esperar la multiplicación de nuestra célula. Hechos 9:31 dice que los primeros discípulos andaban en el temor del Señor, en la comodidad del Espíritu Santo y las iglesias se multiplicaban:
Así pues, las iglesias en toda Judea, y Galilea, y Samaria tenían paz y eran edificadas; y se multiplicaban, caminando en el temor del Señor y en la consolación del Espíritu Santo. (Mc 9:31- RC)
Cada ministro necesita mirar a su célula con una mirada de fe. Esta mirada de fe es uno de los grandes secretos de la multiplicación. El mayor secreto es reconocer el valor de lo que tenemos en nuestras manos. Una vez, una viuda fue a Eliseo pidiendo ayuda a causa de una inmensa deuda. La situación era realmente difícil. Eliseo, entonces, le pregunta lo que ella tenía en casa, de qué recursos ella disponía para resolver el problema. La respuesta de la viuda es emblemática: «No tengo nada más que una botella de aceite» (2 Rs 4:2). Para ella, una botella de aceite y nada, era lo mismo.
Usted puede caminar en la unción de la multiplicación. Pero, para eso, usted necesita reconocer y valorar lo que Dios le ha dado. Para ser multiplicación necesitamos tener algo en nuestras manos. Usted sabe, lo único que no se puede multiplicar es el cero. El cero multiplicado por cualquier cosa es siempre igual a cero. Gracias a Dios que siempre tenemos algo en nuestras manos con que trabajar.
Tal vez usted piensa que los miembros de su célula son lo mismo que cero, o que sus recursos sean tan insignificantes que sean igual que cero. Pero sus ojos se abrirán para ver el potencial de los recursos que Dios le ha concedido.
La pregunta de Eliseo para la viuda es la misma que Dios le está haciendo: «¿Qué tienes en tu célula?». Dios siempre pregunta por lo que tenemos, y no por lo que no tenemos. Es interesante cómo es exactamente inversa nuestra actitud, siempre estamos mirando hacia lo que no tenemos. Pensamos que no tenemos la mejor formación, los mejores miembros, un buen anfitrión, líderes en entrenamiento o recursos financieros suficientes, pero Dios siempre toma lo que consideramos insignificante y lo hace una solución.
Tener una mirada profética significa reconocer lo que se nos es dado por Dios. Todo lo que necesitamos para tener éxito ya nos ha sido dado. Dios nunca llama a nadie sin darle la capacidad, las herramientas y los recursos necesarios. Usted ya tiene la unción que necesita y el poder que será necesario para desempeñar su función como sacerdote en su célula.
El problema a veces es que no reconocemos lo que tenemos como provisión de Dios. Algunas veces, somos como aquella viuda para quien una botella de aceite es nada. Ella no tenía una mirada profética para reconocer el suministro de Dios.
La unción de multiplicación está reservada para viudas endeudadas y creyentes desorientados que decidieron creer. Siempre habrá alguien con cinco panes y dos peces dispuestos a colaborar para que el milagro del Señor suceda en su ministerio y en su vida. Creer en las personas y en las cosas que Dios le ha confiado. Desarrolla una mirada profética.
De vez en cuando, algunos hermanos me reclaman que sus células están débiles, decadentes. En mi interior, rechazo estas palabras y declaro que las células son fuertes, santificadas y que se multiplicarán en el nombre de Jesús. Alguien dirá que es una locura actuar de esta manera diciendo que no es la verdad. Pero la verdad no es lo que vemos o decimos, sino lo que Dios ve y dice, y Dios nos ha dicho que está iglesia es bendecida.
Nunca vi a un pastor prosperar viendo la iglesia de manera negativa. El líder que prospera y crece es el que da gracias por la célula que posee.
Así, vea cada hermano con mirada de fe. Samuel vio a David con los ojos de la fe. Bernabé vio a Saulo a través de los ojos de la fe. El Señor Jesús vio a sus discípulos con una mirada de fe. Creía que Dios le ha enviado exactamente aquellos de los que usted necesita.
D. LA DIVISION
División es la estrategia más grande del enemigo contra la iglesia. Probablemente, toda nación, sociedad, iglesia y familia que fueron destruidas lo fueron de dentro hacia fuera, por medio de la división. Su principal oración debe ser a favor de la unidad de la iglesia y contra todo espíritu divisivo.
La unidad es la clave principal para garantizar la fuerza espiritual contra las tinieblas y llevar la célula a la multiplicación. Por eso, sea muy cuidadoso para no recibir acusación contra nadie a menos que haya dos o tres testigos.
No se aceptan denuncia contra presbítero, sino exclusivamente bajo el testimonio de dos o tres testigos. En cuanto a los que viven en el pecado, los reprende en la presencia de todos, para que también los demás teman. (1 Tm 5.19)
Además, usted debe rechazar a ese hermano divisivo después de exhortarlo por dos o tres veces.
Evita al hombre faccioso, después de amonestarlo primera y segunda vez, pues sabes que tal persona está pervertida, y vive pecando, y por sí misma está condenada. (Tt 3:10-11).
Las palabras divisivas son semillas de duda lanzadas en el corazón de los hermanos por el maligno. Cada ministro necesita estar constantemente vigilante contra las palabras desleales y maliciosas de personas divisivas. Tenga mucho cuidado con personas que tengan las siguientes actitudes:
• Aquellos que arrojan dudas sobre la visión de la iglesia, la vida de los pastores y hasta del líder de la célula.
• Personas que lanzan chismes y producen contiendas entre hermanos.
• Personas que están llenas de opinión y son siempre discordantes del liderazgo de la iglesia.
• Aquellos que son extraños en el nido y nunca se mezclan con los hermanos.
• Hermanos que se dicen decepcionados con todo tipo de liderazgo.
Evidentemente, estos son sólo algunos signos de alguien potencialmente divisivo que puede destruir la comunión y la unidad de la célula. Y, por supuesto, no esperamos que la gente esté de acuerdo con cada detalle mínimo dentro de la célula. Pero hay cosas que son fundamentales, y en estala necesidad de haber unanimidad. Los antiguos Hermanos Moravales tenían el siguiente pensamiento: «En lo esencial: unidad, en las cosas no esenciales: diversidad, y en todas las cosas: el amor».
21 días de ayuno – día 18
QUIEN ES QUIEN DENTRO DE LA IGLESIA
La palabra clave de la tercera carta de Juan es la palabra «testimonio» (v. 3,6,12). Esto significa que cada cristiano es un testigo. Algunos tienen un buen testimonio, otros son testigos malos, pero todos los salvos son testigos.
Las dos últimas epístolas de Juan tratan de la vida de la iglesia. Paradójicamente, la segunda epístola muestra que no debemos recibir a todos entre nosotros. En cuanto a los falsos maestros, él dice: «No los recibáis en casa, ni les doy la bienvenida (v. 10), pero ahora, en su tercera epístola, exhorta a la iglesia por no ser hospitalaria con los hombres de Dios, por no recibirlos ni darles acogida:
El presbítero a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad. Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad. Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia. Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero. Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno en particular. (3 Juan 1:15)
Tres personas están en evidencia en esta carta. El primero es Gayo, que se menciona en el verso primero; el segundo es Diótrefes, mencionado en el verso 9; y el tercero es Demetrio, que es citado en el verso 12. Estos tres personajes son para nosotros advertencias espirituales. Ellos son símbolos que representan tres tipos de creyentes dentro de la iglesia.
En la iglesia local existen diferentes tipos de cristianos. Hay aquellos maduros, pero hay también los bebés espirituales que todavía son neófitos. Hay creyentes fieles, pero también hay infieles. Hay quienes están llenos del Espíritu y aquellos que aún viven en la fuerza de la carne. Hay aquellos que quieren trabajar para Dios y también aquellos que quieren quedar indiferentes, apenas observando mientras otros lo hacen. La pregunta para nosotros hoy es simple: usted es parte de qué grupo? ¿Usted es parte de la solución o del problema?.
Vamos a ver a cada uno de estos tres hombres.
1. GAYO, UN SIERVO (3 Juan, véanse 1-8)
Por tres veces, Juan llama Gayo de hombre «amado» (v. 1,2,5). Evidentemente, Juan era alguien amoroso, pero Gayo ciertamente era un hombre especial. Creo que Gayo era alguien fácil de ser amado. La gente se encariñaba con él fácilmente. Su bondad, su amor, su testimonio y su vida eran como un aroma que atraía a las personas a su alrededor.
Es maravilloso cuando hay muchos hermanos amables en medio de la iglesia. Y, cuando digo amables, estoy hablando de que son fáciles de ser amados. Son personas llenas de palabra de vida y de fe, siempre hablando de forma positiva, mostrando las cosas del cielo. ¿Usted es fácil de ser amado? ¿O usted es siempre tolerado por los demás? ¿La gente necesita hacer un enorme esfuerzo para amarlo? Era fácil amar al hermano Gayo.
En el verso 2, Juan dice que Gayo era un hombre lleno de salud y vitalidad espiritual:
Amado, por encima de todo, hago votos por tu prosperidad y salud, así como es próspera tu alma. (véanse v. 2)
Mucho más que salud física, mucho más que dinero en el bolsillo, tenía un alma llena de vida. Pero no quiero decir que él no era próspero. Este versículo prueba claramente que la voluntad de Dios para nosotros incluye la prosperidad y la salud física. No necesitamos conformarnos con la miseria ni con la enfermedad.
Algunas personas conviven con la pobreza, con la miseria y con la enfermedad como si fueran la voluntad de Dios para ellas. No es. Si esa era la voluntad de Dios, el apóstol nunca diría: «Yo le deseo para que prosperes y tenga salud». Juan está diciendo que la voluntad de Dios para Sus hijos es, sí, la prosperidad y la salud. Usted puede orar por su prosperidad con convicción. Usted sólo tendrá lo que usted bendice.
Mientras usted habla mal de quién es próspero, usted no prosperará. Mientras usted diga cosas negativas de los que prosperan, usted no tendrá lo que tienen. Hable bien de aquel que es bendecido y usted experimentará fe para ser bendecido también.
Sin embargo, está claro que la riqueza material y la salud de Gayo no eran tan grandes como su salud espiritual. Juan hace voto para que él sea tan próspero y sano como era rico de la vida de Dios.
Un día, alguien me entregó un folleto en el que se revelaba el secreto de una buena salud. Hablaban de salud física, pero creo que eso también se aplica a la salud espiritual. Dice que el secreto es buena alimentación, ejercicio regular, buena higiene, descanso y vida disciplinada. Es increíble que las mismas cosas que nos dan salud física también nos dan salud espiritual.
Piense conmigo. El primer elemento es buena alimentación. Sabemos que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Si usted desea tener salud espiritual, necesita comer diariamente la Palabra de Dios, el pan del cielo. Después, decían que el ejercicio es muy importante. La Palabra de Dios nos manda ejercitar en la práctica de la piedad. Orar es un ejercicio espiritual, así como la meditación, la adoración y el ayuno.
El tercer ítem que mencionaban en el folleto para una buena salud es tener una buena higiene. Sabemos que el diablo es inmundo así como son sus obras. Necesitamos eliminar de nuestra vida todo lo que es alimento para los insectos demoníacos. Necesitamos salvarnos de toda suciedad de este mundo, pues eso será salud para nosotros. No hay que decir que la vida cristiana se vive en el descanso. Sin la fe expresada en el descanso, no tenemos como tener salud espiritual.
La tercera cosa que Juan dice acerca de Gayo es que él andaba en la verdad:
Pues me senté muy alegre por la venida de los hermanos y por su testimonio de tu verdad, como tú andas en la verdad. No tengo mayor alegría de lo que está, la de oír que mis hijos andan en la verdad (v. 3-4)
El testimonio de los hermanos acerca de Gayo es que él andaba en la verdad. Era alguien coherente, que tenía realidad espiritual. No sólo tenía el nombre de que vivía, pero realmente expresaba una genuina vida espiritual.
Gayo andaba en la verdad porque la verdad estaba dentro de él. Y, porque la verdad estaba dentro del corazón, internalizada, ella podía hacerse carne en su vida. En Juan 1, leemos que el Verbo se hizo carne, se hizo visible, y ese Verbo era la verdad. Hoy el Verbo habita en nosotros y nuevamente quiere hacerse carne haciéndose visible en nuestra vida.
Vivimos un momento muy serio entre los evangélicos en Brasil. Este ha sido un tiempo en que los evangélicos crecen cada vez más, pero su testimonio es cada vez menor. Cuando me convertí, en 1977, sólo había una familia evangélica en mi calle. Yo recuerdo escuchar a la gente diciendo acerca de los creyentes: «Ellos son extraños y fanáticos, pero una cosa es cierta, usted puede hacer negocios con ellos porque son honestos». No sé si tenemos ese mismo testimonio hoy. Tenemos muchos en la iglesia que creyeron en la verdad, pero desafortunadamente no andan en esa verdad.
Hoy somos buenos para cantar y para celebrar en nuestros cultos, pero no hemos sido tan buenos en vivir la verdad. Debemos hacer la primera sin omitir la segunda. A veces, me siento incómodo cuando alguien pregunta: «¿Fulano de tal es de su iglesia?», O: «Yo conozco a uno de sus miembros muy bien».
Yo siempre bromeo cuando oigo un cántico que dice: «Cuando estoy en tu presencia, da ganas de saltar, da ganas de gritar, da ganas de correr [..]». Pero es curioso que no da ganas de orar, de ayunar, de ser fiel, de ofrecer. Luego, me quedo pensando que no estoy muy en la presencia de Dios, pues no tengo la menor voluntad de correr ahora. Nada mal en correr, saltar y saltar. Puede saltar lo que quieras, el único problema es que esto tiene muy poco efecto en tu testimonio. Alguien puede incluso decir: «Usted ha visto a aquellos creyentes, son muy buenos para saltar, como bailan bien!» Pero ¿de qué sirve eso?.
Un tiempo atrás, publicaron en el diario de nuestra ciudad que el culto en La Vid es muy animado, parece hasta un show de rock. Pensé conmigo: no es exactamente ese testimonio que me gustaría oír. «Quería oír algo como:»¡Allí sentí algo diferente! ¡Allí sentí el poder de Dios! En medio de ellos, da para percibir el amor de Dios!». Pero lo que ellos notaron fue sólo nuestra agitación. Gloria a Dios por la santa agitación. Es mucho mejor tenerla que no tenerla. Pero necesitamos salir de la superficialidad y avanzar hacia cosas más elevadas en Dios.
Necesitamos tener el buen testimonio de la verdad sobre nosotros. Usted puede estar seguro de que alguien lo está observando. Alguien está mirando su comportamiento. Pero no son sólo los hombres, los ojos del Señor reposan sobre ti.
Una pareja de nuestra iglesia me estaba contando cómo es bueno tener un enviado de Dios en nuestra casa. Ellos habían contratado a una hermana como empleada, pero tenían una mala costumbre de tratar el uno al otro con in-delicadeza. Pero ahora ellos tenían una hermana de la iglesia dentro de casa.
Lo sorprendente es que, después de que la hermana llegó allí, su vida cambió. Ahora, cuando querían hablar de manera áspera uno con otro, luego decían: «¡Fulano, cambia el tono de voz porque la hermana ha llegado!». «¡No diga eso porque la hermana está aquí y va a oír!». Ellos estaban un poco incómodos con eso, pero creo que eso es una bendición. La empleada era un ángel de Dios en su vida. Usted vería decir todo el tiempo: «Fulano, cuidado con las palabras porque el Espíritu Santo está oyendo». «Fulano, no hable eso porque el Espíritu Santo nos está viendo»
Sin embargo, como el Espíritu Santo es algo muy vago para muchos, Dios coloca a una hermana en su casa. Por lo menos durante 8 horas al día, esa hermana es una bendición en sus vidas.
Es bueno tener luz sobre nuestras vidas, y algunas veces los hermanos son luces para nosotros. Y es común llamar a una persona que acompaña a una pareja de novios de «vela». Cuando alguien me pregunta cómo puede mantener su relación santa, yo siempre digo para poner luz sobre él, coloque una vela en el lado. Quien no tiene nada que esconder no le importa una vela o con la luz. Pero quien quiere vivir en las tinieblas siempre sopla la vela.
Gayo era un hombre que obedecía a la Palabra de Dios y andaba en la verdad. Los hermanos daban un buen testimonio del ejemplo de Gayo. ¿Las personas que nos conocen pueden dar un buen testimonio a nuestro respecto?
Lo que llevó a Gayo a dar un buen testimonio fue la verdad de Dios. La verdad estaba en él. Gayo leyó la Palabra, meditó en la Palabra, se deleitó en la Palabra y practicó la Palabra en su vida diaria.
Por último, Juan dice que Gayo era un hombre que servía con su tiempo y recursos (v 5-8). Él era un cooperador de la verdad, es decir, ayudaba a las personas a hacer la obra de Dios. Hoy estamos desafiando a ser un cooperador de la verdad. Usted puede hacer la obra que va, contribuyendo, hablando y orando. Gayo abrió su corazón, su bolsillo y su hogar para sostener a los predicadores de la Palabra de Dios.
Él daba soporte financiero para que otras personas hicieran la obra de Dios (1 Co 16:6 / Tt 3:13)
En aquella época existían predicadores itinerantes. Todavía hoy existen, pero en aquella época era algo muy importante para la iglesia. Estos predicadores itinerantes iban de iglesia en iglesia, bendiciendo a los hermanos con su ministerio. Aquellos que eran maestros llegaban a una iglesia y se quedaban meses allí enseñando la Palabra de Dios. Había también los que eran evangelistas y que también llegaban a una iglesia y se quedaban allí por meses. ¿Haciendo qué? Enseñando a los hermanos a evangelizar y también evangelizando. Lo mismo sucedía con los profetas y apóstoles.
Pero para ese trabajo, esos misioneros necesitaban ser acogidos y sostenidos por la iglesia local. Ellos necesitaban proveer una casa y también sustento para sí durante todo el tiempo en que estuvieran allí. Y, después de que parten, era necesario que la iglesia también diera una ofrenda para que ellos pudieran seguir avanzando.
Juan dice acerca de Gayo: «Yo sé que usted lo hace. Usted es fiel, usted se dispone a servir y a recibir a esos hermanos». ¿Cuál es la motivación para esa práctica de amor de Gayo?.
– Dar sustento a los siervos de Dios honra a Dios (v. 6). Nosotros nos asemejamos a Dios cuando nos sacrificamos para servir a los demás. Servir a los siervos de Cristo es servir a Cristo (Mt 10:40, 25:34-40).
– Dar sustento a los siervos de Dios es un testimonio a los perdidos (v. 7). Jesús enseñó claramente que los siervos de Dios merecen apoyo financiero (Lc 10:7), ese soporte, sin embargo, no debe venir de los incrédulos, sino del pueblo de Dios. El argumento de Juan es que los misioneros no deberían recibir dinero de los paganos.
– Dar sustento a los siervos de Dios es servir a Dios (v. 8). El ministerio de la hospitalidad y del soporte a la obra de Dios no es solamente un privilegio, sino una obligación (GI 6:6-10, 1 Co 9:7-11, 2Co 11:8-9, 12:13). Los misioneros que salen a predicar en nombre de Cristo y no tienen con que sostenerse, deben ser sostenidos por la iglesia.
– Dar sustento a los siervos de Dios es llegar a ser cooperador de la verdad (v. 88b). Gayo también se hizo cooperativo para que la verdad llegase a lugares más lejanos. Juan había dicho anteriormente que Gayo era próspero, pero ahora él declara cuál es el propósito de la prosperidad. ¿Sabes cuál es el propósito de la prosperidad? Es para que usted pueda ser cooperador de la verdad. ¡El objetivo de prosperar es para contribuir en el reino de Dios! Usted ha recibido más para que pueda contribuir con generosidad.
2. DIÓTREFES, UN DICTADOR (v 9-10)
El segundo personaje que Juan menciona en el texto es Diótrefes, en el verso 9: Escribí algo a la iglesia; pero Diótrefes, que gusta de ejercer la primacía entre ellos, no nos da acogida. Por eso, si yo es allí, le haré recordar las obras que él practica, profiriendo contra nosotros palabras maliciosas. Y lo satisfecho con estas cosas, ni él mismo acoge a los hermanos, como impide a los que quieren recibirlos y los expulsa de la iglesia. (3 Jn 1:9)
Diótrofes es el paradigma del creyente crítico, que resiste a la obra de Dios a causa de su actitud arrogante y carnal. Es aquel que siempre tiene una opinión pretenciosa para dar. ¿Quién era Diótrefes?
En el verso 9, Juan dice que Diótrefes era orgulloso y le gustaba tener la primacía. Es aquel sujeto apasionado por sí mismo. El Señor Jesús no ocupa el primer lugar en su vida, por lo que no acogía ni siquiera al apóstol Juan. El rechazo posiblemente no era doctrinal, sino personal: Escribí algo a la iglesia; pero Diótrefes, que gusta de ejercer la primacía entre ellos, no nos da acogida. (3 Jn 1:9)
Juan dice que le gustaría visitar la iglesia, «pero Diótrefes, que gusta de ejercer la primacía entre ellos, no nos da acogida» (v. 9). Eso es impresionante. Juan era uno de los doce apóstoles del Cordero y en ese momento, debía tener más de 90 años. Él quería predicar, pero Diótrefes no lo permitía. Simplemente porque me gustaba tener la primacía. Él estaba ávido por posición y poder. No había escuchado las advertencias de Jesús contra la ambición y el deseo de dominio (Mc 10:42-45, 1 P 5:3).
Diótrefes quería ser el centro de atención. Él miraba a Juan como un rival, y no como un apóstol de Cristo. Satanás estaba trabajando en la iglesia a través de Diótrefes, porque él estaba operando sobre la base del orgullo y de la autoglorificación, las dos principales armas del diablo.
Este es Diótrofes, él debería ser conocido como «Idiótrefes». En todo lugar, podemos encontrar algún Diótrofes. Son aquellos que se preocupan más consigo mismos que con el cuerpo de Cristo. Son ávidos por posición, por título, por poder, por ser el centro de la atención, llenos de orgullo, de autoglorificación. Estas son exactamente las características del infierno, los motivos de la caída del enemigo.
Diótrofes también era un líder dictador. Él imponía su liderazgo por la fuerza y la intimidación. Su voluntad era ley. Nadie podía ocupar su espacio. Cada persona que llegaba a la iglesia era una amenaza a su liderazgo. Por eso, no daba acogida a Juan. Gente como él se halla dueño del espacio, dueño de ministerios, siempre molesto porque no es debidamente reconocido y nadie lo aplaude. Diótrefes bien que podría ser llamado un líder dictador.
Una segunda característica de Diótrefes es que le gustaba proyectarse hablando mal de los demás (v. 10a). Él llegó a mentir sobre el apóstol Juan. Él traía falsas y vacías acusaciones contra Juan. Su placer era atentar contra el honor de aquellos que eran amenazas a su orgullo ya su posición de liderazgo. Él dispersaba intriga entre los hermanos (Pv 6:16-19):
Por eso, si yo fuera allí, le haré recordar las obras que él practica, profiriendo contra nosotros palabras maliciosas. Y, no satisfecho con estas cosas, ni él mismo acoge a los hermanos, como impide a los que quieren recibirlos y los expulsa de la iglesia. (3 Jn 1:10).
Diótrofes era como el rey Saúl: en vez de humillarse y cambiar de vida, él quería destruir al que Dios levantó para hacer la obra. Así, él hablaba mal de Juan por la espalda cuando éste no estaba presente para defenderse (v. 10 a)
Necesitamos tener cuidado de no dar crédito a todo lo que escuchamos y leemos sobre rumores dispersos contra los siervos de Dios. Ellos pueden estar siendo esparcidos por miembros de la iglesia como Diótrefes.
¿Qué se podría hablar contra Juan? Él era un santo hombre de Dios, también conocido como el apóstol del amor. Pero Diótrofes logra encontrar motivos para sospechar. Diótrofes está siempre poniendo malicia y sospechosos en los procesos, siempre pensando que alguien quiere sacar alguna ventaja o beneficio personal. «¿Por qué Juan está defendiendo tanto a esos misioneros que vienen aquí? ¿Está ganando algo con eso? ¿Por qué Juan está molestando tanto?».
Las palabras maliciosas no son sólo aquellas relacionadas con el área sexual. Palabra maliciosa es cualquier palabra que pone en cheque la idoneidad del otro. Este es Diótrofes, esparcía intrigas entre los hermanos basado en sospechas, presumiendo cosas que no eran verdad. Juan dice que Diótrofes era alguien que se negaba a reconocer autoridad espiritual (v. 10b).
Él no sólo no acogía a Juan, pero tampoco acogía a las personas ligadas a Juan y, además, impedía que los otros miembros de la iglesia acogieran a los enviados por el apóstol Juan. Él ejercía su autoridad de forma enfermiza, usando el arma de la intimidación. Él era un líder controlador, manipulador y dictador. Quería controlar la vida de las personas e imponerles su voluntad autoritaria.
Diótrefes buscaba dominar sobre los demás hermanos (v. 10c). Él controlaba la iglesia y, si alguien no quería caminar de acuerdo con él, entonces estaba fuera. Si alguien deja de practicar la Palabra debe ser disciplinado, pero si alguien quiere hacer el bien, si quiere contribuir, y aún así Diótrofes quiere impedir, entonces tenemos una obra diabólica dentro de la iglesia. ¡Qué cosa terrible!
Diótrofes no tenía ni autoridad ni base bíblica para expulsar a las personas de la iglesia, pero aún así lo hacía. La disciplina que practicaba era abusiva. Las personas eran disciplinadas no porque habían desobedecido a la Palabra de Dios, sino porque habían desobedecido a un orden autoritario de él.
Tristemente, la disciplina bíblica puede convertirse en un arma en manos de un dictador que busca protegerse. Sin embargo, para un liderazgo fiel, la disciplina es una herramienta para promover la pureza en la iglesia y glorificar a Dios.
Diótrefes difamó a Juan, trató con poco caso a los misioneros y excluyó a los creyentes leales, porque su objetivo era tener la preeminencia. Este es el pensamiento de Diótrefes.
¿Hay algún Diótrofes entre nosotros? Desafortunadamente, están por todas partes. Pero tenga discernimiento cuando alguno de este tipo llegue cerca de usted, pues él tratar de excluirlo de la comunión con los demás hermanos. Él quiere excluirlo del mover que está sobre toda la iglesia
3. DEMETRIO, UN BUEN EJEMPLO (v. 11-15)
En cuanto a Demetrio, todos le dan testimonio, hasta la propia verdad, y nosotros también damos testimonio; y sabes que nuestro testimonio es verdadero. (3 Jn 1:12)
En cuanto a Demetrio, lo que Juan dice es que es un buen ejemplo. Hay hermanos que no son líderes, como Gayo. Son hermanos que no tienen prominencia ni proyección, son sólo hermanos en medio de la comunidad. Incluso sin ocupar ninguna posición, usted puede y debe ser un ejemplo.
Cuando un líder anda con Dios y vive de forma irreprochable, es digno de ser imitado (Fp 3:17, 1 Co 11:1). Se convierte en modelo, estándar, referencial. La gente nos está mirando. Ellas nos están copiando. ¿Qué tipo de creyente estamos siendo? ¿Somos parte del problema o de la solución?
Juan declara un triple testimonio acerca de Demetrio.
En primer lugar, él tenía un buen testimonio dentro y fuera de la iglesia (v. 12). Todos los miembros de la iglesia conocían a Demetrio, lo amaban y le agradecían a Dios por su vida. Su vida era un ejemplo para los miembros de la iglesia. Los de fuera de la iglesia también daban buen testimonio de él. Su vida era coherente. Su vida familiar, financiera, profesional era coherente con su testimonio.
En segundo lugar, Juan dice que «la propia verdad da testimonio de Demetrio» (v. 12). ¿Cómo es la misma verdad testigo de alguien? Esto significa que la genuinidad cristiana de Demetrio no necesitaba la prueba de los hombres, se probaba por sí misma. La verdad que él profesaba estaba encarnada en él. Esto no significa que era perfecto, pero que era consistente, buscando en todo glorificar a Dios.
La verdad testificó acerca de Demetrio. ¿Cómo puede la verdad testificar sobre nosotros? En el Salmo 128, por ejemplo, leemos que bienaventurado es el que teme al Señor y camina en sus caminos. Esta es la verdad. ¿Cuál es el testimonio de esta verdad?
«Él va a comer del trabajo de sus manos, será feliz, y todo le irá bien. Su esposa, en el interior de su casa, será como la vid fructífera, y sus hijos, como brotes del olivo, a la rueda de su mesa». SI 128:2-3).
El testimonio de la verdad es cuando usted puede ver el resultado de la verdad en la vida del hermano. El resultado de la fidelidad es la bendición de Dios.
Juan está diciendo que Demetrio era bendecido. Su vida era próspera en todos los niveles. Él es elogiado por los de dentro y por los de fuera, y hasta los competidores reconocen que él es honesto. Él es una persona que tiene testimonio de la verdad.
El que es genuinamente fiel, las bendiciones de Dios lo alcanzan. Usted es bendecido cuando entra y cuando sale. Usted es una bendición en casa, en la iglesia y en su trabajo. Usted es bendecido donde pone la mano. «Usted es bendecido» como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que, a su debido tiempo, da su fruto, y cuyo follaje no marchita, y todo lo que hace es acertado en Dios «(SI 1.3). Este es el testimonio de la verdad, porque ella testifica a su respecto.
Demetrio no tenía sólo un buen testimonio de las personas de fuera, pero la misma verdad testificaba acerca de él.
Por fin, Demetrio tenía un buen testimonio también del apóstol Juan (v. 12). Él tenía el testimonio de los de fuera y de los de dentro, tenía el testimonio de la verdad y de su liderazgo. Usted también necesita tener el testimonio de quien anda con usted. Su discipulador y su líder necesitan verlo en su vida.
Juan encuentra en la iglesia a Gayo y Demetrio, que están dispuestos a acogerlo, a pesar de la oposición de Diótrefes. Era un hombre que estaba dispuesto a correr riesgos para defender la verdad. Él tenía el coraje de asumir posiciones definidas en la iglesia:
Amado, no imites lo que es malo, sino lo que es bueno. El que practica el bien procede de Dios, el que practica el mal jamás vio a Dios. (3 Jn 1:11).
Diótrofes puede incluso hablar bien, ser un buen predicador, pero no imite lo que es malo, imite lo que es bueno, pues el que practica el bien procede de Dios, pero el que practica el mal jamás vio a Dios, no pasa de un solo religioso practicando obras.
La pregunta hoy es: ¿quién es quién en la casa de Dios? ¿Quién es usted en la casa de Dios? ¿Es Gayo, Diótrefes o Demetrio?.
21 días de ayuno – día 17
NO HAY COMPETICIÓN SANTA
Se hizo común en las iglesias en células lo que la gente llama la competencia santa. Dicen que la competencia es santa porque sucede en medio de los santos y su objetivo es supuestamente motivar a los creyentes al trabajo. Pero la verdad es que no existe competencia santa.
La competencia puede ser una forma válida de interacción en el mundo, pero no dentro de la iglesia. La competición no es un medio que Dios usa para edificar su iglesia. Creo que esta es la causa de muchos problemas en el ministerio, pues es la competencia que lleva pastores a ver a otros ministros como adversarios y competidores. No hay competencia del reino de Dios.
No me importa que mi hermano sea más santo que yo, siempre que sea tan santo como debo ser. Si puedo, quiero dar espacio para que mi hermano crezca. Muchos pastores no permiten que otros obreros crezcan, pues temen perder su lugar. Viven en una eterna competencia para ser siempre considerados los mejores. Esto ha destruido la iglesia del Señor. Usted no necesita ser mejor que nadie, usted necesita ser lo que Dios lo llamó para ser.
Podemos leer en Juan 4:1-3 que el Señor Jesús huyó de la competencia y no permitió que los fariseos lo comparasen con Juan el Bautista. Los fariseos adoraban la competición, entonces comenzaron a discutir para saber quién hacía más discípulos, quién bautizaba más, a quien el pueblo quería seguir, Juan el Bautista o Jesús. Cuando el Señor percibió aquel espíritu de competencia, Él se retiró y fue a predicar en Galilea:
«Cuando, pues, el Señor vino a saber que los fariseos habían oído decir que él, Jesús, hacía y bautizaba más discípulos que Juan (si bien Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos), dejó a Judea, retirándose otra vez para Galilea». Juan 4:1-3)
Juan Bautista tampoco aceptó ningún espíritu de competición:
«Y fueron a Juan y le dijeron: Maestro, el que estaba contigo más allá del Jordán, del cual has dado testimonio, está bautizando, y todos te salen al encuentro. Respondió Juan: El hombre no puede recibir nada si el cielo no le es dado. Vosotros mismos sois testigos de que os dije: yo no soy el Cristo, sino que fui enviado como su precursor. Lo que tiene la novia es el novio; el amigo del novio que está presente y lo oye mucho se regocija por la voz del novio. Porque esta alegría ya se cumplió en mí. Conviene que crezca y que yo disminuya». (Jn 3:26-30)
En Juan 3:27, él dijo: «El hombre no puede recibir nada si el cielo no le es dado». Todo lo que tienes es Dios que te ha dado. Todo lo que el hermano tiene fue Dios que le dio. Pero aún hay hermanos que piensan que lo que poseen procede de ellos mismos, y por eso viven comparándose con otros y compitiendo con ellos.
Quien es competidor piensa que todo proviene de su capacidad y fuerza propia. Si un ministerio ha logrado crecer y convertirse en una multitud, nunca lo ve como obra de Dios. Presume que todo es fruto de la capacidad humana.
Y triste reconocer, pero hay mucha competencia entre las iglesias.

Hay también aquellos que están compitiendo dentro de la misma iglesia, líderes de células aburridas con otros que supuestamente están «haciendo» miembros de sus células, miembros que preguntan a qué red esa persona pertenece, pues están dispuestos a ayudar solamente si es de la misma red que es. Eso es pecado, no hay competencia santa, debido a ese espíritu de competencia, las redes de células se transforman en equipos, una compitiendo con la otra para ver quién cierra el encuentro primero, quien bautiza más o quien multiplica más células.
En los días de Pablo, había algunos que predicaban a Cristo por discordia e insinceramente, pero Pablo dijo: «¿Qué importa? Una vez que Cristo, de todos modos, esté siendo predicado, ya sea por pretexto o por verdad, también con esto me alegraré «(Fp1:17-18).
Tal vez podamos tener esa actitud hacia hermanos de otras localidades, pero no podemos tolerar ese espíritu entre nosotros.
El espíritu de competencia no es el espíritu de Cristo. Para el que compite, es difícil celebrar las victorias del otro. Es fácil llorar con los que lloran, pero es difícil reír con los que se ríen. El que compite quiere siempre estar delante de los demás. Quiere ser considerado el mejor y no tolera que otros reciban la gloria que no tiene todavía.
Jesús y Juan el Bautista estaban desarrollando ministerios al mismo tiempo, pero ambos tenían la postura correcta en el corazón. En cuanto a Jesús, Juan el Bautista dijo: «Conviene que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3:30). Jesús, por su parte, testificó acerca de Juan el Bautista: «Entre los nacidos de mujer, nadie es mayor que Juan» (Lc 7:29). Jesús era nacido de mujer y dijo que Juan era mayor que él mismo. Él consideró a Juan como superior a sí mismo. Este es el espíritu de Cristo.
Jesús dijo que no había profeta mayor que Juan, y Juan deseó que Jesús creciera. No hemos visto a muchos líderes de célula con esa misma postura, que tienen la disposición de enviar miembros para fortalecer otra célula. Todos nosotros constituimos un solo equipo. No sirve de nada ser considerado el crack si el equipo ha perdido el juego. Debemos tener el encargo de que todas las células crezcan y avancen.
Muchos argumentan que una «competencia santa» puede ayudar al reino de Dios a crecer.
El problema es que el espíritu de competencia no está de acuerdo con el Espíritu de Cristo. Cuando permitimos que ese espíritu de competencia entre en nuestro corazón, eso contamina el ambiente espiritual y ya no conseguimos edificar la casa de Dios apropiadamente.
De nada sirve llevar a la iglesia a crecer si la gente continúa con el espíritu del mundo y no se parece a Cristo. Queremos ganar gente, pero no sólo eso, queremos que se parezca a Jesús. No queremos generar hijos que traigan ese espíritu de competición.
Muchos no consiguen ver el problema de esta llamada santa. Por medio del espíritu de competición, el diablo tiene la oportunidad de entrar en nuestro medio. Donde hay competencia, existe el ego. Y donde el ego se levanta, el diablo tiene espacio para actuar. Saúl es un ejemplo de alguien que se dejó llevar por el espíritu de competición y el resultado es que un espíritu maligno entró en él según el relato de 1 Samuel 18:7-10:
«Las mujeres se alegraban y, cantando alternadamente, decían: Saúl hirió a sus miles, pero David, sus diez mil. Entonces Saúl se indignó mucho, pues estas palabras le desagradaron en extremo; y dijo: Diez millares les dieron a David, ya mí solamente millares; en verdad, que le falta, sino el reino? De aquel día en adelante, Saúl no veía a David con buenos ojos. Al día siguiente, un espíritu maligno, por parte de Dios, se apoderó de Saúl, que tuvo una crisis de rabia en casa». (1 Sm 18:7-10)
Los carnales tienen gusto de esa competición. En aquella situación, lo que estaba en juego era el que lastimaba más, Saúl o David. Cada vez que usted hace comparaciones, usted puede incurrir en ese error. Cuando dice que este pastor o aquel líder es el mejor, usted ha ranqueado a todos los demás y así estableció una competición. ¿Con qué escala usted mide la dirección? ¿Cómo llegaste a esa conclusión? Cuando hacemos eso, no animamos la edificación, sino que sólo estimulamos el ego, el deseo carnal de ser mejor que el otro.
¿Qué llevó a Saúl a ese estado de opresión? El diablo usó a aquellas mujeres para instigar en él el espíritu de competición. Ningún líder está aquí para ser mejor que el otro, tener una célula mayor que la del otro.
Los fariseos siempre competían con Jesús. Y, al fin y al cabo, mataron a Jesús justamente a causa de esta competición.
EL RESULTADO DE LA COMPETICIÓN
Tal vez usted se pregunte: «¿Cuál es el problema de permitir el espíritu de competencia dentro de la iglesia? Lo importante no son los resultados?». Eso es lo que dice el diablo.
Para Dios, la manera en que alcanzamos algo es tan importante como los resultados. Necesitamos alcanzar el objetivo de la manera de Dios, y no de nuestra manera.
Entonces, ¿cuál es el problema de la competición? El primer problema es que ella hace surgir la envidia, porque su objetivo es descubrir quién es el mejor. Toda competencia genera envidia, pues la persona está siempre envidiando al otro que tiene algo que ella no tiene, que logra realizar algo que ella no logra. La envidia produce todo tipo de pecado.
El diablo estimula la envidia, Espíritu Santo estimula la admiración y el respeto. La admiración y la envidia están muy cerca una de la otra, pero están separadas por un mundo de diferencias. En la admiración, quedamos motivados y contentos por el éxito del otro; pero en la envidia, el éxito del otro nos irrita hasta el punto de no poder oír hablar de ese asunto, pues no es admiración, es sólo envidia. En lugar de envidia, engendra admiración en su vida.
La segunda consecuencia es que, como toda competición, la competencia dice «santa» produce sectarismo, o sea, ella separa a los hermanos en lugar de unirlos. Tiago dice que, donde hay envidia y sentimiento faccioso, en ese lugar surgirá todo tipo de obra maligna:
«Pues, donde hay envidia y sentimiento faccioso, ahí hay confusión y toda clase de cosas malas». (Tg 3:16)
En tercer lugar, la competición produce el orgullo de encontrarse mejor. Siempre habrá un grupo que se halla mejor que los demás y evidencia que tiene resultados superiores. No se espera que los que vencen una competición sean humildes. Ellos se jactaron en sus propias habilidades. En medio de una competición, no se ve generosidad o bondad, pero cada uno busca intensamente sus propios objetivos.
El espíritu de competición no produce los frutos del Espíritu (Gl. 5: 2). En verdad, los frutos del espíritu son incompatibles con la competición, pues toda competencia produce provocación, difamaciones, sospechas malignas de los hermanos, dolo, engaño y contiendas. En medio de la competición, no puede ser paciente y largo con el hermano.
¿Cómo no jactarse después de ser considerado el mejor? Los competidores no son bondadosos ni generosos con el adversario en la competición. ¿Has visto a alguien servir al adversario o al competidor? La competición no se combina con el espíritu de siervo. Toda competencia trae consigo la provocación. En el fútbol, en el voleibol, en el baloncesto, las hinchadas se provocan, se atacan.
Esto produce difamación. Todo esto puede formar parte de la competencia en el mundo, pero no de la vida de la iglesia del Señor. El mejor atleta hasta puede valerse del dolo para vencer. Esto lo hace hasta un buen competidor, pero no un buen atleta. Los buenos atletas luchan de acuerdo con las reglas. En el juego, hay todo tipo de artimaña. Un día, alguien me preguntó si en el milenio habrá olimpiadas. Yo respondí que creía poco probable, pues para qué necesitábamos descubrir quién es el mejor? Esto tiene que ver con nuestro ego, no con el espíritu de Cristo.
La gente encuentra maravillosos los juegos olímpicos y piensan que eso es la celebración de la paz entre los pueblos, pero eso es mentira, pues todos allí están pensando quién tiene el mejor sistema y quién es el mejor. Ya hubo una batalla entre naciones a causa de un partido de fútbol. No hay celebración genuina. No podemos traerlo a la iglesia. No vamos a transformar nuestras redes en equipos para competir entre sí para descubrir cuál es la mejor.
Los frutos de la carne se dividen en tres grupos (Gl 5:18-21). Hay el grupo de los deseos sexuales, que son prostitución, impureza y lascivia. Hay un segundo grupo, el de la glotonería, deseos de comer y beber, que son bebedices y glotonería. Y hay el grupo más grande, el de los pecados de relación: idolatría, brujería, enemistades porfías, celos, iras, discordias, disensiones, facciones y envidias. Este grupo está vinculado a las relaciones. Observe cómo estos últimos están íntimamente asociados a cualquier competición. Sin ellos, una competición queda sin gracia, porque, sin carne, no hay competencia.
El primer pecado aquí relacionado es la idolatría. Nosotros competimos para descubrir quién es el ídolo, quién es el mejor, el campeón, quien los niños van a idolatrar a partir de ahora. No hay que ser muy observador para ver ese espíritu en los torneos de fútbol. ¿Por qué necesitamos definir quiénes son los mejores? Para idolatrarlos. Pero eso es un fruto de la carne que no debe existir en la iglesia.
La hechicería también tiene que ver con la competición. El propio concepto de hinchada es un tipo de brujería cuando, por ejemplo, admito que alguna actitud mía tiene el poder de llevar a mi equipo a vencer a miles de kilómetros de donde estoy, pero existe todo tipo de deseo malo para el adversario. Hasta nos alegramos con la calamidad ajena. ¿Eso es remotamente parecido al reino de Dios? ¡Claro que no!
Toda enemistad está ligada a la competición. Mi competidor es mi adversario y hasta enemigo. No tendremos como desarrollar una amistad genuina y no tener una verdadera comunión.
Porfía es lo mismo que pelea. Incluso en competiciones en las que no hay contacto físico, hay peleas, insultos y cosas parecidas. La competición evoca esas cosas del corazón del hombre caído.
¿Qué decir de los celos y de la ira? En una competición, no hay quien no se enoja. Se llega a pensar que la ira es la base de una buena competición. Si es muy pacífica, dirán que los competidores están entregando el juego.
En toda competencia, hay mucha discordia. Para descubrir quién es el mejor, es necesario discutir si fue o no gol, si el pelota entró o no, si fue un penal o no. ¿Cómo competir sin un fuerte espíritu de antagonismo y discordancia? Pero ¿cómo poner todo esto dentro del cuerpo de Cristo? Son espíritus inconciliables.
El último fruto de la carne son los machetes. Pero las facciones son los equipos, nuestras redes no pueden convertirse en grupos facciosos. No podemos dejar de servir a los hermanos porque no están bajo el liderazgo de nuestra red. Tenemos que servir a todos los hermanos, independientemente de la célula, discipulado o red a la que pertenecen. Este es el espíritu de Cristo.
¿Puedes percibir que los frutos de la carne están ligados a la competición? Por eso, no podemos edificar la iglesia con ese espíritu. La competición es manera del mundo de construir relaciones pero no es manera de Dios de edificar Su iglesia. Esta no puede ser la manera de actuar en la vida de la iglesia.
Se cuenta que en los Estados Unidos estaba ocurriendo una carrera de niños con necesidades especiales. En realidad, eran adolescentes, pero que tenían un comportamiento infantil. Se dio entonces la salida y, cuando estaban en la carrera, uno de ellos tropezó y cayó, el otro que estaba en la frente volvió atrás para atraparlo, los demás que estaban en la frente también volvieron para socorrerlo, tomaron su mano y, las personas reprochaban la actitud de aquellos competidores, ellos lo tiraron hasta la línea de llegada. Esto nos muestra que los descapacitados están mucho más cerca del cielo que nosotros. Para ellos, la gracia era de llegar juntos, no había placer en llegar, si aquel compañero no pudiera llegar con ellos.
MOTIVACION ENCORAJADORA
Nuestra motivación no puede ser la de querer ser el mejor entre los hermanos. No hay problemas en elogiar y recibir elogios, pero cuando consideramos uno como el mejor de todos, hemos establecido un ranking. Hay muchos hermanos que quieren tener la mejor célula, ser el mejor líder, el mejor discipulador, el mejor pastor, tener la mejor red. Cuando desean eso, es porque están movidos por el espíritu de competición. Este espíritu puede incluso motivar por un momento, pero no resultará en una edificación genuina, porque éste no es el espíritu de Cristo. En el espíritu de Cristo, siempre tenemos la intención de ceder, y no de retener para nosotros mismos.
Usted debe estar preguntándose: «¿Cómo podemos motivar a los hermanos sin llevarlos a competir unos con otros?». El patrón de Dios para animar a los santos no es la competencia, sino la motivación alentadora. El mundo se motiva con competencia, pero en la casa de Dios estamos motivados por el aliento.
El patrón de Dios está en Filipenses 2:3-7. En este texto, tenemos la descripción del Espíritu de Cristo, que es completamente opuesto al espíritu de competencia:
«Nada hagáis por partidismo o vanagloria, sino por humildad, considerando cada uno los otros superiores a sí mismo. No tenga cada uno en vista lo que es propiamente suyo, sino también cada cual lo que es de los demás. Tienen en vosotros el mismo sentimiento que hubo también en Cristo Jesús, pues él, subsistiendo en forma de Dios, no juzgó como usurpación el ser igual a Dios; antes, a sí mismo se vació, asumiendo la forma de siervo» […] (Fp 2:3-7)
En el espíritu de Cristo, consideramos al hermano mejor que nosotros, pero en la competición, siempre queremos demostrar que somos los mejores. En el espíritu de Cristo, queremos aprender con todos y no sobresalen a nuestro hermano. ¿Cuál ha sido el espíritu en su célula, red y discipulado?
A través del aliento, estamos motivados por el testimonio de los hermanos. Pablo motivaba elogiando y testimoniando, como vemos en 2 Corintios 8 y 9. Hay quienes no motivan, sólo presionan. En vez de alentar, ponen una carga en la espalda de los hermanos. Eso no es motivar. Ganar almas no puede ser una carga. Multiplicar las células no puede ser la carga. Los blancos de crecimiento no existen para ser una carga. Debemos hacer todo esto con alegría.
Pablo usó el ejemplo de los hermanos de Acaya para alentar a los corintios a contribuir con generosidad. No hizo comparaciones, pero los motivó a hacer como los hermanos de las iglesias de Macedonia. El patrón es caminar juntos.
Yo amo a mis hijos por lo que son, y no por lo que producen. Antes que Jesús hubiera realizado cualquier cosa, el Padre le dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». Sólo por ser hijos de Dios, ya somos el placer de Él, somos amados por el Señor.
Muchos creyentes poseen el complejo de Lia. Ella pensaba que, si tuviera un hijo, tendría el favor de su marido. Muchos hermanos imaginan que sólo serán amados por Dios si generan más hijos, ganan más almas. El Señor desea que seamos como Raquel, que sabía que era amada, pero quería tener hijos porque era el encargo de su corazón y sabía que ese era el propósito del Señor. Lia quería tener hijos para ser amada por su esposo. Dios quiere que tengamos frutos, pero no necesitamos conquistar el amor de él, porque éste ya ha sido derramado en nuestros corazones.
¿Qué le motiva? Si usted describiera en una sola frase el propósito principal y más sublime de su vida, qué frase sería? La cosa más sublime que existe es vivir para hacer la voluntad de Dios. Recuerde que no tenemos sueños, nuestros sueños son los de Dios. ¿Qué más agrada a Dios? La prioridad del corazón de Dios no es lo que haces, sino quién eres (Rm 8:28-29). El propósito no es sólo generar hijos, sino trabajar para que todos los hijos sean colocados en la forma que es Jesús. Dios desea muchos hijos semejantes a Jesús
El secreto de la multiplicación es la intimidad. Para que Adán cumpliera el propósito de Dios, él necesitaba comer del árbol de la vida y tener comunión con Dios en el giro del día. Si conocemos la gracia y vivimos en ella, produciremos muchos frutos. El diablo siempre procura traer acusaciones llevándonos a hacer muchas cosas y desviándonos de nuestra relación con Dios. Ser siervo de Dios no es trabajar para Dios, sino que Dios se ha trabajado en nosotros (Cl 1:23-29).
Algunos se motivan por la competencia comparándose con otros y exaltando a sí mismos en detrimento de los demás. No utilice a sus dirigidos como trampolín para su éxito motivándolos por el espíritu de competición. Que su motivación sea ver a sus hijos ser aprobados por Dios. Tenga intimidad con el Señor y usted generará muchos frutos (2 Co 13:6-10)

